viernes, 18 de diciembre de 2020

EL ENGAÑO DE LOS PLACERES MOMENTÁNEOS: ¿VALE LA PENA?

Mis queridos amigos y hermanos,


“Trueque inútil que, como exabrupto fraguado, lisonjea el delirio;
Embeleso frágil, con aflicción perenne…

Embeleso frágil, con aflicción perenne…

Plato exquisito a la vista;

Con su aroma seduce el olfato…

Lentejas que usurpan la dignidad y reprimen bendiciones.”

                                    Frank Zorrilla

     En el libro de Génesis, encontramos un suceso peculiar  con una gran enseñanza. Un acontecimiento tan trascendental que podríamos decir que cambió el curso de la historia de la humanidad. Sus protagonistas son Jacob y Esaú, hijos mellizos de Isaac y Rebeca.

  Según Génesis 25:25, Esaú fue el primogénito. En la tradición hebrea, la primogenitura tenía un significado especial: el primogénito recibía una doble porción de la herencia y la bendición paterna, lo que lo convertía en la autoridad dentro de la familia. En otras palabras, ser el primer hijo no solo implicaba precedencia en el nacimiento, sino también una dignidad y superioridad dentro del núcleo familiar.   

     En el relato de Génesis 25:29-34  nos habla del momento en que Esaú, agotado tras un día de caza, llega a casa y, movido por el hambre, acepta un trato impulsivo con su hermano Jacob:  

     “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: “Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado”. Y Jacob respondió: “Véndeme en este día tu primogenitura”. Entonces dijo Esaú: “He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?”.  Y dijo Jacob: “júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura quedando sellada su suerte...” 

      ¿Y en qué consistía el guiso?Un simple plato de lentejas con pan, un alimento común tanto en la antigüedad como en la actualidad.

     Este pasaje bíblico es profundamente aleccionador. Por un lado, vemos a un Jacob, hábil, astuto y calculador, que en lugar de compartir su comida, aprovecha la debilidad de su hermano para arrebatarle su derecho de primogenitura. Por otro, encontramos a un Esaú impulsivo, indiferente, carente de visión y sensatez, quien, pese a conocer el valor de su primogenitura, la menosprecia por una necesidad momentánea. Su decisión precipitada cambió su destino y el de su descendencia.  
    
   Tal vez te preguntes: ¿Cómo pudo Esaú, en un acto deliberado, ceder algo tan valioso por algo tan insignificante como  un plato de lentejas?  

     Desafortunadamente, Esaú permitió que sus deseos inmediatos dominaran su juicio. Fue seducido por el aroma, deslumbrado por la apariencia del guiso y cegado por el hambre. Pensó solo en el presente, ignorando las consecuencias futuras. 

     Al leer esta historia, podríamos juzgar a Esaú con dureza y pensar: ¿Cómo puede alguien ser tan necio? Pero si reflexionamos un momento, nos daremos cuenta de que muchos de nosotros actuamos como él. 

     ¿Cuántas veces hemos cambiado nuestras bendiciones por placeres momentáneos? ¿Cuántas veces hemos cedido ante la tentación, intercambiando valores eternos por satisfacciones perennes?

     Sin darnos cuenta, cometemos el mismo error de Esaú cuando nos dejamos seducir por los “platos de lentejas” de la vida: ambiciones efímeras, deseos de la carne, placeres mundanos que parecen inofensivos, pero que nos alejan de lo realmente importante. Como bien dice el apóstol Juan:

      “Porque todo lo que hay en el mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” (1 Juan 2:16).
    
      ¿Cuántas veces hemos postergado nuestras bendiciones futuras por un simple trueque con el mundo?  Algunos lo hacen por saciar un vicio, otros por un placer fugaz, por una decisión imprudente, por debilidad de carácter, por una mentalidad precoz, por un desliz... Pero, sin importar la razón, el resultado siempre es el mismo: pérdida, dolor y arrepentimiento.  

     Así como Esaú, vendió su primogenitura, nosotros también podemos perder las bendiciones que Dios tiene para nosotros si no somos cuidadosos. El apóstol Pablo nos exhorta con estas palabras:

   “Digo, pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí.” (Gálatas 5:16-17).

