martes, 3 de diciembre de 2013

¿LA RELIGIÓN ES OPIO O ANTÍDOTO DEL ALMA?..."El Espejismo de la Razón sin Dios."


Mis queridos amigos y hermanos,
  
Karl Marx,
filósofo y sociólogo alemán, expresó en una de sus frases más celebres:

 “La religión es el opio del pueblo. La felicidad real del hombre se obtiene aboliendo la felicidad ilusoria que produce la religión. Por lo tanto, la abolición de la religión es un llamado a abandonar una condición que requiere de ilusiones.” 
     
     Con estas palabras, Marx no sólo criticaba a la religión institucionalizada, sino que la asociaba con una ilusión necesaria en un mundo hostil, una especie de anestesia que calma al ser humano ante su miseria. Por analogía, relaciona la droga analgésica, narcótica y alucinógena “opio”, para poner en contexto una ilusión irreal fabricada en la mente del hombre, producto de una carencia real. Ilusión que él percibe como un deterioro en el desarrollo cognitivo la cual impide el crecimiento intelectual y científico del hombre en sociedad; por lo tanto, considera necesaria la abolición de la misma.
Karl Heinrich Marx
     De acuerdo a su lógica de pensamiento, la religión surge de la necesidad del hombre por explicar aquello que no comprende, funcionando como consuelo ante las creencias sociales, económicas y espirituales. 
     Desde el marco del materialismo histórico y dialéctico, Marx concebía la realidad como producto de las relaciones materiales de producción. En su análisis, toda explicación espiritual resultaba no solo innecesaria, sino estructuralmente perjudicial para el avance social y científico. La religión, lejos de ser un mero elemento prescindible, se erigía como un obstáculo epistemológico y político para la liberación humana. 
     Su  propuesta radical planteaba la abolición de la religión como requisito para:
    1- Forjar una conciencia libre de "ilusiones" o "el opio del pueblo."
    2- Alcanzar la emancipación humana de toda deidad o Ser superior. 
    3- Consolidar al ser humano como único sujeto autónomo dentro del orden material.
     En esta lógica, el hombre queda reducido a su dimensión material: un producto histórico cuyos limites y posibilidades lo determina exclusivamente la praxis social y las condiciones económicas, sin referencia a poderes místicos y exento a cualquier poder invisible. La filosofía es clara: la autodeterminación humana se ejerce en un universo casual cerrado, donde lo espiritual es, por definición, ideología. 
     El materialismo filosófico postula que todo lo que existe es materia, y que el conocimiento sólo es válido si puede comprobarse empíricamente. Bajo esta visión, Dios no tiene cabida, pues al ser espíritu no es cuantificable ni verificable por medios científicos. Esta corriente está íntimamente relacionada con el ateísmo científico, que excluye cualquier elemento sobrenatural de su campo de análisis.
     Según el postulado central del materialismo:
"Nada existe fuera de la materia. No hay Dios, ni alma, ni vida después de la muerte. Todo es evolución y azar." 
     Pero ¿es suficiente esta visión para explicar la totalidad de la experiencia humana?
     La capacidad finita del hombre, con sus observaciones y razonamientos lógicos, le permite formular hipótesis sobre algo que no logra entender usando como medio, una dialéctica racional que es sólo la representación de una verdad a medias, o una “percepción de la realidad” a través del pensamiento racional científico; pero todas esas ideas e hipótesis solo se  apoyan en los datos que la ciencia puede presentar como válidos. 
     No obstante, las hipótesis formuladas bajo el materialismo filosófico parten de un marco teórico que ellos entienden como “realismo”, pero no pueden ser comprobadas en el plano real porque carecen de fiabilidad absoluta.
      La experiencia religiosa no es simplemente un producto de ignorancia o miedo, como sugiere el materialismo. Por el contrario, ha sido una constante en todas las culturas y épocas. 

