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miércoles, 2 de octubre de 2013

“UNA AYUDA IDONEA EN PERSPECTIVA”



Mis queridos amigos y hermanos,

     Cuando Dios decidió organizar y afirmar los confines del universo; cuando Dios vio que toda su creación era buena en gran manera, pensó también en la creación de un ser semejante a Él, para que éste lo cuidara, disfrutara y se enseñoreara sobre todo lo creado. Dios le dio al hombre, la gran responsabilidad de ser: “mayordomo” o “administrador” del hábitat que había diseñado para él; le dio potestad para identificar por sus nombres a los seres creados antes de él. Este acto, (el acto de dar nombre a alguna cosa) implica dominio, parentesco, familiaridad y está íntimamente ligado al proceso simbiótico de la creación. En otras palabras: Dios, al tomar el polvo o arcilla de la tierra, moldear un muñeco con sus manos y darle vida animada; quiso que existiera una armonía entre el hombre y las con las cosas creadas para beneficio del hombre.

     Ahora bien, de lo expuesto en el párrafo anterior, podemos extrapolar el concepto armónico, con un axioma que pertenece a la esencia misma de la creación; es decir: Ante la maravillosa construcción de ese paraíso terrenal, en donde todo fue creado con un balance para que existiese un equilibrio equitativo, hacía falta algo, se necesitaba la “ayuda idónea” para el hombre; se necesitaba “la compañera física y espiritual para terminar la creación”: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” (Génesis 2:18).

     Si analizamos el contexto del versículo mencionado arriba, encontramos que: Dios vio la necesidad del hombre y conceptualizó la idea de crear a otro ser usando una palabra compuesta: “Ayuda idónea”. Dios tenía la potestad de crear a otro hombre, pero esto hubiese desbalanceado la armonía a la que hice referencia en los párrafos anteriores. Sin una compañera, la orden de Dios: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28), no hubiese sido posible, y la copulación con una especie animal no hubiese sido “Idóneo” para esos fines. Por lo tanto, Dios creó a la mujer utilizando como material, no la misma arcilla; más una parte del hombre creado. Utilizó un hueso que corresponde a la caja torácica del cuerpo para hacer una clonación adulta con capacidad para engendrar: “Y de la costilla que Jehová tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.” (Génesis 2:22).

     Como pudimos observar en el párrafo anterior, Dios no escogió un órgano vital para llevar a cabo esa operación; en cambio, utilizó una parte que sirve como caparazón para: cubrir, proteger y cuidar órganos vitales como son: El corazón, los pulmones, el hígado, etc. Es decir: El hombre, aunque puede vivir sin algunas costillas, al igual que puede vivir sin una mujer; necesita de soporte y compañía moral, física y espiritual.

     En el diccionario de la real lengua española encontramos el significado de: “Idóneo”, como sinónimo de: “Adecuado y apropiado”. Por lo tanto, la mujer constituye, el propósito de Dios para la faceta integral de dos entidades que viven por separado, uniéndose en un proceso biunívoco de crecimiento espiritual y deleite carnal como forma de perpetuar la vida en una participación de igualdad y equilibrio.

     En síntesis, la mujer y el hombre aunque se manifiesten como seres individuales independientes uno del otro, corresponden a una misma entidad que cuando se unen en un vínculo moral, los cónyuges descubren aspectos de su ser que sirven de: estímulo, satisfacción y de complemento beneplácito en ese otro ser.

 
     Bien lo dijo el apóstol: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer, pero todo procede de Dios.” (1Corintios 11:12). En otras palabras: El hombre y la mujer están ligados fisiológicamente, porque uno fue tomado de las células del otro; y cuánticamente, porque proceden de la misma red energética de la creación de Dios. Es por tanto, una bendición de Dios, donde el respeto mutuo debe ser reflejado para que exista la comunión.
     Ya el sabio Salomón, con su sapiencia, y su vasta sabiduría pudo describir el papel que representa la mujer en esa “ayuda idónea” para el hombre. En sus escritos, él hace mención de la imagen que refleja nuestra compañera idónea poniendo de manifiesto la faceta integral de la mujer en una interminable lista de virtudes como: persona, esposa, empresaria y madre. Él la llama: “Virtuosa”, porque representa: la idoneidad que Dios buscaba para una satisfactoria unión espiritual: “En ella el corazón de su marido está confiado, y por tanto no carecerá él de ganancia” (Proverbios 31:11).
     Lamentablemente, con la entrada del pecado, el divino sacramento; esa comunión entre los seres creados, fue dilapidado y confundido con una igualdad irracional. Los fundamentos básicos de ayuda idónea” se han corrompido; y un despliegue de desigualdades sociales han florecido para la discordia y quebrantamiento de un contrato moral establecido desde el principio: “Hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Más como dice el apóstol: “Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. Porque el que ama a su mujer, a sí mismo se ama.” (Efesios 5:28), y “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efesios 5:22).
     ¡Se pues feliz, y busca la “ayuda idónea” que Dios ha creado para ti!
¡La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 Frank Zorrilla