     Es cierto que muchas veces, como pasó con Esaú, hemos pensado en el presente inmediato, pero no en las consecuencias de nuestras decisiones y actos. Nos hemos dejado seducir por los instintos y por el beneplácito que puede ser a nuestros ojos ese apetitoso “plato de lentejas”, pero que al final, no es más que trampa disfrazada.  Pablo mismo enfrentó este dilema cuando exclamó:

 “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros; esto es, en mi carne.” (Romanos 7:23).
   
     ¿Cuáles son los “platos de lentejas” que el mundo nos ofrece hoy?

      Los mismos que menciona Pablo en su carta a los Gálatas:

      “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, deserciones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gálatas 5:19-21).
 
      TODOS, en algún momento, hemos hecho trueque o cambiado bendiciones por un efímero e insignificante “plato de lentejas”, y quizás, así como lo hizo el apóstol Pablo, hemos exclamado: 

“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”… Hagamos lo mismo que hizo el apóstol Pablo  cuando reconoció su lucha interna y encontró su respuesta en Cristo:

 “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” (Romanos 7:24-25).

     Nosotros también podemos escoger sabiamente y no caer en la misma trampa. 

     No permitamos que los deseos momentáneos nos priven de las bendiciones eternas. Pensemos en los beneficios que obtendremos si crucificamos la carne con sus pasiones y deseos, en los tesoros que Dios tiene para aquellos que perseveran en su camino. 


¡Dios los bendiga rica y abundantemente!

Frank Zorrilla

 

sábado, 12 de diciembre de 2020

UNA INCLINACIÓN CONSCIENTE QUE DEGRADA NUESTRAS CUALIDADES INHERENTES

Mis queridos amigos y hermanos,

     “La maldad nace del corazón de cada individuo, pero constataban cómo toma luego cuerpo en la sociedad, las leyes y las costumbres, para terminar corrompiendo todo.” José Antonio Pagola

     Vivimos en una sociedad que tiene tendencia a manifestaciones violentas, crueles y perversas. Y ante ese caudal nefasto de energía caótica que el hombre pone de manifiesto, podríamos preguntarnos: ¿Nace el hombre siendo malo o es la misma sociedad que lo hace malo?…  
 
       El filósofo Thomas Hobbes, sostiene que el ser humano es perverso. El individuo, el hombre, posee la cualidad innata de unos instintos, los cuales reaccionan de manera directa según la influencia del ambiente; es decir, toda acción genera una reacción. El hacer lo malo está dentro de nosotros; y se desinhibe debido a factores externos que estimulan su manifestación.

     Cuánta razón tenia el biólogo y naturalista inglés Charles Darwin cuando expresó: “Dejamos de buscar monstruos debajo de nuestra cama cuando nos dimos cuenta de que estaban dentro de nosotros.”

      Al parecer, ese actitud de buscar en el exterior lo que en efecto es parte intrínseca y autóctona de todo ser racional consciente, es un mecanismo inconsciente de defensa ligado al instinto de preservación.

     Los psicólogos opinan que en cada ser humano existe un lado oscuro, pero también existe un lado predispuesto a la bondad y a hacer el bien. En otras palabras, en el interior de cada ser humano coexisten ambas tendencias. Una tendencia hacia la degradación perniciosa e indolente de otro ser humano a través de: chantaje, engaño, envidia, sadismo, crueldad, y todo acto inhumano. Es decir, la intención es: producir "dolor" a un semejante. Y la otra tendencia, es una inclinación hacia la armonía y confraternidad donde se pone de manifiesto el amor y la bondad a otro ser humano.  

     Algunos expertos tanto en el campo de la psicología, en la antropología, como en la sociología, consideran que la maldad del hombre se debe a procesos biológicos, culturales y medioambientales aprendidos desde la fase fálica y la adolescencia, y esas experiencias son puestas en práctica en la adustez. Sin embargo, están los que opinan que la maldad que manifiesta el hombre en el entramado social es innata, y se debe a una programación de algoritmos genéticos provenientes de los cromosomas X; en especial de una enzima neuronal llamada: “MAO-A” (Monoamina Oxidasa- A), la que también recibe el nombre de “gen guerrero”.