    De hecho, todas las religiones del mundo existen por una necesidad espiritual impregnada en la conciencia del hombre como medio de acercarse a su Creador. Por esa sed de justicia ante la inclemencia de lo que el hombre no puede explicar. En efecto, las religiones son producto de la necesidad del hombre por desear algo más que la simple existencia. Detrás de todas las religiones existe una creencia fundamental de que debe haber algo o alguien más que la simple existencia física que conocemos. La humanidad, desde tiempos remotos, ha buscado respuestas a preguntas fundamentales:

     ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?

     "Detrás de toda religión se esconde una sed de transcendencia que el hombre moderno no ha podido extinguir, ni con ciencia ni con tecnología." — Paul Tillich, teólogo y filósofo existencialista.

     El ser humano no solo piensa: siente, adora, se conecta con algo que percibe más allá de sí mismo. Por lo tanto, busca a través de la religión, lo que la lógica, el razonamiento y  los cuestionamientos, no le permiten entender, tanto en el origen del universo, de la vida y del significado de esta.  

     Esa necesidad espiritual es tan real como su necesidad física. Es evidencia real de que el ser humano, es más que una simple especie animal altamente evolucionada. Esta necesidad latente en su corazón está plenamente consiente de que deben existir valores espirituales, morales y éticos para ser aceptado por un Ser Superior a él. Entonces, el problema no es la religión, sino la desconexión de su esencia. La verdadera religión —la que conecta al hombre con Dios— no es opio, sino agua viva como dice el apóstol en Juan 4:14.

       Cuando el hombre elimina a Dios de su cosmovisión, automáticamente se erige a sí mismo como medida de todas las cosas. Pero, sin un marco ético y moral absoluto, ¿qué nos queda? ¿Qué detiene la caída en el relativismo, la corrupción o el egoísmo?
       "Si Dios no existe, todo está permitido." —Fiódor Dostoievski.
      En esencia, el “materialismo” como aplicación y filosofía, junto con la teoría del evolucionismo biológico como selección natural, le da libertad al hombre para hacer lo que le plazca, y por ende no estar sujeto "al bien o al mal."
     La Biblia advierte con claridad sobre los razonamientos que ignoran a Dios: 
     "...Profesando ser sabios, se hicieron necios, y su necio corazón fue entenebrecido." (Romano 1:21-22)
     Y añade: 
     “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:20)
     Dios no es una ilusión: es la base de toda existencia. Su huella está en la creación, en la conciencia humana y en la necesidad universal de adoración, justicia y propósito. 
     La ciencia y la fe no son enemigos, sino dimensiones complementarias. La ciencia responde al "cómo"; la fe response al "por qué".
     "La ciencia sin religión es coja, y la religión sin ciencia es ciega."—Albert Einstein
     Y como señaló el físico teórico, Freeman Dyson: 
     "Cuanto más examino el universo y los detalles de su arquitectura, más evidencia encuentro de que el universo, en algún sentido, debe haber sabido que íbamos a venir."    
     El avance científico ha llevado a muchos, no al ateísmo, sino al reconocimiento de un diseño inteligente detrás del universo. La complejidad del ADN, el ajuste fino del cosmos, y la conciencia humana son pruebas difíciles de ignorar. No obstante, l
os científicos, tienen la desagradable tarea de acudir a los métodos inductivos de la asunción para descifrar el gran enigma que implica lo material y lo espiritual.
     ¿Qué clase de mundo tendríamos si eliminamos la idea de Dios, del bien, del mal, del propósito y la transcendencia? ¿Podríamos vivir únicamente bajo las reglas del instinto, la evolución o el poder? ¿No es acaso más peligrosa esa visión que aquella que busca el amor, la justicia y el perdón?

     "Sin Dios, el hombre se convierte en un experimento sin propósito." — Ravi Zacharias

     Deberíamos reflexionar en las siguientes preguntas:

  • ¿Estamos dispuestos a aceptar que sólo lo material define nuestra existencia?
  • ¿Puede la ciencia explicar el alma, la moral, el amor y la conciencia?
  • ¿Qué consecuencias trae eliminar toda noción de Dios en una sociedad?
  • ¿Y si Dios no es una ilusión... sino la verdad que tanto buscamos?

