Mis queridos amigos y hermanos,
Haciendo una paráfrasis de esta aserción, sabemos que nadie nace con conocimientos ni tampoco con una predeterminación; aunque algunos piensen, que puede existir cierto potencial inherente en el código genético que puede aportar al carácter; si no existiese el conjunto de influencias externas adquiridas mediante el conocimiento, y las interacción que generan experiencias, nadie fuera un líder.


Ante esta situación, alguien dentro del grupo tiene que tomar la iniciativa para producir o dar por iniciado ese anhelado proceso de cambio; alguien que motive y que conste del carisma y el dinamismo para influir en los demás. Ese alguien, lejos a como muchos piensan, no necesariamente tiene que ser el más fuerte o el más valiente, sino más bien, aquel que se viste de coraje y pone de manifiesto ciertas características definidas.

Algunos piensan que en efecto, sólo pueden ser líderes quienes hayan nacido para serlo. Pero existen otros factores: “El situacional y educacional”, es decir, tiene que existir: el ambiente oportuno o situación propicia; además de la formación y el aprendizaje. Por lo que las características innatas no son suficientes. Los líderes se forjan mediante un proceso evolutivo, donde la inteligencia, el aprendizaje y la oportunidad se fusionan para formar un personaje idóneo que resuelva una situación concreta.

El verdadero liderazgo no se hereda ni tampoco se transfiere. Se gana con la ética de trabajo, con la empatía, con la voluntad de cambio, con la visión y la firmeza.
Los líderes impuestos, aquellos que provienen de una posición jerárquica producto de una estructura organizativa, sólo influencian a sus colaboradores a través de su autoridad funcional que les confiere su cargo, pero no los califica como líderes auténticos. Más los que cuentan con el carisma o la empatía; ganan adeptos por la confianza que inspiran en aquellos seguidores que ven en ellos reflejada la esperanza en nuevos cambios que satisfagan sus necesidades. Estos se distinguen por la osadía de pensar diferente, por sus acciones a favor de una causa justa y equilibrada.


La historia es fiel testigo de esos falsos y nefastos líderes, que surgieron como el ejemplo a seguir, y terminaron siendo manchas indelebles para la raza humana. Fenómenos humanos que fabricaron filosofías e ideales con apariencias magnánimas y/o benévolas; más sin embargo, con el tiempo, revelaron sus intenciones malsanas y sus macabras agendas.
¡El mundo tiene una inmensa necesidad de hombres y mujeres, capaces...No con altos niveles académicos o de intelectualidad, sino más bien, con un alto grado de conciencia para desarrollar verdaderos y auténticos líderes en todo el entramado social!
¡Cristo es el ejemplo de un buen liderazgo!... Porque él representa un liderazgo con un propósito genuino de altruismo, benignidad, inclusión y unidad para toda la humanidad. Así que, es meritorio que fijemos la mirada en él, sigamos sus huellas y emulemos su carácter.

Una vez nos hayamos forjado cómo líderes, debemos ser juiciosos, y no dejarnos ensalzar por el orgullo de ser lo que somos, más guiar a nuestros seguidores por el rumbo de la justicia que Dios quiere para todos.
¡Dios les bendiga rica y abundantemente!
Frank Zorrilla