     Es de conocimiento científico que, niveles anormales del gen MAOA (Monoamina Oxidasa A) en la corteza cerebral, inhibe la metabolización de dopamina, afectando la inteligencia, estados anímicos, las relaciones sociales, la memoria, e incluso ser causante de comportamientos agresivos.
  
      De lo expuesto en los párrafos anteriores podemos preguntarnos: ¿Es la biología del hombre la que lo impulsa a actuar nociva e irracionalmente en contra de su propia naturaleza?... Es decir, ¿es la genética la responsable de la conducta maligna del hombre?… y si es así, ¿es la tendencia hacia el mal una condición innata o preexistente que está insertada en nuestra memoria celular desde el proceso embrionario o etapa cuando toma lugar la formación del corazón y el cerebro?…  O ¿Es la maldad, un comportamiento genético combinado con la cultura y el medio social donde crecemos?

     El gran apóstol Pablo con voz de angustia exclama: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.” (Romanos 7:19-20)
   
       Creo que no existen respuestas simples a las preguntas precedentes, pero estoy seguro que muchas veces nos preguntamos, el por qué existe tanta maldad en el mundo, y cuáles son las razones. Lo que sí estamos claros es que, a pesar de los estudios clínicos que se han realizado a cerebros de psicópatas donde se han encontrado anormalidad en la densidad del sistema límbico del cerebro, hasta ahora, la ciencia no ha podido descifrar con certeza, las razones que motivan al hombre a procurar perjudicar a otro ser humano; ya que se basan en conjeturas y análisis parciales no concluyentes.

     “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5:12).

     Originalmente, la naturaleza humana era perfecta en virtud de haber sido creada así por Dios. La Biblia enseña que los seres humanos fueron creados "buenos en gran manera" por un Dios amoroso (Génesis 1:31), pero esa bondad fue estropeada por el pecado de Adán y Eva. Posteriormente, toda la raza humana cayó víctima de la naturaleza pecaminosa. Amamos porque estamos hechos a imagen de Dios que es amor (1 Juan 4:16). Porque somos creados a Su imagen, podemos ser compasivos, fieles, sinceros, amables, pacientes y justos. En nosotros, estos atributos están distorsionados por el pecado, que también reside en nuestra naturaleza.

     “Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal.” (Génesis 6:5).

     Es importante notar que cuando las Sagradas Escrituras hablan sobre las acciones del hombre, nunca menciona la mente, sino el corazón. “Porque del corazón provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias.” (Mateo 15:19). 

     Es impresionante conocer que el corazón es el primer órgano que se forma en el saco embrionario (el corazón comienza a latir 3 semanas de la concepción). Estudios recientes han descubierto que este órgano contiene células neuronales con un campo electromagnético 5,000 veces más intenso que el del cerebro y que existe una comunicación directa con las neuronas cerebrales afectando nuestra conciencia y la forma como percibimos nuestro mundo.

      En resumidas cuentas, la tendencia del hombre a hacer el mal está ligada a la naturaleza pecaminosa del primer hombre creado. Solo cuando existe la genuina voluntad de transformación, acudimos a Jesús y hacemos una conversión a través del evangelio de salvación podremos adoptar la mente renovada de Cristo.

    “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.” (Romanos 12:1-2).

¡Dios los bendiga y los guarde!

Frank Zorrilla

 

jueves, 16 de julio de 2020

CUANDO LA SENSATEZ Y LA PRUDECENCIA SON NUESTRAS MEJORES ALIADAS

Mis queridos hermanos y amigos,

     “La seguridad sin libertad se llama prisión” Benjamin Franklin.

     Benjamin Franklin, fue un hombre muy polifacético y un gran erudito en varias ramas del saber. Además de ser uno de los fundadores de Estados Unidos de América, era un filósofo político que conocía el peligro de un gobierno absoluto, de la avaricia al poder y la capacidad ilimitada que posee el hombre para corromperse. A él se le adjudica la celebre frase: “Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad personal, no merecen ni libertad ni seguridad.”