               Considero que la religión solo dejará de ser necesaria cuando hayamos creado un mundo que la haga innecesaria. Mientras tanto, su abolición podría ser tan cruel como el sistema que la critica. 

      Y tú, querido lector: 
 
     ¿En qué basas tu existencia? ¿En hipótesis humanas o en una verdad revelada por el Creador?

     "Porque separados de mí, nada podéis hacer." —Jesús de Nazareth (Juan 15:5)


¡La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!


Frank Zorrilla





lunes, 25 de noviembre de 2013

CRISTIANOS Y POLÍTICA: " ¿Silencio Culpable y Pernicioso o Voz Profética?...La Neutralidad De Los Buenos Puede Tener Consecuencias Aterradoras."


Mis queridos amigos y hermanos,

    


     Como seguidores de Cristo, surge una pregunta fundamental:

    ¿Cuál debe ser nuestra participación dentro de una sociedad organizada? 


 ¿Acaso debemos mantenernos al margen de la vida política únicamente por seguir el evangelio?... 

     
     Muchos creyentes deciden apartarse de la política al iniciar su caminar en la fe. Entre las razones más frecuentes se encuentran:

1. El temor de no ser fieles al evangelio  al involucrarse en asuntos de poder. 

2. El riesgo de desviarse o sucumbir a la ambición y la corrupción. cristianos. 

3. La percepción de que la política es un obstáculo para la santificación y el crecimiento espiritual debido a la falta de integridad.

4. La influencia de ciertas doctrinas eclesiales que desalientan la participación en asuntos políticos.
       El filósofo Arthur Schopenhauer lo expresó con crudeza:

"La política es un juego de intereses donde la verdad rara vez tiene lugar."
     
     Todas estas razones son comprensibles, pero la Biblia nos muestra ejemplos de hombres de Dios que sirvieron en cargos políticos sin comprometer su fidelidad al Señor:

      •   José en Egipto (Génesis 41:40).
      •  Daniel en Babilonia (Daniel 2:48).
      •  David en Israel (2Samuel 5:4).
      •  Salomón en Jerusalén (1Crónicas 29:23). 

        La Palabra confirma: 

"Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime." (Proverbios 29:2)


      ¿Debe un cristiano mantenerse al margen de la política?

      Algunos creyentes sostienen que un verdadero cristiano debe ser "apolítico".  Esta neutralidad política, que predica el no involucramiento de un hombre de fe en decisiones de carácter gubernamental, está basada, en gran medida, en una interpretación errónea de Mateo 22:21. Allí Jesús declaró:
      
     “¡Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios!.” (Mateo 22:21) 
     
     Sin embargo, el contexto de estas palabras no es un llamado a la indiferencia política, sino a cumplir nuestras responsabilidades civiles sin descuidar nuestra lealtad a Dios. Jesús nos enseña a ser ciudadanos ejemplares, obedeciendo las leyes humanas mientras no contradigan las divinas.

     El escritor George Orwell advirtió:

     "La política es el arte de mentir con convicción."

     Y sin embargo, la Biblia nos recuerda el camino opuesto:

     "Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia, y humillarte andando con tu Dios." (Miqueas 6:8)

     Si observamos con atención los acontecimientos sociales, notaremos que el creciente poder político de ciertos grupos recalcitrantes es motivo de gran preocupación, pues las leyes que se están aprobando en diversos parlamentos o hemiciclos alrededor del mundo resultan, en muchos casos, contraproducentes y alarmantes.     La influencia de grupos con agendas contrarias a los principios bíblicos ha crecido significativamente en el ámbito político de muchas naciones. Como resultado, se han aprobado leyes que atentan contra los valores morales, éticos y cristianos, transformando sociedades y redefiniendo conceptos fundamentales como el matrimonio y la familia.


     El filósofo nihilista Emil Cioran lo expresó así:

     "Las utopías políticas son cárceles para el espíritu, donde se sofoca lo humano en nombre de lo colectivo."

