martes, 6 de noviembre de 2018

“UNA AYUDA IDONEA EN PERSPECTIVA”



Mis queridos amigos y hermanos,


     Cuando Dios decidió organizar y afirmar los confines del universo. Cuando Dios vio que toda su creación era buena en gran manera, pensó también en la creación de un ser semejante a Él, para que éste lo cuidara, disfrutara y se enseñoreara sobre todo lo creado. Dios le dio al hombre, la gran responsabilidad de ser: “mayordomo” o “administrador” del hábitat que había diseñado para él; le dio potestad para identificar por sus nombres a los seres creados antes de él. Este acto, (el acto de dar nombre a alguna cosa) implica dominio, parentesco, familiaridad y está íntimamente ligado al proceso simbiótico de la creación. En otras palabras: Dios, al tomar el polvo o arcilla de la tierra, moldear un muñeco con sus manos y darle vida animada; quiso que existiera una armonía entre el hombre y las con las cosas creadas para beneficio del hombre.


     Ahora bien, de lo expuesto en el párrafo anterior, podemos extrapolar el concepto armónico, con un axioma que pertenece a la esencia misma de la creación; es decir: Ante la maravillosa construcción de ese paraíso terrenal, en donde todo fue creado con un balance para que existiese un equilibrio equitativo, hacía falta algo, se necesitaba la ayuda idónea” para el hombre; se necesitaba “la compañera física y espiritual para terminar la creación”: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” (Génesis 2:18).


     Si analizamos el contexto del versículo mencionado arriba, encontramos que: Dios vio la necesidad del hombre y conceptualizó la idea de crear a otro ser usando una palabra compuesta: “Ayuda idónea”. Dios tenía la potestad de crear a otro hombre, pero esto hubiese desbalanceado la armonía a la que hice referencia en los párrafos anteriores. Sin una compañera, la orden de Dios: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28), no hubiese sido posible, y la copulación con una especie animal no hubiese sido “Idóneo” para esos fines. Por lo tanto, Dios creó a la mujer utilizando como material, no la misma arcilla; más una parte del hombre creado. Utilizó un hueso que corresponde a la caja torácica del cuerpo para hacer una clonación adulta con capacidad para engendrar: “Y de la costilla que Jehová tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.” (Génesis 2:22).


     Como pudimos observar en el párrafo anterior, Dios no escogió un órgano vital para llevar a cabo esa operación; en cambio, utilizó un hueso (una costilla). Desde el punto de vista físico corporal, las costillas sirven como caparazón para: cubrir, proteger y cuidar órganos vitales como son: El corazón, los pulmones, el hígado, etc. Es decir: El hombre, aunque puede vivir sin una costilla, al igual que puede vivir sin una mujer; necesita de soporte y compañía moral, física y espiritual. 

* Desde el punto de vista genético y biológico, existen razones asombrosas por la que Dios escogió una de las costillas. Puntos que expondré en otro artículo. 


     En el diccionario de la real lengua española encontramos el significado de: “Idóneo”, como sinónimo de: “Adecuado y apropiado”. Por lo tanto, la mujer constituye, el propósito de Dios para la faceta integral de dos entidades que viven por separado, uniéndose en un proceso biunívoco de crecimiento espiritual y deleite carnal como forma de perpetuar la vida en una participación de igualdad y equilibrio.


     En síntesis, la mujer y el hombre aunque se manifiesten como seres individuales independientes uno del otro, corresponden a una misma entidad que cuando se unen en un vínculo moral, los cónyuges descubren aspectos de su ser que sirven de: estímulo, satisfacción y de complemento beneplácito en ese otro ser.


     Bien lo dijo el apóstol: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer, pero todo procede de Dios.” (1Corintios 11:12). En otras palabras: El hombre y la mujer están ligados fisiológicamente, porque uno fue tomado de las células del otro; y cuánticamente, porque proceden de la misma red energética de la creación de Dios. Es por tanto, una bendición de Dios, donde el respeto mutuo debe ser reflejado para que exista la comunión.
     