“Todo hombre nace libre, pero fueron los enclaves sociales que él mismo reclamó, los que demarcaron su existencia atando su mente y su cuerpo físico.”  Aunque esta frase resulte chocante, encierra una realidad aterradora. Hemos depositado nuestra confianza en nuestros líderes; en nuestros hombres de ciencia; en nuestras instituciones gubernamentales, pero ¿qué podríamos hacer si esos líderes, esos hombres de ciencia y esas instituciones dejan de ser creíbles y solo nos manipulan como si fuésemos objetos inanimados?
  
  Ante la crisis pandémica que vivimos a nivel global, ha surgido una gran controversia entre la OMS (organismo de las Naciones Unidas sobre la salud mundial) y expertos en microbiología y enfermedades virales, al igual que científicos en enfermedades infectocontagiosas no afiliados con esa institución mundial. Estos expertos están alertando a la población mundial a través de medios alternativos, la engañosa propaganda que según ellos, es fomentada por la gran mayoría de emporios de comunicación a nivel global sobre el brote viral de COVID-19 o SARS-CoV-2 (virus perteneciente a los coronavirus y que son muy comunes en cerdos, camellos, murciélagos y gatos). Según estos expertos, la OMS ha dejado de ser una institución fiable y sólo responde a intereses financiados por las grandes empresas farmacéuticas y a ideales globalistas de una élite poderosa.

      Muchos virólogos se preguntan: ¿Por qué dar características de pandemia a un virus cuya mortandad a nivel global es menos de 1.4%. Es decir, de 1,000 personas afectadas sólo 14 perecen debido al contagio?

   Aunque la OMS desde que declaró el estado de pandemia ha cambiado las tasas de mortandad en varias ocasiones: 1.4% , 2% , 2.3% , 3.4% respectivamente, algunos señalan que los números estadísticos han sido manipulados y alterados para producir “pánico” en la población mundial, y así colapsar la economía global y al mismo tiempo introducir una vacuna con “efecto placebo”.
   
Algunos médicos a nivel global han denunciado haber sido amenazados por la OMS de cancelar sus licencias como médicos sino siguen los protocolos que provee esa organización mundial. Otros científicos han expresado su indignación por la campaña de descrédito que reciben al no estar de acuerdo con sus lineamientos y procedimientos. Ya nadie muere debido a enfermedades hepáticas, cardiovasculares, bronquiales, cancerígenas, entre muchas otras. Las actas de defunción en su gran mayoría menciona como causa probable al virus CoV-19. ¡Qué desfachatez y qué poco profesionalismo de la comunidad médica que se presta a esta falacia!

   Si a ellos les importa la salud global, ¿Por qué la OMS nunca ha declarado pandemia al virus de la influenza o gripe estacionaria si la mortandad es mucho mayor al virus COV-19?… Según datos suministrados por la misma OMS, a nivel mundial, la influenza causa unos 5 millones de casos de enfermedades graves cada año, y mata 650,000 personas en ese lapso. Solo la temporada 2017-2018 la CDC reportó en USA, 45 millones de personas enfermas a causa de la influenza, 21 millones de consultas médicas, 810, 000 hospitalizaciones y 61,000 muertes relacionadas con la influenza (datos obtenidos de Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de USA). Entonces, si la influenza contagia y mata a tanta gente anualmente, ¿por qué nunca nos enteramos de esos datos estadísticos? ¿Por qué los grandes medios de difusión en masa jamás han alertado a la población sobre la mortandad que produce la influenza?

   ¿Por qué cada 5 minutos todos los medios de comunicación nos mencionan el Coronavirus? ¿Están esos medios de difusión siendo manipulados y pagados por grupos elitistas para infundir pánico?

