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miércoles, 30 de octubre de 2013

EL PODER DE LA PALABRA-"CREAR Y/O DESTRUIR"


Mis queridos hermanos y amigos,

 
     Vivimos en un mundo creado mediante la palabra. Dios habló y dio lugar a la creación de todo cuanto existe en nuestro vasto universo; tanto lo visible, como lo invisible. Fue mediante esta expresión oral que todo empezó a surgir y a tomar forma propia: La luz, la expansión de los cielos, la hierba y los árboles que dan frutas y semillas, los peces y las aves, los animales terrestres según su género y por último, el hombre. Por lo que podemos decir, que este mundo donde vivimos, es un mundo que existe mediante la palabra de Dios; por inferencia, todo está formado por una energía dinámica que vibra, y hace posible la existencia de la vida misma en todas las escalas, ya sea microscópica o macroscópica. Todo cuanto existe en este vasto universo vibra y oscila como producto de la palabra emitida por Dios. “Al principio era la Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios”. (Juan 1:1)

     Dios utilizó la palabra para: Crear y ordenar el universo, instruir al hombre en sus caminos, y luego corregirlo y redargüirlo cuando éste desobedeció sus instrucciones. Entonces podemos decir que, el hombre posee la facultad de escuchar la voz de Dios y entender sus mandatos. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12).

     La comunidad científica ha demostrado que toda comunicación en esta Tierra es sólo posible debido al campo energético que nos cubre, haciendo posible la resonancia entre frecuencias emitidas en la misma. Pero, ese campo energético tan especial, ¿se formó sólo?... Ese campo no varía o fluctúa con el tiempo, es constante. Alguien lo creó y es el producto de la creación de un Ser perfecto.

     Nosotros, al ser la imagen de Dios y poseer la virtud del habla, tenemos la capacidad de crear y/o destruir mediante la palabra usando ese medio energético tan especial. Todo lo que emitimos a través de nuestras cuerdas vocales y tiene efecto sonoro, tiene poder para producir cambios en la materia y por ende cambiar nuestra realidad. La etapa anterior a la palabra es el pensamiento. Allí se origina todo, y es precisamente en esa etapa, cuando debemos elegir las palabras que vamos a emitir; ya sea para comunicarnos con los demás, como para producir los cambios que deseamos en nuestras vidas. Como dice el viejo adagio: “Somos dueños de lo que callamos y esclavos de lo que decimos”. Pero la Biblia nos enseña a través del apóstol Santiago: “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo. Así la lengua es un miembro pequeño, y se gloría de grandes cosas. ¡He aquí, un pequeño fuego cuán grande bosque enciende!” (Santiago 3:2-5).

     En cuanto a la comunicación con los demás, el apóstol Pablo aconseja: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29). Aquí el apóstol Pablo habla de “edificar” y de “gracia”, las cuales son sinónimos de: Construir, alzar, elevar, levantar y de: Afabilidad, simpatía , belleza, donaire, cordialidad, etc. Por consiguiente, al tratar de edificar a nuestros semejantes haciendo uso de la palabra, o al usarla con cordialidad; es decir, en un tono agradable, nos convertimos en potentes transmisores de energía positiva y vibramos armónicamente para producir la unión espiritual que Dios desea que exista entre nosotros, porque nos convertimos en “la unidad”.
 
     Sin embargo, cuando utilizamos el instrumento llamado: “lengua” para hacer lo contrario a lo que dice el apóstol, esparcimos en nuestro alrededor energías caóticas que contaminan, no sólo nuestro cuerpo, más todo el espacio, porque contamina la rueda de la creación; y como fractal, expandimos esas energías en todo el entramado social, produciendo una descarga de animosidad (odio, animadversión , antipatía , tirria, etc.) que corrompe y crea “división” entre los seres creados. Bien lo dice el apóstol Santiago: “Debemos ser sabios y mostrar con buena conversación nuestras obras en mansedumbre de sabiduría, porque no podemos usar la lengua para maldecir a un ser humano que fue hecho a semejanza de Dios.” (Santiago 3-9-13).
 
     *Recordemos que, todo cuanto existe en el universo, está concatenado y forma una red simétrica y homogénea regida y gobernada por una energía invisible que ejerce una fuerza de atracción entre cada partícula del mismo produciendo una cohesión entre las moléculas más elementales de la materia haciendo que los átomos se comporten como ondas o como partículas. “Somos material en forma de energía en un vasto universo que es testigo de nuestra existencia y al usar la palabra como conviene, producimos sinergia entre los seres con la consecuente paz que todos necesitamos.”
 
* Este tema es dilucidado profundamente en mi libro: “CONOCIENDO A DIOS A TRAVÉZ DE LA CIENCIA”.
     En resumen, y como dice el poema: “Las palabras, son tan livianas como el viento, pero tienen un poder tan grande como el universo, que con una palabra se puede vivir y por una palabra se puede morir.” y como paráfrasis, en tiempos antiguos, se anunció el advenimiento del Salvador del mundo y se puso de manifiesto el reino de Dios a través de la Palabra inspirada; palabra que descendía de los atrios celestiales para beneficio del hombre y que todavía está disponible para alumbrar nuestros caminos con destino hacia la eternidad. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días, nos ha hablado por el hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; quien sustenta todas las cosas con la PALABRA DE SU PODER. (Hebreos 1:1-3).
 
     ¡Hoy por hoy, esa misma palabra tiene poder para edificarnos y darnos herencia con todos los santificados!
 
Que Dios los bendiga rica y abundantemente.

 
 Frank Zorrilla