     Ya el sabio Salomón, con su sapiencia, y su vasta sabiduría pudo describir el papel que representa la mujer en esa “ayuda idónea” para el hombre. En sus escritos, él hace mención de la imagen que refleja nuestra compañera idónea poniendo de manifiesto la faceta integral de la mujer en una interminable lista de virtudes como: persona, esposa, empresaria y madre. Él la llama: “Virtuosa”, porque representa: la idoneidad que Dios buscaba para una satisfactoria unión espiritual. “En ella el corazón de su marido está confiado, y por tanto no carecerá él de ganancia” (Proverbios 31:11).
     
     Lamentablemente, con la entrada del pecado, el divino sacramento; esa comunión entre los seres creados, fue dilapidado y confundido con una igualdad irracional. Los fundamentos básicos de ayuda idónea” se han corrompido, y un despliegue de desigualdades sociales han florecido para la discordia y quebrantamiento de un contrato moral establecido desde el principio. “Hueso de mis huesos y carne de mi carne”

     Más como dice el apóstol: “Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. Porque el que ama a su mujer, a sí mismo se ama”. (Efesios 5:28), y “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efesios 5:22).

     ¡Sé pues feliz, y busca la “ayuda idónea” que Dios ha creado para ti!

¡La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!

 Frank Zorrilla


miércoles, 26 de septiembre de 2018

EL LÁTIGO DE LA INDIFERENCIA- ANTÍTESIS DEL AMOR...


Mis queridos hermanos y amigos,

“Tu frialdad ya no llena los espacios de mi vida
Tu ausencia cada día duele menos...
Tus momentos, tan efímeros como fríos ya no ruborizan mis mejillas.
Ya no importa si vas o vienes, si me miras o ya ni me ves,
porque he aprendido a no mendigar más tu tiempo;
mi libertad y mi vuelo no lo necesitan.
Me enseñaste a volar lejos de tu cielo,
a volar en libertad...(…)”.
Flor de Lys

     Como pueden observar en los versos de este poema, la autora enfatiza un estado de ánimo muy conocido. Me refiero a la “indiferencia”. Sentimiento o postura en que una persona no siente inclinación ni rechazo hacia otro sujeto, un objeto o un asunto determinado.

     La indiferencia, por lo tanto, es un punto intermedio entre el aprecio y el desprecio. Al mostrarnos indiferentes, nos volvemos apáticos ante algo que consideramos no merece nuestra atención o nuestra energía. Es como si al actuar bajo este estado de ánimo, anestesiáramos nuestros sentimientos convirtiéndonos en personas frías, insensibles y apáticos. En el argot popular se le conoce como alguien que “ni siente, ni padece” o está al margen de las cosas que le pueda afectar. ¿Quién no ha sido expuesto al látigo de la indiferencia, ya sea siendo el verdugo o la víctima?... 

     Podemos ser indiferentes a muchas cosas; a la política, a un deporte, a una relación de pareja, inclusive a los preceptos divinos. No obstante, en este artículo, hablaré sobre la "indiferencia entre los seres humanos". Desde el punto de vista social, la indiferencia es opuesta o contraria a la relación intrínseca que debe existir entre los seres humanos para vivir en comunidad; por lo tanto, este comportamiento es estudiado por psicólogos como una condición o fenómeno que pone en riesgo la integridad de la sociedad e inclusive hasta la existencia misma de todos los seres humanos que cohabitan el planeta.

     Como dijera Elie Wisel: “Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”. No hay nada peor que sentirse ignorad@. Que verte feliz o triste sea lo mismo. Esto duele aun mucho más cuando se trata de una persona allegada a ti. ¡Cuánta razón tiene JK Rowling cuando dice:“A veces, la indiferencia y la frialdad hacen más daño que la aversión declarada”!