     Son muchas las preguntas que no tienen respuestas, pero lo que es aun peor, es la situación de los médicos que no están de acuerdo con la OMS, a los cuales se les ha tildado de reaccionarios y conspiradores de teorías falsas. Pero estos médicos reaccionarios consideran que no son “médicos domesticados” como los que se han dejado manipular por la organización global, y solo se guían por el juramento hipocrático: “No hacer daño al paciente”… Juramento que según estos profesionales de la salud, se ha vendido a la industria farmacéutica dirigida por la élite.

  Usemos la lógica de pensamiento sin tener que parcializarnos. ¿No es curioso que sólo apenas en Octubre del 2019, la Fundación Bill y Melinda Gates realizaron un simulacro de pandemia, donde usaron medidas de confinamiento y cuarentena para minimizar el contagio de un virus; donde hubo un colapso en la economía global y donde la solución fue una vacuna?… Ese evento al que hago referencia se llamó: “Evento 201” y se realizó en la ciudad de New York con la participación de virólogos de prestigio, empresarios, instituciones gubernamentales y representantes del sector salud del mundo. ¡Qué coincidencia que en el simulacro usaron casi un virus similar al CoV-19!

     ¿Acaso estamos frente a una "PLANDEMIA" donde todos estamos siendo engañados como imbéciles útiles?
    
Es sumamente extraño que la palabra “confinamiento” nunca se había utilizado en el argot médico a pesar de la inmensa cantidad de virus que han afectado a la humanidad. Sin embargo, la OMS está utilizando ese término como medida de prevención para el CoV-19. Desde el punto de vista psicológico, el confinamiento es nefasto para la salud emocional y mental de una persona. Además de producir ansiedad y depresión, estimula a una poca reacción inmunitaria. Es decir, el organismo se vuelve ácido haciendo que nuestro sistema inmune sea vulnerable al ambiente de virus y bacterias que forman parte de nuestro entorno.

  Otro descalabro radical en el proceso de erradicación de contagio es la “cuarentena”. Si la lógica detrás de la cuarentena es evitar la propagación del virus CoV-19, ¿por qué se le permite al paciente retornar a su hogar donde convive con sus familiares sin ningún tipo de tratamiento?

     Por otra parte, la recomendación de la OMS para evitar el contagio por CoV-19 es el uso de “cubrebocas” y guardar “distancia social de 6 pies”… Según algunos científicos, los “cubrebocas” son solo decoraciones absurdas, y peligrosas; ya que una persona sana usando cubrebocas por un largo periodo de tiempo puede perjudicar su salud debido a la cantidad de CO2 (dióxido de carbono) que recicla. Existe la posibilidad de una hipoventilación (respiración demasiado lenta), la cual aumenta el CO2 y producir hipoxia (bajo nivel de oxigeno en la sangre) afectando a su vez, los receptores de cortisol, y por ende, alterar funciones esenciales del cuerpo como: la presión sanguínea, el sistema inmune, reducción en los procesos de neuroplasticidad o capacidad del cerebro para adaptarse a los cambios y niveles de azúcar en la sangre.

     La gran mayoría de las personas usan esos cubrebocas aun estando solas dentro de sus vehículos o estando a solas, pero si la razón es impedir el contagio de persona a persona, ¿por qué usarlos si nadie está a tu alrededor?
 
  No obstante, los cubrebocas de tela recomendados por la OMS no detienen el virus en lo absoluto; por el contrario, una vez humedecidos, se convierten en un peligroso caldo de cultivo para bacterias y virus. Es decir,  que los cubrebocas son "adornos perfectos" para reciclar las mismas bacterias y virus que nuestro sistema trata de eliminar a través de las fosas nasales. Y muy útiles como campaña psíquica.

     Y ¿qué podemos decir de las mascarillas desechables?-  Están echas de polietileno, un material que al reutilizarse, se descompone con el tiempo y es muy dañino para los pulmones cuando inhalamos los residuos.

     Ahora bien, las mascarillas profesionales que están de moda son las N95, pero la gran mayoría de la gente ignora que según la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), para trabajos que deban utilizar la mascarilla N95, se recomienda una revisión médica y una prueba de función pulmonar. Además, si estas no están ajustadas correctamente, no sirven para evitar el contagio por nanopartículas.  
 
