Mis queridos hermanos y amigos,
“La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la
necesidad humana de compartir cosas es evidente.” Carmen Martín Gaite
Ninguna persona fue creada para vivir en soledad, sino para relacionarse con los demás y disfrutar de su compañía. ¡Somos seres sociables por naturaleza!… Por lo tanto, es un gran error pensar que los seres humanos no necesitamos a nadie. ¡Al contrario! El compañerismo y la amistad son esenciales para vivir en plenitud.
¿Cuántas veces deseamos estar a solas para encontrarnos con nosotros mismos? Sin embargo, una vez superamos esa crisis existencial, la necesidad de compartir con los demás renace, como una flor en primavera. Como dijo el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer: “La soledad es muy hermosa…cuando se tiene alguien a quien decírselo.”
¿Sabías que vivir en soledad, representa un riesgo para la salud mental?…
Un estudio del Instituto de Salud Ocupacional de Finlandia reveló que las personas en edad laboral que viven solas tienen un 80% de probabilidad de sufrir depresión que aquellas que viven en el seno de una familia o acompañadas.
Además, se descubrió que quienes viven solos compran un 80% más de antidepresivos en comparación con quienes tienen compañía. “Nada se puede hacer en soledad." Pablo Picasso.
La Dra. Lura Pulkki-Raback, líder de la investigación, aseguró que el riesgo real de sufrir problemas mentales en quienes viven solos podría ser incluso mayor de lo que reflejan las estadísticas.
Los psicólogos y terapistas en el área de salud mental coinciden en que el apoyo emocional y el sentido de integración social protegen contra los trastornos mentales. Por esta razón, quienes esto se aíslan en busca de soledad tienden a deteriorar su bienestar emocional a medida que el aislamiento se prolonga. Como bien dijo Marilyn Monroe: “Vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso.”
Ahora bien, ¿el aislamiento solo afecta la parte emocional?…
En realidad, la soledad impacta tanto nuestra salud mental como nuestro bienestar físico. Las emociones, ya sea miedo, tristeza, alegría, vergüenza, envidia, felicidad o sorpresa, generan respuestas físicas en nuestro cuerpo. Así, el aislamiento no solo nos entristece, sino también puede afectar nuestra salud de manera tangible.
Si Dios, en su excelsa e infinita sabiduría y majestad creó orden y cooperación en el mundo animal- donde existe cooperación mutua, además del mutualismo o simbiosis; esto es, la asociación de especies diferentes que se ayudan mutuamente para beneficiarse o sobrevivir- ¿Cómo iba a ser el ser humano la excepción?
Desde el principio,Dios estableció que la ayuda idónea o compañía emocional y física del hombre era una necesidad. Al crear Dios al hombre y ponerlo como mayordomo de todo lo creado, pudo haber permitido que conviviera solo con el reino animal y vegetal. Sin embargo, consideró que debía crear a otro ser similar para que éste no se sintiese solo.
“Y dijo Jehová Dios: “No es bueno que el hombre esté solo.” Génesis 2:18.
Este versículo nos deja claro que el diseño humano incluye la necesidad de relacionarnos con otros. ¡Tal vez por eso la soledad nos golpea con tanta fuerza!
El Dios que adoramos, es un Dios de relación y comunidad. Eso es algo evidente de su propia naturaleza. Él es la Trinidad- tres en uno; Dios el Padre, Dios el Hijo, Dios el Espíritu Santo.
Dios mismo es un ser de relación y comunidad. Su naturaleza trinitaria- Padre, Hijo y Espiritu Santo- muestra la importancia de la conexión y el compañerismo.
Por eso, la Palabra Inspirada nos insta a vivir en comunión y ayuda mutua:
"Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." Mateo 18:20
Tan importante es la compañía que Jesús envío a sus discípulos de dos en dos a evangelizar, asegurando así apoyo tanto espiritual como físico.
El apóstol Pablo, en sus cartas, menciona las dificultades y la tribulación que enfrentó. Pero lejos de mostrarse como alguien desesperanzado, aislado o deprimido, siempre destacó la fortaleza que Dios le dio y la alegría de contar con amigos que lo apoyaron. ¡Eran compañeros en el camino de la vida!
Por ese motivo, cuando les escribió a los cristianos que vivían en Filipos, les dijo que además de poner su confianza en Dios, reconocía que ellos habían estado a su lado y lo habían apoyado en los momentos más difíciles.
Porque el verdadero compañerismo se trata de eso: estar con los demás en los buenos y malos momentos, ofreciendo ayuda y comprensión, y también permitiendo que otros nos acompañen cuando seamos nosotros quienes necesitamos de compañía.
En su doloroso camino al Gólgota, Jesús también recibió ayuda para cargar el pesado madero. Simón de Cirene tuvo compasión y acudió a su auxilio para alivianar su carga. De la misma manera, en algún momento de nuestra vida necesitaremos a alguien que nos extienda la mano con compasión.
Por eso, dejemos de lado el aislamiento voluntario. Dios nos da fuerzas para enfrentar cada situación y nos rodea de personas dispuestas a apoyarnos. ¡Celebremos la compañía de quienes nos aman! Aprendamos a ser buenos compañeros y a practicar la solidaridad.
Recuerda: ¡la carga es más liviana cuando se comparte!
¡Dios los bendiga rica y abundantemente!
Frank Zorrilla