domingo, 6 de febrero de 2022

LIDERAZGO Y NATURALEZA HUMANA: UN CICLO DE DEPENDENCIA Y RUPTURA.

Mis queridos amigos y hermanos,



“El líder siempre está solo ante los malos acontecimientos.”

(Charles de Gaulle).



     El ser humano, como parte de la sociedad, busca naturalmente agruparse con la finalidad de obtener beneficios mutuos. Es en este contexto donde surgen individuos con dinamismo, visión y capacidad para organizar y guiar a la comunidad o magma social hacia el cumplimiento de objetivos, la resolución de crisis e impulsar el desarrollo colectivo. A estos individuos se les conoce como Líderes. Pueden encontrarse en distintos ámbitos: desde la política y el sector empresarial hasta las instituciones religiosas, deportivas y comunitarias.   

    

     Aunque algunos sostienen que los líderes no son indispensables, la realidad nos demuestra lo contrario: ninguna sociedad ha existido sin ellos. Ya sea por elección o imposición, los líderes emergen como una necesidad, a veces con una influencia tan profunda que podría calificarse de parasitaria, llegando incluso a generar dinámicas de masoquismo social. Así, surgen líderes en diversas áreas: políticos, religiosos, comunitarios, deportivos, empresariales, etc. Como he expresado en artículos anteriores, el liderazgo nace de una necesidad social. Cuando un individuo con carisma y habilidades sobresalientes es reconocido por la mayoría, se le confiere la responsabilidad de guiar al grupo, plantear soluciones y tomar decisiones que beneficien a la colectividad. Esto es así porque existe la valoración de que un  líder puede guiar mejor a un grupo en lugar de cada persona hacerlo independientemente. 

Pero…


     ¿Son los líderes infalibles?

¡Por supuesto que no! La historia nos ha demostrado que los líderes, como cualquier ser humano, pueden cometer errores que afecten a la nación, la empresa o el grupo que dirigen. En algunos casos, esos errores desembocan en regímenes autoritarios al estilo fascista donde la egolatría y el culto a la personalidad priman sobre los intereses colectivos. También existen los líderes sofistas y oportunistas que, anteponen sus ambiciones personales al bienestar de quienes los siguen.   

    

     Si bien somos conscientes de los peligros del mal liderazgo, ¿por qué la gran mayoría del conglomerado social sigue eligiendo guías para dirigirlas? 

     A mi entender, el ser humano es, por naturaleza, un ser subordinado. Instintivamente, busca depositar su confianza en una figura de autoridad, un arquetipo psíquico que represente orden y estabilidad. Esta necesidad de dependencia se manifiesta desde la infancia, con la relación madre-hijo, y se extiende a todos los niveles de la organización social, tanto a nivel micro-social con pequeñas asociaciones de individuos (clubes, agencias, pequeñas y medianas empresas), hasta nivel macro-social donde involucra grandes empresas, una región, una provincia, una nación.       
    
     Este análisis no pretende centrarse únicamente en el papel del líder, sino también en el comportamiento colectivo y en las repercusiones que surgen cuando la dirección de un líder no se alinea con las expectativas del grupo. Dado que nunca existirá una aprobación o consenso absoluto sobre temas complejos, las decisiones de un líder pueden generar descontento en ciertos sectores de poder, desencadenando inestabilidad social e incluso anarquía, especialmente en contextos de incertidumbre o vacío de liderazgo. 


     Si bien el vínculo entre el líder y sus seguidores es fuerte, cuando las cosas salen mal, la lealtad se desvanece.  

 ¿Cuál es el comportamiento social de los subordinados ante el descalabro de su líder debido a resultados errados o inesperados?


     Es común que, ante el fracaso, los subordinados abandonen al líder. Algunos allegados podrían mantenerse fieles por un tiempo, pero el instinto de conservación los llevará a aliarse con quien tenga mayor poder de ejecución. Sin embargo, la falta de liderazgo genera frustración, entropía social y finalmente caos, lo que obliga a cualquier sociedad a buscar constantemente una figura de autoridad que garantice estabilidad y continuidad.


     Las Sagradas Escrituras presentan varios ejemplos históricos de cómo las masas reaccionan ante la crisis de un líder: 

    

  •      EL ABANDONO DE JESÚS POR SUS DISCIPULOS: 
Cuando Jesús fue arrestado, aquellos que le habían jurado lealtad lo dejaron solo: 
 “Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.” (Mateo 26:56).

 El temor por sus vidas los llevó a huir despavoridos traicionando su compromiso con su Maestro.

    

  •      LA INCERTIDUMBRE DEL PUEBLO DE ISRAEL ANTE LA AUSENCIA DE MOISÉS:

Cuando Moisés tardó en descender del monte, el pueblo exigió a Aarón que les hiciera un dios tangible para guiarles:

 Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros, porque no sabemos qué le haya pasado.” (Éxodo 32:1). 

     Este episodio muestra la desesperación humana ante la falta de liderazgo y su tendencia a buscar figuras sustitutas. Por consiguiente, ese vacío de liderazgo representado por Moisés, permitió la aparición de líderes sectarios con un enfoque parecido a la tradición que habían aprendido y acogido como cultura en Egipto.  

  

  •      LA DISPERSACIÓN DE LOS SEGUIDORES DE JUAN EL BAUTISTA TRAS SU MUERTE:
 A diferencia del cristianismo, que se consolidó tras la resurrección de
 Jesús, el movimiento de Juan el Bautista se desvaneció tras su ejecución, demostrando cómo la ausencia de un líder puede llevar al colapso de una causa. 


     A pesar de la desilusión y frustración de los discípulos de Jesús tras su muerte, su resurrección trajo una renovación de fe y fortaleció su mensaje, logrando que su doctrina siga manteniéndose inalterable a través de dos milenios, aún a pesar de su ausencia física. 


     Nos guste o no, los líderes seguirán existiendo mientras haya sociedades humanas. Sus decisiones siempre tendrán repercusiones  en el entramado social. Algunos líderes, con sólidos principios morales, conducirán a sus seguidores al éxito.  Otros, con tendencias autoritarias y paternalistas, impondrán sus ideales a costa o expensas del bienestar colectivo. En cualquiera de los casos, la sociedad reaccionará conforme a los patrones históricos descritos anteriormente. 


     Conociendo la dinámica social respecto al liderazgo, te pregunto:

 ¿Quieres ser un líder? 

     Si tu respuesta es afirmativa, ¿eres consciente de los riesgos y responsabilidad que ello implica?      


     

¡Qué la gracia, y las bendiciones de Dios los alcance!


Frank Zorrilla

              


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