     ¿Será el cubreboca el preámbulo, o más bien, un ensayo social para una normativa restrictiva que impondrán en el futuro?... El libro de Apocalipsis nos habla de restricciones sociales que impondrá el gobierno mundial. Restricciones que impactarán nuestro diario vivir; algo muy parecido a la imposición gubernametal del uso de tapabocas en actividades sociales. "Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre." (Apocalipsis 13:16-17).
  
   En cuanto a la regla del distanciamiento social, la gente la ha interpretado cómo una “fobia social” combinada con un ostracismo irracional. La gente tiene terror a acercarse a otro ser humano porque teme ser contagiado del virus CoV-19. Los programadores mediáticos han empezado una campaña disparatada a través de los medios televisivos invitando a la población a abrazar un árbol y darle afecto. ¡La psicosis inducida ya está haciendo efecto en muchos autómatas que cómo robots obedecen las ordenes!

Este pánico colectivo de salir despavoridos al ver a otro ser humano acercarse, como si estos tuvieran lepra, es contraproducente a la necesidad social que tenemos los seres humanos de compartir nuestro entorno social con nuestra especie, y por ende no tiene sentido… ¿Por qué no usaron esas medidas draconianas con otros virus más contagiosos como el ebola o la gripe H1N1?… Además, si ya eres una oveja domesticada que usas mascarillas, ¿Por qué temer a que una persona se nos acerque?

  Las secuelas debido a la pandemia del virus CoV-19 a nivel global se deja ver en todos los ámbitos, desde el económico, con la pérdida de empleos; financieros, con una banca tambaleante; con la pérdida de libertades; con confinamientos; con efectos placebos suscitando a fenómenos hipocondriacos; con problemas psicológicos de depresión y ansiedad, hasta la pronta imposición obligatoria de una vacuna. Vacuna que dicho sea de paso, será obligatoria a expensas de perder el trabajo, recibir multas o impedir el derecho de viajar entre estados y países.  

   ¿En quién confiar, en las autoridades gubernamentales o ser sensato?- Desde luego que cuando depositamos nuestra confianza; nuestra seguridad; nuestra contribución en aquellos que nos dirigen y gobiernan, esperamos que sean leales, íntegros y honestos, pero lastimosamente, y cómo dijo el político y escritor inglés Lord Acton: “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente.”

  El asunto no radica en aceptar todo sin primero investigar a fondo. Tenemos la responsabilidad de usar la lógica de pensamiento, aprender para dejar de ser ignorantes y tener conocimiento de causa. Existe una gran diferencia entre percepción y realidad, pero desafortunadamente, la gran mayoría solo reacciona por percepción de una realidad subjetiva. El gran sabio Salomón aconsejó: “Compra la verdad y no la vendas; adquiere sabiduría, instrucción e inteligencia.” (Proverbios 23:23).

  Si según la OMS, la única forma de parar el contagio del CoV-19 es a través de una vacuna experimental, ¿cómo es posible que los científicos puedan crear una vacuna contra un virus desconocido en sólo meses, cuando tienen más de una década buscando una vacuna en contra de la influenza? ¿Quién nos puede asegurar de que no existirán efectos secundarios letales en esa vacuna experimental?  De hecho, la vacuna contra la gripe estacionaria es tan poco efectiva, que la proporción es solo de 10:4. Es decir, de cada 10 personas que reciben la vacuna contra la influenza, solo 4 no son afectados por la gripe.

Mi consejo final: escudriña, investiga, matemos la ignorancia, observemos y cuestionemos hasta encontrar respuestas satisfactorias, como lo hizo la Dra. Frances Oldham Kelsey cuando en el año 1960 y mientras trabajaba como farmacóloga para Administración de Alimentos y Medicamentos de USA, impidió la venta de un producto usado en embarazadas por considerar que no habían pruebas fehacientes que garantizaran la inocuidad del fármaco; aún a pesar de presiones e intento de soborno de parte de la empresa farmacéutica. Al final se determinó que ese fármaco ocasionó malformaciones a más de 10,000 niños en más de 45 países donde se vendió. Algunos bebés nacieron sin brazos, otros sin piernas y otros murieron en el útero. La ética y el amor de esa heroína evitó la muerte y malformación de miles de nacimientos y fue condecorada por el presidente John F. Kennedy en 1962. ¡Solo espero que otros héroes amen su profesión y eviten un desastre humanitario siendo leales a su juramento hipocrático! 

