viernes, 26 de julio de 2013

“UNA REALIDAD BASADA EN ILUSIONES DE LA MENTE"


Mis queridos amigos y hermanos,


     ¿Alguna vez te has detenido a reflexionar sobre el acto de estar consciente?- Si lo haces, notarás que el ser humano vive sumergido en dos condiciones que morfológicamente lo inhiben en alcanzar su máximo potencial como ser racional: La primera, es un caudal de aserciones verosímiles que envuelven contradicciones, y que al mismo tiempo desafían el sentido común y la lógica: “Paradojas de la vida”; la segunda, la que forma parte del conocimiento cognitivo a través del conjunto de experiencias, creencias y valores que determinan la forma en la cual el individuo ve e interpreta la realidad, su realidad; y la forma en que responde a esa percepción como un patrón o modelo de conducta heredada o aprendida: “Los paradigmas circunstanciales”.
     Somos tan faltos de entendimiento, que las trivialidades, son las que hacen nuestro momento y espacio. No apreciamos el valor de las cosas que realmente hacen posible nuestra subsistencia; porque muchas veces, creamos una estructura mental o lógica del pensamiento racional basada principalmente en un conjunto de conceptos filtrados bajo una óptica irreal que no necesariamente representa o corresponde con la realidad. Bajo esa óptica inmaterial; percibimos nuestro mundo exterior, nuestras experiencias personales y las enseñanzas culturales, guiándonos por un análisis racional que no es independiente, más es co-dependiente de criterios que se contradicen o son conflictivos. ¡Vivimos sumergidos en una ilusión de nuestra mente!...Más como dicen las Sagradas Escrituras: “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?-Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece”. (Eclesiastés 1:3-4).
     Ya desde ese plano racional que enfaticé antes, forjamos y adoptamos paradigmas basados en una conceptualización errónea de nuestra realidad. Una realidad tangible que en la mayoría de las veces, está en desfase con la realidad espiritual interior y que nos aleja más de Dios en la manera como actuamos.
     “Tenemos casas más grandes, y familias más pequeñas; más conveniencias, y menos tiempo; tenemos más estudios, pero menos sensibilidad; más sabiduría, y menos juicio; más expertos, pero más problemas; más medicina, pero menos salud; hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores humanos; hemos aprendido como ganarnos la vida, pero no sabemos vivir; le hemos agregado años a la vida, no vida a los años; hemos conquistado el espacio sideral, pero no el espacio interno; hemos dividido el átomo, pero no nuestros perjuicios; desarrollamos tecnologías y usamos computadoras, pero nos comunicamos menos; tenemos la capacidad para viajar a la luna, más sin embargo, no podemos cruzar la calle para conocer al vecino.”
     Como podemos apreciar en el párrafo anterior, esas son: paradojas substanciales que conforman nuestro diario vivir, y nos dejan el alma vacía y sin esperanzas. Olvidamos concienzudamente el aprecio a la esencia misma de haber sido creados a la imagen de Dios y de gozarnos en su creación. Somos el producto de nuestra mente, construida con conjeturas anecdóticas que representan nuestra realidad visible en un mundo sub-real; y para desconectarnos de esta ilusión, es necesario una verdadera transformación en nuestra forma de pensar y de concebir las cosas.

     ¿Qué ocurrió primero, el huevo o la gallina?

Probablemente, la paradoja más conocida del mundo.
En el caso de ser la gallina, se plantea que la gallina tuvo que salir de un huevo. En el caso de ser el huevo, éste lo tuvo que poner una gallina. Este dilema, adjudicado a las ramas de la filosofía, es muy conocido en la cultura popular y se han realizado multitud de teorías sobre ella. Por ejemplo, Aristóteles (filósofo griego) afirmaba que lo primero en existir fue la gallina, mientras que Stephen Hawking (Cosmólogo y físico teórico) aseguraba que lo fue el huevo. 

     Por norma general, ante muchas situaciones, acostumbramos dejarnos llevar por el sentido común y la lógica, que son las mismas que nos dictan los parámetros para pensar y decidir en base a un determinado escenario. Sin embargo, en ciertas ocasiones, las cosas terminan siendo muy diferentes a lo que pensábamos en un principio. Es tanto así, que si prestamos atención a las figuras que aparecen en este artículo, te percatarás de que ambas, son: ¡ilusiones de la mente, y no representan la verdadera realidad!
Figura 1
     En la primera imagen ( figura1): tenemos la ilusión, de que los círculos entrelazados, están girando en diferentes direcciones; y en la segunda imagen (figura 2): el reflejo (un cuadrado y un círculo) del objeto que está en el centro, proyecta una imagen alejada de la realidad. Una realidad abstracta dependiente de la localización del individuo, es decir; una realidad que conceptualiza nuestro criterio y razonamiento erróneamente. Como dijera René Descartes: “Para alcanzar la verdad, es necesario, desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos, todo nuestro sistema de conocimientos”.
Figura 2
 “Más allá de lo físico, encontré un mundo ideal; un mundo sin sufrimientos, ni enfermedades; un mundo de gozo y de satisfacción; un mundo, en donde las emociones negativas (rencor, odio, miedo, inseguridad, enojo, tristeza depresión, irritabilidad) no formaban parte de mi ser, y como rio caudaloso que surca la tierra; así abundaba la alegría en mi corazón. Observaba minuciosamente mi alrededor, y me asombré sobre manera, cómo los árboles estaban cargados de frutos. No existía hambre; ni miseria. No existían problemas ambientales; ni de viviendas. La propiedad privada y la avaricia desmedida no formaban parte del panorama; todos vivíamos unísonamente en paz y armonía”. 

     Súbitamente, desperté de mi mundo utópico y volví a la realidad de un mundo irrisorio, sombrío y tétrico dominado por factores: "estimulo-respuesta; por las trivialidades; por los paradigmas circunstanciales, y las paradojas de la vida". Factores insípidos que cómo maleza florecen incesantemente en nuestras almas, usufructo del libre albedrío y una recurrente insensatez en desconocer la voluntad divina.
     Jesús vino a esta Tierra a enseñarnos el verdadero camino a seguir. No un camino basado en ilusiones de la mente; sino más bien, un camino basado: ¡en la esencia espiritual del ser y de la relación de ese ser con el Creador!


     Sólo cuando podamos apreciar y entender la naturaleza de Dios en nosotros, seremos capaces de reflejar su gloria: “Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” (Romanos 8:20-21).


¡La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!

Frank Zorrilla