Mis queridos amigos y hermanos,

¿Has notado alguna vez, ya sea en el ámbito social y/o laboral, donde interactuas con personas que inmediatamente te sientes a gusto; mientras que con otras, no tanto? -
No es difícil entender que ante este tipo de respuesta de aceptación o rechazo, existe sólo la casualidad. Esto nos conlleva a pensar que, en efecto, cada uno de nosotros aborda el mundo de una forma diferente; con un estilo de comportamiento diferente. Por lo tanto, el secreto radica precisamente, en el “estilo” que utilicemos para armonizar con los demás, es decir: ¡Los que logran comunicarse magistralmente adaptando su enfoque a las necesidades de las personas con las cuales socializan!
No es difícil entender que ante este tipo de respuesta de aceptación o rechazo, existe sólo la casualidad. Esto nos conlleva a pensar que, en efecto, cada uno de nosotros aborda el mundo de una forma diferente; con un estilo de comportamiento diferente. Por lo tanto, el secreto radica precisamente, en el “estilo” que utilicemos para armonizar con los demás, es decir: ¡Los que logran comunicarse magistralmente adaptando su enfoque a las necesidades de las personas con las cuales socializan!


Pero, ¿es esa técnica que mencioné en el párrafo anterior un descubrimiento nuevo? ¡No! No es nuevo, la Biblia dice que tenemos que adaptarnos y amoldarnos con el fin de mantener la paz. Nosotros somos los que tenemos que estar dispuestos a cambiar.
En efecto, el apóstol Pablo, hablando a los moradores de Corinto (Antigua ciudad griega) adopta diferente actitud y estilo de comportamiento para lograr compenetrar en diversos medios sociales: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.” (1Corintios 9:19). Y continúa diciendo: “Me he hecho a los Judíos como Judío, para ganar a los Judíos, a los que están sin ley como si yo estuviera sin ley, para ganar a los que están sin ley. También se hizo débil para ganar a los débiles.” (1 Corintios 9:20-21). Como podemos apreciar, el Apóstol tuvo la sensatez, la inteligencia y la buena voluntad para adaptar su actitud con el fin de lograr pregonar y difundir el evangelio de Cristo.

Cuando podamos adaptarnos correctamente con las personas que interactuamos; cuando podamos ajustar nuestro estilo y comportamiento para evitar conflictos, lograremos edificar sólidas y eficientes relaciones con todo tipo de personas…Sí, tienes razón, ¡inclusive con nuestros jefes y personas difíciles de lidiar!
Debemos dejar la actitud, de que somos el centro del universo y enfocarnos en establecer campos de sinergía que favorezcan la conexión entre energías oscilantes. Esto es: dejar a un lado nuestro mundo microscópico donde sólo vive nuestro orgullo para dar lugar a un panorama donde el ángulo de acción sea más amplio. De esa forma, cambiamos la lupa para divisar un gran mundo macroscópico que incluye y da cabida al aporte que trae consigo la opinión de los demás. ¿Crees que es imposible?... Sólo has el intento de ser como el agua, que cambia su forma dependiendo del contenido, y verás los resultados.
“La conducta del sabio es como el agua: Carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras”. (Confucio).
“La conducta del sabio es como el agua: Carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras”. (Confucio).
¡La gracia y bendiciones de Dios sean contigo!
Frank Zorrilla