     En contraste, Jesús afirmó:

     "Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder." (Mateo 5:13-14)     

      El poder y la influencia política de estos grupos les ha permitido ejercer un control significativo sobre los sistemas legislativos a nivel global, promoviendo propuestas de ley liberales y reformistas que contradicen los preceptos bíblicos y erosionan los principios morales que en el pasado se defendían con firmeza. Estas leyes no solo les otorgan derechos, sino que les conceden mayor libertad para imponer sus agendas, ampliando su alcance e influencia sobre los diversos sectores que conforman la moderna y emancipada sociedad pluralista.  

     Todo esto ocurre bajo el amparo de marcos constitucionales establecidos, lo que refuerza aún más su capacidad de acción.

     La inercia de estos grupos, ya ha tomado un impulso descomunal; por lo tanto, si no participamos activamente en las decisiones que se promueven en la sociedad a través de la vida política de un país, y si no somos participes de un movimiento que bloquee esos planes malévolos, nuestras futuras generaciones estarán sometidas al capricho de unos cuantos hijos de desobediencia.

      Es el caso de los
Estados Unidos de América es ilustrativo:
 

  •  Aunque su lema nacional es "En Dios confiamos", se ha intentado eliminar la fe del espacio público.
  •  Se ha legalizado el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo en muchos estados. 
  • La adopción y la gestación subrogada se han desvinculado de los principios bíblicos sobre la familia.
  • La legalización de drogas y el fácil acceso a armas muestran un alejamiento de los valores divinos.   

     Como podemos apreciar en esa amalgama de leyes establecidas en la Unión Americana, existe un denominador común. Un plan siniestro para estropear y socavar la reivindicación del hombre ante Dios, incrementando el distanciamiento de éste y el Creador, y menospreciando el gran sacrificio de redención en la cruz del calvario. 

     

¿Cree usted que el poder político de esos grupos se limita en las fronteras de USA?


     Desafortunadamente, la influencia que ejerce esta potencia mundial se expande a través de tentáculos transculturales a nivel global, afectando la moral y los valores espirituales en muchas otras sociedades del mundo.

     Frente a este panorama, la pregunta clave es inevitable:

      ¿Cómo podemos frenar el avance de ideologías contrarias a los principios cristianos en los organismos del poder? - 

       

     La respuesta es clara: con nuestra participación activa en la vida política y social de nuestras naciones. No podemos quedarnos de brazos cruzados, permitiendo que otros dicten el futuro de nuestras sociedades sin levantar la voz en defensa de nuestros valores.

  • Si callamos, otorgamos.
  • Si no participamos, otros impondrán sus agendas.
  • Si no somos parte de la solución, nos convertimos en parte del problema.

      Se necesita nuestra activa participación en los asuntos relacionados con la promulgación, toma de decisiones, aprobación, rechazo y puesta en ejecución de leyes que puedan soslayar o implicar imposiciones contrarias a los valores que he citado anteriormente.

     El evangelista Billy Graham fue categórico:

     "Cuando un hombre de Dios calla en asuntos de moral pública, ha fallado en ser la voz profética que el mundo necesita escuchar."  

     Si hombres y mujeres temerosos de Dios ocuparan cargos políticos, marcarían una diferencia significativa, promoviendo principios de justicia, integridad y amor por el prójimo. Además, su testimonio en la vida pública sería una oportunidad para llevar el mensaje del evangelio a más personas. 
 
      
      Helena G. de White expresó con profunda claridad:

     “La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren. Hombres que sean honrados y sinceros en lo más íntimo de sus almas. Hombres que no teman dar al pecado el nombre que les corresponde. Hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo. Hombres que se mantengan de parte de la justicia, aunque se desplomen los cielos."

     

     Solo quienes temen a Dios poseen estas cualidades. Si personas con este carácter incursionaran en la política, nuestras naciones serían grandemente bendecidas. 


     ¿Quieres ser tú la diferencia?



¡Qué la gracia y las bendición de Dios te alcancen y te guíen en cada decisión!

Frank Zorrilla