 “Mejor es adquirir sabiduría que oro preciado; Y adquirir inteligencia vale más que la plata.” (Proverbios 16:16

¡Dios los bendiga y los arrope con su bendición! 

Frank Zorrilla

miércoles, 8 de julio de 2020

MITOS, MANIPULACIÓN Y VERDAD: ¿POR QUÉ SEGUIMOS SIENDO IGNORANTES EN LA ERA DE LA INFORMACIÓN?

Mis queridos hermanos y amigos,
 
      Como bien lo expone el escritor rumano, Valeriu Butulescu:
“La ignorancia es la carga más pesada. Pero quien la lleva no la siente.” 

     La ignorancia es un concepto que alude a la falta de conocimiento sobre una materia o un asunto determinado y tiene relevancia en los ámbitos filosófico, pedagógico y jurídico. En un sentido figurado, podría compararse con una enfermedad endémica con características similares a una infección pandémica. Como dijo el gran genio Thomas Alva Edison: “No sabemos ni un cienmillonésimo de nada.”

   ¡Cuántos mitos, supersticiones y fábulas se han creado a lo largo de la historia simplemente por falta de conocimiento o por ignorancia colectiva! Estas creencias han acompañado al ser humano desde tiempos inmemoriales, obstaculizando su desarrollo en múltiples ámbitos. Lo más lamentable es que mucho de estos mitos fueron inducidos de manera intencionada o surgieron de interpretaciones erróneas de lo inexplicable, en complicidad con la pereza mental de no buscar  explicaciones razonables. 


¡Cuántos crímenes y atropellos se han cometido, y se siguen  cometiendo, debido a la falta de información o  a la nesciencia!
Como afirmaba Galileo Galilei
“ La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios.”

     Desde un enfoque sociocultural, la ignorancia ha sido utilizada como una herramienta de dominación por grupos de poder. Cuanto más ignorante es una población, mayor es el control que se puede ejercer sobre ella. Este oscurantismo, caracterizado por la restricción deliberada de ciertos conocimientos, ha existido desde los albores de la humanidad. Así lo evidencian estudios históricos y sociológicos sobre   civilizaciones antiguas y sus dinámicas sociales.

    ¡La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento, sino la negativa a adquirirlo! 
 
     En efecto, la agnotología, ciencia que estudia la ignorancia culturalmente inducida, distingue dos tipos de ignorancias: 
  1. La ignorancia sabia, aquella que reconoce la falta de conocimiento.
  2.  La ignorancia profunda, basada en una absoluta falta de información. 
     Sin embargo, el problema no es simplemente la ausencia de conocimiento, sino más bien, la falta de información adecuada. Esta se mantiene en un totalitarismo cognitivo, caracterizado por un hermetismo mental y gregario que se expande mediante consignas infundadas y arrogantes.
   
  ¿Puede la xenofobia ser parte intrínseca de un desconocimiento cultural o ignorancia profunda?

     Sin duda. La antropología, ciencia que estudia al ser humano de una forma integral en su aspecto biológico y social, muestra que la cultura de un territorio puede generar una ignorancia absoluta respecto a otras culturas. Esto puede convertirse en una barrera para comprender otras costumbres o culturas, derivando en fanatismo, intolerancia y racismo. Lo mismo ocurre en los procesos cognitivos, donde la ignorancia impide aceptar lo diferente o aquello que supone un cambio trascendental. Cómo dijo el filósofo Henry Home:
“La ignorancia es la madre del miedo.” 
 
