martes, 7 de abril de 2015

ZAFIO ANTIFAZ PARA OCULTAR EL ENGAÑO


Mis queridos amigos y hermanos,

Hipocresía

    Intima amiga de la mentira y compañera inseparable del engaño;

en escenarios desleales llevas a cabo tu gran actuación, haciéndote mieles para atrapar simpatías;  

más ocultando con sigilo el acíbar que llevas dentro.

Con verbo dulce empalagas a tus víctimas y tu beso tierno es el preámbulo de la traición.” Frank Zorrilla 

       ¿Cuántas veces hemos fingido y/o disimulado un sentimiento por conveniencia, por codicia, por egoísmo, por adulación, e inclusive; por corrupción?- 
     Lastimosamente, y al fingir cualidades, ideas y sentimientos contrarios a nuestro sentir interior, nos convertimos en: “antagonistas de la sinceridad”. Es decir: “Hipócritas” o hijos de “Judas Iscariote.”
     La hipocresía es el arte de amordazar la dignidad. Una falsa gema que destella mediocridad haciendo enmudecer los escrúpulos en los hombres incapaces de resistir la tentación del mal. Y cuando nos deleitamos en su práctica, nos convertimos en tramoyistas, cuya actuación sólo enmascara la mentira. ¡El odio es loable si lo comparamos con la hipocresía!

     “Lo que permite el surgimiento de la hipocresía es la pura debilidad moral y la cobardía. Si se tiene valentía para afrontar las consecuencias, nunca diremos una mentira”. Sathya Sai Baba
     
Si analizamos bien el acto vergonzoso de la “hipocresía”, encontraremos que en su trasfondo, esquivamos la responsabilidad de nuestras acciones; y al repetir esa falsa, nos transformamos en audaces personajes de la traición y enemigos de la lealtad. Conspiramos entre las sombras, alabamos con reticencias ponzoñosas y difamamos con afelpada suavidad. Es cómo si al enmascarar nuestros sentimientos y simular lo que no sentimos, abandonamos la originalidad cerrando las rendijas de nuestro espíritu por donde puede asomarse nuestra personalidad desnuda, sin el ropaje social de la mentira.
     Cómo dijo José Ingenieros: El hipócrita suele aventajarse de su virtud fingida. Su religión es una actitud y no un sentimiento. Por eso suele exagerarla: es fanático. En los santos y en los virtuosos, la religión y la moral pueden correr parejas; en los hipócritas, la conducta." 

     El apóstol Pablo lo describe de una forma simple: “Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, a sí mismo se engaña.” (Gálatas 6:3).

     Desde el punto de vista del psicoanálisis, el profesional de la conducta humana reconoce al “Tartufo” por la distinción existente en los rasgos de un simulador  y una persona virtuosa. Mientras el simulador es cómplice de los prejuicios que fermentan en su medio sustentado por la mentira; el virtuoso, en cambio, posee algún talento que le permite sobreponerse a dichos prejuicios. Por lo que tarde o temprano, la acorazada apariencia, dejará de existir y el simulador mostrará el  sentir de sus verdaderos sentimientos y propósitos.
     En la Biblia encontramos muchos versículos que hacen referencia a la hipocresía. En sus escritos, nos previene de sus garras, y nos aconseja de su deslealtad. El mismo Jesús, llamó despectivamente: “hipócritas” a algunos fariseos que pregonaban conocer a Dios; y cómo es sabido, fue traicionado por un acto vil de hipocresía en la persona de uno de sus discípulos.
     Lamentablemente, el tartufismo moral, religioso y político siempre ha estado presente en el ser humano; y podemos ver su manifestación en todo el ámbito sociocultural donde se desarrolla e interactúa el hombre. Ya sea en el núcleo de la sociedad, “la familia”, en el entramado político, cómo en los lugares de adoración. Ella no tiene fronteras ni hace distinción entre personas.
      El Señor Jesús habló ampliamente sobre los que usan “la hipocresía” cómo norma de conducta, y nos aconseja: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, más de dentro son lobos rapaces.” (Mateo 7:15). Y advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: más el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?- Y entonces les protestaré: ¡Nunca os conocí, apartaos de mí, obradores de maldad!.” (Mateo 7:21-23).
     ¿Acaso, no se inmiscuye a los que profesan el ascetismo religioso?- 
El apóstol Santiago exhorta: “Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana.” (Santiago 1:26). Más, el pronunciamiento contundente lo recibimos a través del apóstol Juan cuando expresa: “El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él.” (1Juan 2:4).
     Ante todo lo expuesto, ¿todavía tenemos la desfachatez de continuar siendo: “Tartufos”?
 ¡Dios los bendiga rica y abundantemente!

Frank Zorrilla


jueves, 2 de abril de 2015

EL BUEN PASTOR: Guía, Sacrificio y Esperanza en un Mundo Desorientado."


Mis queridos amigos y hermanos,

     En las profundas composiciones del rey David, encontramos un salmo que trasciende la poesía para convertirse en un testimonio vivo de fe. No se limita a describir a Dios como pastor, sino que revela una relación íntima, protectora y llena de propósito. Esta imagen, sin embargo, no nace con David. Es un "hilo escarlata" que recorre la Biblia desde el Génesis, mostrando el corazón de Dios hacia su pueblo.

“Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmos 23:1-4)

     Estas palabras resuenan con una verdad eterna. David, quien en su juventud cuidó rebaños, comprendía el peso y la belleza de esta vocación. Ser pastor implicaba vigilancia día y noche, sacrificio constante y un amor que no se rendía ante el peligro. Su antepasado Jacob ya había visto esto, al bendecir a José y llama a Dios "el Pastor de su vida". Era guiar, alimentar y defender, incluso a costa de la propia comodidad o vida.

