Mis queridos amigos y hermanos,
“El líder siempre está solo ante los malos acontecimientos.”
(Charles de Gaulle).
El ser humano, como parte de la sociedad, busca naturalmente agruparse con la finalidad de obtener beneficios mutuos. Es en este contexto donde surgen individuos con dinamismo, visión y capacidad para organizar y guiar a la comunidad o magma social hacia el cumplimiento de objetivos, la resolución de crisis e impulsar el desarrollo colectivo. A estos individuos se les conoce como Líderes. Pueden encontrarse en distintos ámbitos: desde la política y el sector empresarial hasta las instituciones religiosas, deportivas y comunitarias.
Aunque algunos sostienen que los líderes no son indispensables, la realidad nos demuestra lo contrario: ninguna sociedad ha existido sin ellos. Ya sea por elección o imposición, los líderes emergen como una necesidad, a veces con una influencia tan profunda que podría calificarse de parasitaria, llegando incluso a generar dinámicas de masoquismo social. Así, surgen líderes en diversas áreas: políticos, religiosos, comunitarios, deportivos, empresariales, etc. Como he expresado en artículos anteriores, el liderazgo nace de una necesidad social. Cuando un individuo con carisma y habilidades sobresalientes es reconocido por la mayoría, se le confiere la responsabilidad de guiar al grupo, plantear soluciones y tomar decisiones que beneficien a la colectividad. Esto es así porque existe la valoración de que un líder puede guiar mejor a un grupo en lugar de cada persona hacerlo independientemente.
Si bien somos conscientes de los peligros del mal liderazgo, ¿por qué la gran mayoría del conglomerado social sigue eligiendo guías para dirigirlas?
Si bien el vínculo entre el líder y sus seguidores es fuerte, cuando las cosas salen mal, la lealtad se desvanece.
Es común que, ante el fracaso, los subordinados abandonen al líder. Algunos allegados podrían mantenerse fieles por un tiempo, pero el instinto de conservación los llevará a aliarse con quien tenga mayor poder de ejecución. Sin embargo, la falta de liderazgo genera frustración, entropía social y finalmente caos, lo que obliga a cualquier sociedad a buscar constantemente una figura de autoridad que garantice estabilidad y continuidad.
Las Sagradas Escrituras presentan varios ejemplos históricos de cómo las masas reaccionan ante la crisis de un líder:
- EL ABANDONO DE JESÚS POR SUS DISCIPULOS:
- LA INCERTIDUMBRE DEL PUEBLO DE ISRAEL ANTE LA AUSENCIA DE MOISÉS:
Cuando Moisés tardó en descender del monte, el pueblo exigió a Aarón que les hiciera un dios tangible para guiarles:
- LA DISPERSACIÓN DE LOS SEGUIDORES DE JUAN EL BAUTISTA TRAS SU MUERTE:
A pesar de la desilusión y frustración de los discípulos de Jesús tras su muerte, su resurrección trajo una renovación de fe y fortaleció su mensaje, logrando que su doctrina siga manteniéndose inalterable a través de dos milenios, aún a pesar de su ausencia física.
Nos guste o no, los líderes seguirán existiendo mientras haya sociedades humanas. Sus decisiones siempre tendrán repercusiones en el entramado social. Algunos líderes, con sólidos principios morales, conducirán a sus seguidores al éxito. Otros, con tendencias autoritarias y paternalistas, impondrán sus ideales a costa o expensas del bienestar colectivo. En cualquiera de los casos, la sociedad reaccionará conforme a los patrones históricos descritos anteriormente.
Conociendo la dinámica social respecto al liderazgo, te pregunto:
¿Quieres ser un líder?
Si tu respuesta es afirmativa, ¿eres consciente de los riesgos y responsabilidad que ello implica?
¡Qué la gracia, y las bendiciones de Dios los alcance!
Frank Zorrilla
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