miércoles, 8 de julio de 2020

MITOS, MANIPULACIÓN Y VERDAD: ¿POR QUÉ SEGUIMOS SIENDO IGNORANTES EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN?

Mis queridos hermanos y amigos,
 
      Como bien lo expone el escritor rumano, Valeriu Butulescu:
“La ignorancia es la carga más pesada. Pero quien la lleva no la siente.” 

     La ignorancia es un concepto que alude a la falta de conocimiento sobre una materia o un asunto determinado y tiene relevancia en los ámbitos filosófico, pedagógico y jurídico. En un sentido figurado, podría compararse con una enfermedad endémica con características similares a una infección pandémica. Como dijo el gran genio Thomas Alva Edison: “No sabemos ni un cienmillonésimo de nada.”

   ¡Cuántos mitos, supersticiones y fábulas se han creado a lo largo de la historia simplemente por falta de conocimiento o por ignorancia colectiva! Estas creencias han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales, obstaculizando su desarrollo en múltiples ámbitos. Lo más lamentable es que mucho de estos mitos fueron inducidos de manera intencionada o surgieron de interpretaciones erróneas de lo inexplicable, en complicidad con la pereza mental de no buscar  explicaciones razonables. 


¡Cuántos crímenes y atropellos se han cometido, y se siguen  cometiendo, debido a la falta de información o  a la nesciencia!
Como afirmaba Galileo Galilei
“ La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios.”

     Desde un enfoque sociocultural, la ignorancia ha sido utilizada como una herramienta de dominación por grupos de poder. Cuanto más ignorante es una población, mayor es el control que se puede ejercer sobre ella. Este oscurantismo, caracterizado por la restricción deliberada de ciertos conocimientos, ha existido desde los albores de la humanidad. Así lo evidencian estudios históricos y sociológicos sobre   civilizaciones antiguas y sus dinámicas sociales.

    ¡La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento, sino la negativa a adquirirlo! 
 
     En efecto, la agnotología, ciencia que estudia la ignorancia culturalmente inducida, distingue dos tipos de ignorancias: 
  1. La ignorancia sabia, aquella que reconoce la falta de conocimiento.
  2.  La ignorancia profunda, basada en una absoluta falta de información. 
     Sin embargo, el problema no es simplemente la ausencia de conocimiento, sino más bien, la falta de información adecuada. Esta se mantiene en un totalitarismo cognitivo, caracterizado por un hermetismo mental y gregario que se expande mediante consignas infundadas y arrogantes.
   
  ¿Puede la xenofobia ser parte intrínseca de un desconocimiento cultural o ignorancia profunda?

     Sin duda. La antropología, ciencia que estudia al ser humano de una forma integral en su aspecto biológico y social, muestra que la cultura de un territorio puede generar una ignorancia absoluta respecto a otras culturas. Esto puede convertirse en una barrera para comprender otras costumbres o culturas, derivando en fanatismo, intolerancia y racismo. Lo mismo ocurre en los procesos cognitivos, donde la ignorancia impide aceptar lo diferente o aquello que supone un cambio trascendental. Cómo dijo el filósofo Henry Home:
“La ignorancia es la madre del miedo.” 
 
        Es probable que algunos podrían pensar que, en la era digital y con el acceso masivo a la información,  la ignorancia ha disminuido. Sin embargo, esta idea debe analizarse con cautela, pues los medios de comunicación pueden manipular y censurar la información, filtrando solo lo permisible y no necesariamente lo verdadero. Esto crea una ilusión de conocimiento, pero en realidad mantiene la verdad confinada. “Lo peor de la ignorancia es que, a medida que se prolonga, adquiere confianza.”

    Debemos procurar en lo posible no dejarnos influenciar por el efecto rebaño, investigar por cuenta propia y buscar conocimientos que nos ayuden a elevar nuestra conciencia para no vivir en estados emotivos de miedo, de mitos, de supersticiones y fábulas, así como evitar ser manipulados por discursos sofistas. Como dijo Sócrates: “¡Solo sé que no sé nada!” y comenzar a aprender…

   Desde una perspectiva bíblica,  Salomón se refirió a la ignorancia con términos como: “escandalosa”, “tonta” y “sinvergüenza.” (Proverbios 9:13).

     La manipulación de las Escrituras por parte de los escribas y fariseos, junto con la ignorancia del pueblo, llevó al desconocimiento de la promesa dada por Dios a través de los profetas del advenimiento del Mesías, el Libertador prometido. Fue precisamente esta misma inconsciencia lo que condujo a la vejación, enjuiciamiento, tortura y crucifixión del Redentor del Mundo. Sin embargo, Jesús, comprendió la ceguera espiritual de la gente y, aún padeciendo el escarnio, y colgado de un madero, sintió compasión y entre jadeos exclamó:
“¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!” (Lucas 23:34).

¿Creen que solo los incultos son los únicos ignorantes?... 

     No necesariamente. Como advirtió el teólogo alemán Thomas De Kempis: “Si te parece que sabes mucho y entiendes mucho, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras.”

   Debemos ser cuidadosos porque, incluso el apóstol Pablo, hombre que recibió doctrina de los mejores doctores de la Ley, y una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística, era ignorante de las Escrituras y. debido a ello, persiguió y fustigó a los discípulos de Cristo. Solo tras su conversión reconoció: “Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor e injuriador: mas fui recibido a misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad.”(1 Timoteo 1:13). 


     La historia está llena de hombres y mujeres que desafiaron el status quo de sus tiempos y buscaron la verdad más allá de la duda razonable. Su valentía permitió derribar mitos, supersticiones y fábulas, generando avances en la filosofía, como en todos los ámbitos de las ciencias naturales y sociales.  Ejemplos de ello son la Reforma Protestante de Martin Lutero y la confirmación del modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico por Galileo Galilei. Incluso en el siglo XXI, muchas creencias e hipótesis que parecían inamovibles siguen desmoronándose a medida que la ciencia avanza.  ¡Debemos cuestionar la realidad siempre que exista una duda razonable y estar abiertos a modificar nuestras concepciones! 


    Existen personas con tal grado de inconsciencia o ignorancia, que quizás sus razonamientos cognitivos no les permite pensar el mal que pueden causar a través de sus acciones a otro ser humano, pero ¿es posible que el desconocimiento de la ley nos haga exentos de culpa?… 

     Desde el punto de vista jurídico, "la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento." Una vez  promulgadas, todos estamos sujetos a ellas. 


      Y  en cuanto al ámbito religioso,  Jesús fue claro: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14).  Según la Real Academia de la Lengua Española, la palabra testimonio significa "prueba, justificación y comprobación de la certeza o existencia de algo", por consiguiente, nadie podrá excusar su ignorancia del Evangelio. 

  Lo más prudente es seguir el consejo del poeta inglés Aldous Huxley:
“En la mayoría de los casos, la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber.” 

     El apóstol Santiago nos da una gran enseñanza:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5). 

     Pero más allá de la fe, debemos estudiar, aprender, cuestionar y evitar seguir patrones impuestos sin reflexión. Al final, no sabemos si simplemente estamos repitiendo un modelo erróneo, actuando como autómatas programados desde la infancia.

“¡Nada hay más terrible que una ignorancia activa!” 
Goethe.  

¡Dios los bendiga y los guarde!

Frank Zorrilla