     Es un hecho que la indiferencia conlleva sufrimiento para quien la siente, genera tensiones a veces insoportables, confusión y puede incluso afectar el autoestima. ¿Quién en su sano juicio quiere sentirse ignorad@?- Todos necesitamos la atención y el aprecio de alguien para sentir que existimos y que nos toman en cuenta. Pero muchas veces, con nuestra actitud y en la forma como nos socializamos con los demás, sembramos en los demás, la semilla de la indiferencia. En otras palabras: “somos culpables por omisión” al postergar el afecto, al iniciar apatía, exacerbar indignación entre aquellos que comparten nuestro ambiente social y por promover individualidad. Aunque claro está, también están los psicoanalistas que consideran a la “indiferencia” como un mecanismo de defensa, que a veces utilizamos para no sufrir continuas decepciones ante las vicisitudes de la vida. Es decir: preferimos “no esperar nada de nadie” y ser neutros ante cualquier acontecimiento que pueda entorpecer nuestro animosidad. En este sentido, para algunos filósofos, la indiferencia es la negación del ser, ya que supone la ausencia de creencias y motivaciones. ¡Quién es indiferente no siente ni actúa, se mantiene al margen!

     ¿Crees que la indiferencia sólo afecta a los seres humanos?- Pues te equivocas, Masaru Emoto (científico Japonés) demostró a través de experimentos, como el sentimiento de la indiferencia actúa como energía caótica descomponiendo las moléculas y átomos del agua y del arroz. El Dr. Emoto demuestra con gran acierto un experimento con agua y arroz en el que aparecen tres vasos que contienen arroz y agua en proporciones idénticas. Durante un mes, día tras día, cada vaso recibía diferentes mensajes, el primero de positividad, el segundo de negatividad y el tercero no recibía mensajes, era un vaso “indiferente”. ¿Qué ocurrió después de un mes?...El arroz en el primer vaso comenzó a germinar y a crecer, el arroz en el segundo vaso se tornó negro y el arroz en el tercer vaso estaba en mal estado a nivel de putrefacción.

     El experimento demostró tanto el poder de las palabras como el poder de la indiferencia, que extrapolado al ser humano, nos hace visualizar perfectamente cómo afecta el maltrato o sentirnos ignorados a nuestra personalidad. Necesitamos caricias, palabras agradables para poder vivir. Como el mismo Dr. Emoto señala: “La caricia ya sea física, verbal o gestual es un reconocimiento de que estamos vivos, la indiferencia nos hace sentir que NO existimos”.

     Pareciese como si la indolencia, la neutralidad, la insensibilidad tomaran impulsos cada vez más significativos a medida que nos desarrollamos en esta “aldea global”, donde gracias a la tecnología, vivimos como autómatas apáticos padeciendo del “efecto espectador” que paraliza nuestros sentidos cuando tenemos que socorrer a un ser humano en peligro, pero activa el “complejo de periodista” para difundir al mundo a través de los medios sociales, las imágenes de una víctima o una persona en necesidad. Una tendencia que desafortunadamente, toma un carácter nefasto y cruel.   

     ¿Existe el sentimiento de indiferencia entre los que profesan la fe cristiana? ¿Qué dice la Biblia respecto a este estado de ánimo?- Desde luego que sí, la indiferencia es un fenómeno social; por lo tanto, existe en todo el entramado social incluyendo los que profesan una religión. Jesús conocía los tiempos y como la influencia rebelde del ser humano iban a promover la apatía entre los hombres. “Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12). Sin lugar a dudas, la indiferencia es una palabra complicada, cuando de amor se trata, sobre todo cuando este sentimiento está asociado a un conjunto de actitudes que pueden progresivamente dañar el amor. Por lo tanto, este sentimiento crece como fractal por degradación entrópica y es el antítesis del sentimiento perfecto que caracteriza al Creador del universo. Al ser la maldad la ausencia de Dios en el corazón del hombre, y lo inverso al amor, deposita en este: desafecto, despego, desinterés, desamor, apatía e insensibilidad. Precisamente pregona la individualidad entre seres homogéneos corrompiendo la relación fraternal entre los seres creados.    