        Es probable que algunos podrían pensar que, en la era digital y con el acceso masivo a la información,  la ignorancia ha disminuido. Sin embargo, esta idea debe analizarse con cautela, pues los medios de comunicación pueden manipular y censurar la información, filtrando solo lo permisible y no necesariamente lo verdadero. Esto crea una ilusión de conocimiento, pero en realidad mantiene la verdad confinada. “Lo peor de la ignorancia es que, a medida que se prolonga, adquiere confianza.”

    Debemos procurar en lo posible no dejarnos influenciar por el efecto rebaño, investigar por cuenta propia y buscar conocimientos que nos ayuden a elevar nuestra conciencia para no vivir en estados emotivos de miedo, de mitos, de supersticiones y fábulas, así como evitar ser manipulados por discursos sofistas. Como dijo Sócrates: “¡Solo sé que no sé nada!” y comenzar a aprender…

   Desde una perspectiva bíblica,  Salomón se refirió a la ignorancia con términos como: “escandalosa”, “tonta” y “sinvergüenza.” (Proverbios 9:13).

     La manipulación de las Escrituras por parte de los escribas y fariseos, junto con la ignorancia del pueblo, llevó al desconocimiento de la promesa dada por Dios a través de los profetas del advenimiento del Mesías, el Libertador prometido. Fue precisamente esta misma inconsciencia lo que condujo a la vejación, enjuiciamiento, tortura y crucifixión del Redentor del Mundo. Sin embargo, Jesús, comprendió la ceguera espiritual de la gente y, aún padeciendo el escarnio, y colgado de un madero, sintió compasión y entre jadeos exclamó:
“¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!” (Lucas 23:34).

¿Creen que solo los incultos son los únicos ignorantes?... 

     No necesariamente. Como advirtió el teólogo alemán Thomas De Kempis: “Si te parece que sabes mucho y entiendes mucho, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras.”

   Debemos ser cuidadosos porque, incluso el apóstol Pablo, hombre que recibió doctrina de los mejores doctores de la Ley, y una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística, era ignorante de las Escrituras y. debido a ello, persiguió y fustigó a los discípulos de Cristo. Solo tras su conversión reconoció: “Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor e injuriador: mas fui recibido a misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad.”(1 Timoteo 1:13). 


     La historia está llena de hombres y mujeres que desafiaron el status quo de sus tiempos y buscaron la verdad más allá de la duda razonable. Su valentía permitió derribar mitos, supersticiones y fábulas, generando avances en la filosofía, como en todos los ámbitos de las ciencias naturales y sociales.  Ejemplos de ello son la Reforma Protestante de Martin Lutero y la confirmación del modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico por Galileo Galilei. Incluso en el siglo XXI, muchas creencias e hipótesis que parecían inamovibles siguen desmoronándose a medida que la ciencia avanza.  ¡Debemos cuestionar la realidad siempre que exista una duda razonable y estar abiertos a modificar nuestras concepciones! 


    Existen personas con tal grado de inconsciencia o ignorancia, que quizás sus razonamientos cognitivos no les permite pensar el mal que pueden causar a través de sus acciones a otro ser humano, pero ¿es posible que el desconocimiento de la ley nos haga exentos de culpa?… 

     Desde el punto de vista jurídico, "la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento." Una vez  promulgadas, todos estamos sujetos a ellas. 


      Y  en cuanto al ámbito religioso,  Jesús fue claro: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14).  Según la Real Academia de la Lengua Española, la palabra testimonio significa "prueba, justificación y comprobación de la certeza o existencia de algo", por consiguiente, nadie podrá excusar su ignorancia del Evangelio. 

  Lo más prudente es seguir el consejo del poeta inglés Aldous Huxley:
“En la mayoría de los casos, la ignorancia es algo superable. No sabemos porque no queremos saber.” 

     El apóstol Santiago nos da una gran enseñanza:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5). 

     Pero más allá de la fe, debemos estudiar, aprender, cuestionar y evitar seguir patrones impuestos sin reflexión. Al final, no sabemos si simplemente estamos repitiendo un modelo erróneo, actuando como autómatas programados desde la infancia.

“¡Nada hay más terrible que una ignorancia activa!” 
Goethe.  

¡Dios los bendiga y los guarde!

Frank Zorrilla