jueves, 1 de agosto de 2013

LIDERAZGO EN PENUMBRAS: "Cuando la Visibilidad Vale Más que el Carácter Y las Multitudes Ciegas Siguen Falsas Luces."


Liderazgo con propósito
      “La tarea de un líder es llevar a su gente de donde está, hasta donde no haya llegado jamás.”Henry Kissinger
     
     Vivimos  en una era en la que el liderazgo auténtico parece desvanecerse. La cuestión crucial ya no es simplemente quién ocupa una posición de autoridad, sino hacia dónde pretenden conducirnos aquellos que se presentan como guías, salvadores o referentes. El verdadero liderazgo se define no por el título, sino por la dirección y el propósito. 
     Jesús formuló una advertencia atemporal que resuena con fuerza hoy:
      “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?, ¿No caerán ambos en el hoyo?” (Lucas 6:39)
     Esa ceguera moral se manifiesta en discursos vacíos, agendas ocultas y un narcisismo disfrazado de virtud. Es la antítesis del liderazgo con propósito
     Desafortunadamente, la autenticidad de nuestros líderes se desdibuja en el denso humo de un aparentismo desmesurado y un oportunismo irracional. Son insensatos que, con astucia sombría, ocultan sus verdaderos propósitos mientras, cual mano invisible, conducen a sus seguidores hacia un inevitable despeñadero moral, socioeconómico y espiritual.
Narcisismo 
     En la política actual abundan figuras que han adoptado un sofisma pedestre repudiable y condenable. Estos operan bajo un discurso demagógico, diseñado para confundir, dividir y seducir sin sustancia. Prometen servir, pero una vez en el poder, revelan intenciones arraigadas en heridas no sanadas, complejos y un narcisismo patológico revestido de autoridad. 
     Arthur Schopenhauer lo expresó con crudeza:
     "La mayoría de los hombres políticos son como la moneda falsificada: llevan valor impreso, pero no contienen nada en su interior."
          Los escándalos —sobornos, malversación, tráfico de influencias — no son meros deslices; son frutos evidentes. Y para evaluarlos, Jesús dio un criterio infalible:
     "Por sus frutos los conoceréis." (Mateo 7:16)     
líderes mundiales
     Estos líderes suelen operar entre bastidores, diseñando agendas que polarizan mientras sus seguidores, movidos por la avaricia, el fanatismo o la ingenuidad, se convierten en aduladores recalcitrantes. Defienden lo indefendible, justifican lo injustificable y a abrazan ideologías como dogmas incuestionables.
    En palabras simples, nos dejamos embaucar por esos líderes y nos convertimos en “esclavos ideológicos”; en autómatas condicionados a aceptar todo el estiércol inmoral que ellos exhiben con orgullo. ¡Condición que nos arrastra a la ignominia y la pobreza! Más, como enfatizó Emilio Prud'Homme en una de las estrofas del Himno nacional dominicano: “Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil.”
¿Hacia dónde vamos?
     Una interpretación contemporánea mantiene vivo su espíritu:
“Ningún pueblo merece ser libre si su mentalidad es esclava de ideologías absurdas..."
     La peor esclavitud no es la física, sino la mental.
     La decadencia moral de líderes tradicionales ha creado un vacío que ahora ocupa una nueva casta: los influencers. Su autoridad no emana de la sabiduría, la experiencia o la integridad, sino de la visibilidad y el alcance digital.
    El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman lo describió con precisión:
     "En una sociedad líquida, los líderes ya no se siguen por su carácter, sino por su visibilidad."
     Tras sus mensajes motivacionales, bailes virales o oratoria emocional, suelen esconderse:
  • Intereses mercantilistas,
  • Narcisismo exhibicionista,
  • Una influencia carente de ética, preparación o madurez.
     Son síntomas de un colapso moral previo y de nuestra propia superficialidad cultura: seguimos figuras, no principios; tendencias, no verdades.

Líderes espirituales
     Y ¿Qué podemos decir de los líderes espirituales?
     Podemos clasificar a los líderes espirituales en tres categorías:

     1.      Los Lobos o Usurpadores del Evangelio. Estos olfatean la necesidad espiritual, convierten la fe en mercancía y usan su autoridad para lucrarse, llevando una vida de opulencia. 

     Jesús advirtió:

     "Mirad que nadie os engañe..." (Mateo 24:4-5)

     Pablo añadió:

     “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.” (Efesios 4:14)

     Como señaló el destacado novelista Fyodor Dostoievski:

     "El poder es tan seductor que incluso el santo puede convertirse en demonio si no vigila su corazón."


     2.     Los Líderes Tibios o Miopes Espirituales. Aunque no dañan de forma intencionada, su apatía y falta de visión frenan el crecimiento y empujan a la comunidad hacia la mediocridad. En ella, la consagración colectiva se debilita y se pierde de vista la misión principal como cuerpo de Cristo. El mayor peligro es que esta tibieza espiritual, con el tiempo, degenera en hipocresía y se convierte en un obstáculo para la obra de Dios. Su juicio sobre la tibieza es inequívoco: 

     “Pero por cuanto eres tibio... te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:16).

     3.     Los Verdaderos Pastores: Son humildes, diligentes, valientes y visionarios. Delegan, capacitan y edifican. No buscan fama, buscan almas; no persiguen aplausos, sino frutos. Jesús les encargó:

     
Guiando hacia el éxito
"Si me amas, apacienta mis ovejas."

     El apóstol Pablo recordó su responsabilidad: 

     "Ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta." (Hebreos 13:17)


     En palabras del escritor y filósofo Albert Schweitzer:

     "El ejemplo no es lo principal para influir; es lo único."

     El mundo necesita con urgencia líderes auténticos íntegros, valientes y espiritualmente firmes. Líderes que resistan la seducción de la fama digital, las ideologías vacías y las agendas ocultas.
Cristo, el gran ejemplo de liderazgo
     El pastor y teólogo Dietrich Bonhoeffer nos dejó una advertencia vigente:
     "El mal necesita solo una cosa para triunfar: que los hombres buenos renuncien a la responsabilidad."
    Antes esta necesidad, surge una pregunta inevitable:
     ¿Deseas ser un líder?
       Y si tu respuesta es sí, la cuestión decisiva es:
     ¿Qué tipo de líder estás decidido a ser?    

¡La gracia y bendiciones de Dios sean contigo!
Frank Zorrilla



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