Páginas

martes, 5 de noviembre de 2013

EL CONCEPTO ABSTRACTO DE: “UN DIOS EN BLANCO Y NEGRO"


Mis queridos amigos y hermanos,

     ¿Cuáles son nuestras perspectivas para convivir con otros seres humanos y en que consisten nuestros valores? - ¿Acaso será la concentración del pigmento melanina en nuestra piel? O ¿la esencia de lo espiritual, como seres creados por Dios?, ¿Tiene Dios una pigmentación o un color de piel definida?
     Los seres humanos nos enmarcamos bajo diversos dogmas, creencias religiosas, lenguajes, culturas y geografías para delimitar las diferencias asociaciones étnicas. Somos distintos por nuestras costumbres y nuestros rasgos físicos; pero en esencia, fuimos creados usando el mismo material de la tierra. ¿Será la concentración de melanina en nuestra epidermis sinónimo de inteligencia o belleza? O ¿respondemos a un fenómeno de aprendizaje?
     Como bien es sabido por los psicólogos y experto en este tema, la adquisición de destrezas y habilidades en el razonamiento cognitivo es influenciado directamente por lo que aprendemos desde pequeños. Es más bien como un conductismo” basado principalmente, en la teoría asociativa o acondicionamiento: estimulo-respuestay refuerzo-contigüidad donde el comportamiento humano no es innato, o debido al factor herencia; sino más bien, aprendido.
     A medida que el aprendizaje progresa, el ser humano se va forjando ideas y conceptos definidos en su psiquis para “RECHASAR” y/o “ACEPTAR” ciertas condiciones o valores muchas veces impuestos desde temprana edad, con el sólo propósito de condicionar y contaminar nuestra mente a concebir lo “Blanco”, y todo lo que implica su concepto, como sinónimo de: “hermosura, belleza y armonía”. Desde luego, que para definir lo “Negro” es lo opuesto; y por ende debemos rechazarlo o verlo desde una óptica inferior.
     Creamos imágenes de un Dios “Blanco” con barba rubia, ojos azules, nariz simétricamente proporcional a las facciones de su rostro, correspondiendo inalterablemente a la divina proporción. En otras palabras, un modelo característico de las películas producidas en Hollywood, pero ¿Quién ha visto a Dios, y ha vivido para contarlo?...
     Jesús cuando estuvo en esta Tierra afirmó: “No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. Si me conocieseis, también a mi Padre conocerían; y desde ahora le conocéis, le habéis visto. (Juan 6:46. Juan 14:7). Pero todavía la incertidumbre carcomía los huesos de aquellos que querían conocer la apariencia del Padre, por lo que Felipe (uno de los discípulos de Jesús) responde: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Juan 14:8). Esa actitud de duda, genera una pregunta muy contundente de parte del hijo de Dios: “¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” (Juan 14:9).
     Según los antropólogos forenses, Jesús no tenía rasgos físicos caucásicos o de raza blanca, como las imágenes que vemos hoy en día. Su tez era de tonalidad oscura, esto debido a las condiciones del clima en el Medio Oriente. Ya el profeta Isaías había escrito: “No hay hermosura en él, ni esplendor; lo veremos, más sin atractivo alguno para que lo deseemos. (Isaías 53:2).
     No es el caso del tercer hijo del rey David, Absalón a quien la Biblia describe de la siguiente manera: “Y no había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él defecto.”(2nda de Samuel 14:25). Jesús no tenía una contextura física extraordinaria que pudiera identificarlo ante otros hombres por su tamaño o musculatura. Esto lo podemos observar cuando Judas el traidor, tuvo que identificarlo a los guardias que vinieron a arrestarlo: “Y el que lo entregaba les había dado señal, diciendo: “Al que yo bese, ese es; prendedlo”. (Mateo 26:48).
 
     Entonces, ¿de dónde sacamos esa falsa imagen de un Dios blanco?, ¿cuál es el verdadero significado detrás de esta programación psicológica? Lamentablemente, hemos sido subyugados e hipnotizados. La primera, utilizando la fuerza bruta, como aconteció en el pasado. Y la segunda, inadvertidamente, siguiendo un patrón impuesto de programación psíquica para asociar la superioridad de acuerdo a la etnicidad. Esta afirmación la podemos comprobar, si nos enfocamos en el aspecto sociológico del hombre y sus conquistas; avasallando otros grupos étnicos y culturales e imponiendo su hegemonía a la fuerza en las regiones conquistadas. Los grupos sociales más fuertes han utilizado los mismos algoritmos por milenios porque dan resultado. En la antigüedad era en forma de “esclavitud” y en el presente, bajo un sometimiento ideológico que se oculta maliciosamente en la sombra del conductismo humano. Dando lugar a movimientos xenofóbicos y al horrible fenómeno del racismo.
     Si nos basamos estrictamente en la ciencia genética, descubriremos que todos los seres humanos somos homogéneos, o básicamente iguales. Esto se demostró a través de un estudio de las diversas poblaciones de distintos Continentes, en donde se comprobó que las diferencias de ADN entre dos personas elegidas al azar de prácticamente, cualquier parte del mundo, equivalen a un 0.5%. Según el estudio, entre el 86 y el 90% de las diferencias encontradas entre los ADN aparecen entre personas del mismo grupo racial, mientras que tan sólo un 14% o menos del 0.5 %, se encuentran entre personas de grupos distintos. Por lo tanto, el concepto de raza queda ambiguo, ya que todos somos iguales, Dios nos creó usando el mismo material.
     Del párrafo anterior podemos deducir, que los factores morfológicos, como son: el aspecto físico o rasgo facial y el color de piel o la concentración de melanina, son sólo producto de la adaptación del hombre a las diferentes regiones que le ha tocado vivir. A esas características biológicas se le denominó: “Raza” como forma de distinguir entre grupos étnicos. Distinción que no tiene validez taxonómica de acuerdo a los antropólogos; ya que la especie humana está compuesta por una sola raza y ésta a su vez se divide en diferentes etnias y pueblos. En otras palabras: El concepto de razas, sólo produce el segregacionismo y la discriminación entre los seres creados por Dios.
     Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, ¡no idéntico! Nos creó como seres iguales. Ni superiores, ni inferiores. La imagen de Dios no es sinónimo de raza; por el contrario, es sinónimo de: “parentesco a Dios”. Adán no se parecía a Dios en el sentido de que Dios tuviera carne y sangre. De acuerdo a las Sagradas Escrituras, “Dios es espíritu” y por tanto, Él existe sin cuerpo material. Sin embargo, el cuerpo de Adán reflejó la vida de Dios, en cuanto a que fue creado con perfecta salud y no estaba sujeto a morir; ¡fue hecho perfecto!
 
     La imagen de Dios se refiere a la parte inmaterial del hombre. Es una semejanza desde el aspecto mental, moral y social. Mentalmente, el hombre fue creado para razonar y tener voluntad propia. Moralmente, el hombre al ser hecho a imagen de Dios, tiene la capacidad de elegir su comportamiento ante el bien y el mal, y Socialmente hablando, el hombre fue creado para tener compañerismo. Esto refleja la Trinidad de Dios y su Amor, porque Dios consideró que el hombre no debía estar solo.
     No nos dejemos confundir con realidades ilusorias con fines divisionistas y malévolos. Recordemos, lo dicho por el apóstol Pablo: “Revestíos del nuevo hombre, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay Griego, ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Escita, esclavo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos.” (Colosenses 3:10-11).
 
     ¡La gracia y las bendiciones de Dios sean con ustedes!
 
Frank Zorrilla