     En resumen, la indiferencia es una herramienta poderosa usada por nuestro adversario "Satanás" para distanciar a las personas, promover individualidad y crear un entorno insensible donde reina el desamor, la aversión y la antipatía; por consiguiente, podemos decir que: “El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con INDIFERENCIA: esa es la esencia de la inhumanidad”. 

     No nos dejemos influenciar por la pereza y la tibieza. Evitemos a toda costa, dejarnos persuadir por corrientes antagónicas a los designios del Creador, porque solo promueven el individualismo. No dejemos enfriar el sentimiento del amor y mantengamos vigente el gran mandamiento: ¡Amar al prójimo como a uno mismo!

¡Qué Dios los bendiga rica y abundantemente!

Frank Zorrilla

domingo, 2 de septiembre de 2018

"CUANDO LA VIDA PARECE NO TENER SENTIDO"


Mis queridos amigos y hermanos,

En uno de sus bellísimos poemas, Amado Nervo escribió:

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas”.

     Sin lugar a dudas, en el mundo físico estamos sometidos a circunstancias que obedecen a Causa y Efecto. Por lo que lógicamente, siempre cosecharemos lo que sembramos. Elegimos, y mediante esa elección consciente creamos nuestra felicidad o  nuestra desdicha. En palabras simples, y como recita el poema: ¡somos merecedores de hiel, y también de mieles sabrosas!...Pero, ¿es posible que aún siendo justos, tengamos momentos de incertidumbre y oscuridad?

     Me imagino que, cuando llegan esos tiempos de oscuridad a tu vida, te analizas y reflexionas buscando la razón o razones de esas adversidades… Pensarás que: si no has causado daño a nadie; si has obrado correctamente de acuerdo a valores morales y espirituales; si has actuado con principios de hermandad para con tus semejantes y eres un fiel seguidor de Cristo, estás exento de sufrir momentos de calamidad, de situaciones angustiosas y de penuria. Quizás consideres que esos periodos de oscuridad son solo para los injustos, para los ateos e idólatras. Lastimosamente, si piensas así, estás practicando una doctrina equivocada, porque no tiene fundamento bíblico. En las Sagradas Escrituras encontramos historias de hombres justos, de profetas y de apóstoles que también tuvieron momentos de “oscuridad”. Algunos fueron vendidos como esclavos; otros fueron encarcelados y azotados; y otros, fueron quebrantados tanto física como económicamente. Ellos también se sintieron perplejos ante esos momentos oscuros de sus existencias; por lo que debemos aprender de sus acciones ante esas situaciones que, por más que trataron de buscar explicación, parecían no tener sentido.

    Si copiamos las acciones de esos hombres ejemplares encontraremos 5 principios fundamentales, los cuales podemos aplicar en esos momentos difíciles cuando: “¡Nada parece tener sentido!”.

· Primer Principio: No DEMANDEMOS o PROCUREMOS entender…

En esos momentos de oscuridad, hombres justos, profetas y apóstoles decidieron no demandar entender su situación, sino más bien, confiaron en el Creador. Así también nosotros, cuando estamos conscientes de que no somos responsables de ciertas situaciones adversas, dejemos de cuestionar el por qué de la situación apelando a nuestra prudencia. En cambio, debemos confiar plenamente en la Omnisciencia de Dios... Si dependemos de él, su luz iluminará nuestras tinieblas y nos dará discernimiento para encontrar el camino a seguir. “Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar”. (Proverbios 3:5-6).

