Mis queridos amigos y hermanos,
Si prestamos atención a nuestro entorno, notaremos el constante ir y venir de las personas. Todos parecen saber adónde van, pero pocos saben por qué van. Algunos buscan entretenimiento, otros ingresos, títulos académicos o posesiones... Todos respondemos a la presión de una obligación, necesidad, ambición o sueño. Cada uno anda absorto en su propio rumbo, en su propio "proyecto de vida", como afirmó Amado Nervo en uno de sus poemas:
Si prestamos atención a nuestro entorno, notaremos el constante ir y venir de las personas. Todos parecen saber adónde van, pero pocos saben por qué van. Algunos buscan entretenimiento, otros ingresos, títulos académicos o posesiones... Todos respondemos a la presión de una obligación, necesidad, ambición o sueño. Cada uno anda absorto en su propio rumbo, en su propio "proyecto de vida", como afirmó Amado Nervo en uno de sus poemas:
“"Los hombres son cual
naves que pasan en la noche...
¿Adónde van, adónde?"
¡ Las heladas garras de un gran
enigma su corazón oprimen...
¡En redor cuantas
cosas hostiles e ignoradas!
Los hombres son cual
naves que pasan en la noche...”
La imagen utilizada por el poeta es exacta: somos peregrinos sobre un mar oscuro, que cruzamos rápidamente por el escenario del tiempo, relegando nuestra existencia al puro instinto de "vivir por vivir" y luego desvanecernos. ¿Será, entonces, la existencia humana un ciclo fatal de nacer, sentir, procrear y morir? ¿Vivivmos simplemente impulsados por fuerzas biológicas o por una inercia absurda?
Aunque se podría pensar que el poema tiene una esencia nihilista porque contiene un tono existencial donde la vida humana es efímera, misteriosa y regida por una dinámica inmutable, la realidad es que sus versos tienen matices espirituales con pizcas de trascendentalismo. Pero como bien expresó el poeta Amado Nervo: Existe una gran mayoría de seres humanos que pasan por la vida entre las "tinieblas de la noche”.
Para algunos existencialistas y nihilistas como: Arthur Schopenhauer, Emil Cioran y Miguel de Unamuno, "pasar por la vida y desaparecer es lo que constituye el gran enigma de la existencia humana". Pero estas ideas filosóficas solo sitúan al ser humano en una fatídica dinámica que no cambia.
Las sociedades modernas nos empujan al rendimiento, al consumo, a la productividad y a la competencia, pero nunca nos enseñan a encontrar el sentido profundo de la vida. No obstante, esa fatídica dinámica que no cambia sugiere un destino cíclico y absurdo, sin escapatoria. No es casual que, según la Organización Mundial de la Salud, la depresión se haya convertido en la epidemia del siglo XXI. El Dr. Viktor Frankl, sobreviviente del Holocausto, afirmó:
"Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo."—Viktor Frankl
Entonces... ¿cuál es nuestro porqué?
Al llegar al
final de nuestra jornada, ¿podremos decir que fuimos verdaderamente felices? ¿Que nuestra vida dejó huellas eternas? Tal vez descubramos, con pesar, que perseguimos cosas temporales y olvidamos lo esencial. Inflamos un "yo" egoísta, luchando por acumular fama, dinero, reconocimientos o placeres que hoy son y mañana se desvanecen. Como decía Pascal:
"Hay en el corazón del hombre un vacío del tamaño de Dios, que nada creado puede llenar."—Blaise Pascal

Llega entonces la vejez... y con ella las arrugas, la torpeza, la soledad, y una amarga nostalgia por aquello que ya no puede volver.
Ante este panorama, cabe preguntarnos con honestidad: ¿Tiene sentido la vida humana?
Surgen entonces las posturas diversas de la filosofía existencialista para tratar de explicar el sentido de la vida:
- Existencialismo teísta: reconoce a un Dios transcendente como origen del ser humano.
- Existencialismo ateo: niega cualquier causa o propósito divino.
- Existencialismo agnóstico: considera irrelevante la existencia de Dios para el sentido de la vida.
"El ser humano es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, un abismo peligroso."—Friedrich Nietzsche
Los filósofos existencialistas intentaron explicar la vida desde la libertad del individuo. Jean-Paul Sartre proclamó que "el hombre está condenado a ser libre", Albert Camus llegó a considerar el suicidio como el único "problema filosófico serio" ante el absurdo de la existencia. Pero estos planteamientos— que presumen emancipar al hombre de Dios— terminan proclamando el sinsentido de la vida y la inexistencia de esperanza más allá de la tumba.
Mientras la filosofía nihilista considera que la vida no tiene un significado, propósito o valor inherente, las Sagradas Escrituras sí ofrecen una explicación coherente y llena de esperanza: fuimos creados con un propósito eterno. Somos hijos de un Dios que no nos trajo al mundo para sufrir y desaparecer, sino para participar de Su gloria.

"¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?" (Mateo 16:26)
Y el apóstol Pablo confirmó el propósito de Dios:
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9).
Dios no da sentido a partes de nuestra vida. Él da sentido al conjunto.
Vivimos en un mundo que se desmorona moralmente. Las señales proféticas del fin se cumplen una tras otra. Ahora más que nunca debemos definir cuál será el sentido de nuestros días, porque lo que hoy decidamos resonará por la eternidad. Como dice una cita atribuida a Jonathan Edwards:
"Sólo una vida, pronto pasará; sólo lo hecho par Cristo perdurará."
La vida humana, en su aparente rapidez y fragilidad, nos enfrenta a preguntas que trascienden lo cotidiano: ¿Cuál es el verdadero propósito de nuestra existencia? ¿Estamos simplemente pasando como naves errantes en la oscuridad, o podemos encontrar un ancla firme que dé sentido y dirección a nuestro caminar? La respuesta no se encuentra en acumular bienes ni en conquistar éxitos efímeros, sino en volver la mirada hacia Aquel que nos creó con un propósito eterno. Hoy es el día de alinear nuestra brújula espiritual, abandonar el absurdo del materialismo, de las corrientes filosóficas que no les dan sentido a la existencia y abrazar el propósito glorioso para el cual fuimos creados. Lo que conocemos es finito...lo que ignoramos es ETERNO.
¡Que Dios les bendiga, les guarde y nos conceda terminar victoriosos, alcanzando la corona de vida eterna!
Frank Zorrilla
2 comentarios:
Gracias: Zorrilla, por su arduo trabajo, que Dios le continúe bendiciendo y le colme de salud, junto a sus seres queridos. Fue un un placer leer su verdadera realida realidad. Fue un placer..
Anónimo, gracias a ti por ser parte de mis lectores. Bendiciones!!!
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