     "El amor verdadero nace del sacrificio , y el sacrificio es la prueba del amor."Clive Staples Lewis

      Un pastor auténtico recorre largas distancias en busca de pastos verdes y aguas tranquilas. Permanece en vela en la penumbra de la noche cuando presiente el peligro de depredadores hambrientos, a los que ahuyenta con su vara; y con su cayado, con ternura y firmeza, reconduce a la oveja descarriada. Cada acto refleja una devoción inquebrantable, un retrato que encuentra su plenitud en una figura: Jesucristo.

     "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas." (Juan 10:11)

      Su liderazgo no nace de la obligación, sino de un amor radical. Él no es un asalariado que huye ante el lobo, sino el guardián que conoce a cada una por su nombre. Él es el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a través del profeta Ezequiel: "Yo mismo buscaré mis ovejas y las cuidaré... y levantaré sobre ellas a un solo pastor, y él las apacentará." (Ezequiel 34:11,23). Su sacrificio en la cruz es la máxima expresión de este cuidado, un amor que se entrega sin reservas para dar vida en abundancia


     ¿Por qué pasan cosas difíciles si Dios me cuida?

   
     La relación con el Buen Pastor no está exenta de momentos de corrección. A veces, sentiremos su vara como un garrote para disciplinarnos cuando nos descarriamos obstinadamente. Esta no es una señal de abandono, sino de pertenencia. Como un padre que corrige a su hijo, Dios usa la vara de la adversidad o la convicción para alejarnos de la desobediencia que nos destruye. 

     "No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere." (Proverbios 3:11-12)

     Otras veces, experimentaremos el cayado, que nos guiará con suave presión hacia aguas tranquilas y nos protegerá del peligro que ni siquiera vemos. Ambas herramientas —la vara correctora y el cayado protector— son manifestaciones de un mismo amor inquebrantable. Son las dos manos del mismo Pastor: una que disciplina y otra que consuela, ambas trabajando en armonía para nuestro bien supremo.

      ¿Debemos confiar plenamente en todo aquel que se llame pastor?

     ¡No! El título no es una garantía automática de integridad, sabiduría o carácter. En nuestra era, proliferan voces que reclaman el título de pastor, pero cuyo corazón está lejos del rebaño y solo buscan fama, dinero o poder. Son líderes que duermen en una vigilia, no defienden la verdad, no conocen a sus ovejas ni las aman y solo confunden con doctrinas vacías y promesas huecas. Son la encarnación de los "malos pastores" contra los que Dios mismo lanzó su juicio en la antigüedad, aquellos que se apacientan a sí mismos en lugar de al rebaño. Son "asalariados del alma", cuyo interés se desvanece cuando aparece la verdadera adversidad.

     "Donde falta la verdad, el pastor se convierte en un ídolo mudo, y la fe, en una religión vacía."Inspirado en Friedrich Nietzsche

     Frente a este escenario, la promesa de Cristo resuena con esperanza; Él no ignora a ese rebaño herido, y como Pastor Supremo, busca a las ovejas perdidas, aquellas que ningún redil terrenal ha podido guardar.

     "También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas que también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor.” (Juan 10:16).

      Su llamado trasciende muros y tradiciones. Quien escucha Su voz encuentra, al fin, descanso para el alma.

     A lo largo de las Escrituras, Dios eligió a pastores —desde Abel y Abraham hasta Moisés y David — para guiar a su pueblo, demostrando que la verdadera autoridad nace del servicio y la humildad. No fueron los poderosos ni los autosuficientes los testigos privilegiados de Su gloria, sino los humildes de corazón, preparando el camino para la llegada del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

     "El cielo vela por los sencillos y se oculta a los sabios según el mundo." Inspirado en Blaise Pascal. 

     Jesús es la cumbre de esta revelación: el Verbo hecho carne, el Pastor que se inmoló por su rebaño. En Él, el cuidado divino se hace tangible, ofreciendo restauración y la seguridad de que, incluso en el valle más oscuro, nunca caminamos solos.

     El rebaño de Dios no depende de la sabiduría humana ni de los líderes falibles, sino de la voz del Pastor verdadero. Escucharla y seguirla es el antídoto contra la confusión y el desaliento. Su guía transforma los desiertos de nuestra vida en oasis de paz y convierte los valles de sombra en lugares donde nuestra fe se fortalece. 

     "Sin un pastor, el alma vaga sin rumbo; con Cristo, encuentra el camino de regreso a casa."Inspirado en León Tolstoi.

     Su invitación es personal y persistente. Él no fuerza la puerta, pero llama con paciencia a cada corazón, extendiendo el llamado que ha resonado desde los patriarcas hasta el apóstol Juan:
 
     “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." (Apocalipsis 3:20).

     Jesús, el Buen Pastor, nos guía en la incertidumbre, nos ampara en el peligro, nos disciplina en el descarrío y es luz en la más densa oscuridad. Seguirle no es una rendición pasiva, sino confiar plenamente incluso cuando Su corrección nos duele, sabiendo que Su vara y Su cayado, en su perfecto equilibrio, son nuestro mayor consuelo.

     "Cuando todo lo demás se desvanece, lo único que perdura es la fidelidad de Aquel que dio su vida por las ovejas." Inspirado en Soren Kierkegaard.
          
     Mis queridos, no permitamos que los ruidos del mundo ahoguen la única Voz que puede guiarnos a puertos seguros. Acerquémonos al Buen Pastor, el mismo ayer, hoy y siempre. Escuchemos su llamado, confiemos en su cuidado y experimentemos la paz sobrenatural que solo Él puede dar. En un mundo de pastores falsos y caminos truncados, Él sigue siendo el Camino, la Verdad y la Vida.


¡Que Dios los bendiga rica y abundantemente!


 Frank Zorrilla