· Segundo Principio: No DESISTAMOS de ser fiel a Dios a pesar de no entender las circunstancias…

Es tan fácil servirle a Dios cuando nuestra salud está en optimas condiciones, cuando abunda el progreso económico, cuando todo marcha bien con nuestros hijos y familiares, pero también es fácil culpar a Dios y convertirnos en rebeldes cuando el infortunio toca nuestras puertas. Así también los justos, profetas y apóstoles tuvieron la oportunidad de abandonar su misión y alejarse de Dios cuando anduvieron en penumbras y oscuridad, pero optaron ser “fieles al Todopoderoso”. “Por tanto, tomad toda armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes”. (Efesios 6:13)

· Tercer Principio: No nos INCLINEMOS o ENCORVEMOS ante la amargura…

Es muy normal sentirnos decepcionados cuando esas tinieblas o circunstancias que no entendemos llegan a nuestra vida, más debemos entender que son en esos momentos de oscuridad, cuando la amargura, el desánimo, la tristeza desean hospedarse en nuestros corazones, y bajo esas emociones, adoptamos una actitud indócil; inclusive hasta dejar de profesar la fe que habíamos mantenido por muchos años. Los profetas, los apóstoles no permitieron que la carcoma de la amargura se hospedara en sus corazones, por el contrario, se mantuvieron firmes y erguidos levantando sus cabezas hacia lo alto de donde ellos sabían podía venir la solución. El apóstol Pablo describe la amargura como un estado de ansiedad y de aflicción que no deja que las personas puedan vivir en paz con ellos mismos, ni en armonía con los demás. “Mira bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando una raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. (Hebreos 12:15).  

· Cuarto Principio: No nos IMPACIENTEMOS o DESESPEREMOS…

Cuando estamos en esos momentos de oscuridad, el tiempo se hace relativo, y pareciese como si se detuviera para agravar nuestra situación. Comenzamos a preocuparnos anímicamente y a pensar, si podremos resistir un segundo más: ¿Estará Dios ocupado en otras cosas?...¿Olvidó mis súplicas?...¡Dios no olvida, ni tampoco desea que estemos en oscuridad, su tiempo es perfecto! Así también pensaron los profetas y apóstoles, pero en lugar de impacientarse, mantuvieron una fe inquebrantable, reconociendo que la paciencia es la virtud de los santos. “Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará. Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia hasta que él actúe”. (Salmo 37:5-7).

· Quinto Principio: No DEJEMOS que nuestros SUEÑOS se desvanezcan…

Considero que todos, sin necesidad de exagerar, tenemos desde que somos adolescentes, grandes sueños y aspiraciones, pero muchas veces cuando llegan esos momentos de oscuridad y tinieblas, la mayoría de nuestros sueños se hacen añicos. Quizás los abandonamos, debido al fracaso sufrido, debido a la pérdida de ese ser tan amado que nos servía de inspiración o por considerar que ya no tenemos la energía, ni la edad para alcanzarlos. Si piensas así, debes recapacitar, ¡no dudes en la oscuridad, lo que Dios te tiene en la claridad!... porque ¡siempre es muy temprano para dejar de soñar, y nunca es muy tarde para empezar a hacerlo!.. “Mis pensamientos no se parecen en nada a tus pensamientos- dice el Señor- Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse”. (Isaías 55:8).

     Recordemos que porque vivamos momentos de oscuridad no significa en lo absoluto que el enemigo ha vencido. ¡La oscuridad nunca puede opacar la luz!; por consiguiente, si no existe luz, es porque ésta se ha retirado. Si Dios ha retirado la luz de nuestras vidas y andamos en oscuridad, solamente confiemos en él y no demandemos entender, seamos fieles, no permitamos la amargura, no nos impacientemos, y no dejemos que nuestros sueños se desvanezcan. Dios ha permitido estos momentos de tinieblas y oscuridad por un propósito. El que no tenga sentido ahora no significa que no tendrá sentido en el futuro.

     Los invito a leer la historia de José, hijo de Jacob en el libro de Génesis 37-41. En esa historia, encontrarán la vida de un joven justo, quien tuvo momentos de oscuridad, pero esas situaciones no detuvieron sus sueños y aspiraciones. Él pudo sobreponerse manteniendo su confianza y lealtad al Dios Supremo, Jehová de los ejércitos.

¡Dios los bendiga rica y abundantemente!

Frank Zorrilla