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viernes, 3 de enero de 2014

LA “MEDIOCRIDAD” BARRERA QUE NOS ALEJA DEL ÉXITO.


Mis queridos amigos y hermanos,

     “Somos lo que hacemos una y otra vez. La excelencia, por lo tanto, no es un acto, sino un hábito.” (Aristóteles).
     Haciendo eco de lo dicho por el gran sabio griego, ser excelente, es un hábito que nos hace distintos a los demás y nos ayuda a alcanzar o a conquistar el éxito. Sin embargo, lo opuesto a la excelencia, es la “mediocridad”. Esa falta de interés para ejecutar una actividad en particular. Nos dejamos consumir por la pereza utilizándola como estampa en nuestro diario vivir; y por ende, alejándonos paulatinamente de nuestras metas y convirtiendo el futuro en incertidumbre.
     El perezoso tiene delirio de conquista y ambiciona grandes triunfos, pero quiero lograrlo sin producir grandes esfuerzos. La disciplina no es su virtud y cada situación es favorable para excusarse. La mezquindad en sus acciones refleja su debilidad de carácter y doblegan su espíritu ante su actitud pusilánime.
     Una vez adoptamos la mediocridad como norma de conducta, nuestro potencial disminuye y nuestras facultades cognitivas se limitan haciéndonos vulnerables a enterrar nuestro talento en el pantano de las ilusiones. Pantanos que como cárceles, encierran la genialidad y matan la creatividad innata en nuestro ser como seres semejantes a Dios.
     Si observamos nuestro redor, nos percataremos de una tétrica realidad, cuántos sueños fallidos debido a la falta de excelencia, a la falta de tenacidad y disciplina. Bien lo dijo el Sabio: “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y se sabio. Perezoso, ¿hasta cuando has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado.” (Proverbios 6:6-9-11). Nuestro Dios es un Ser de orden y sus obras hablan de su Grandeza y Potestad. Al mismo tiempo, él nos exhorta a esforzarnos en todo lo que hacemos, y nos manda a que nuestras obras sean excelsas, dignas de regocijarnos en la entereza de nuestro sacrificio y la culminación que refleja nuestras virtudes.
     Como bien dijo Aristóteles: “Lo que hagamos en alguna gran ocasión probablemente dependerá de lo que ya somos, y lo que somos, será resultado de años previos de autodisciplina.”- Partiendo de este pensamiento, podemos inferir que, el conformismo ciega nuestra visión a la perfección y sólo nos permite ver desde una óptica reductora; incapacitando así, la magnificencia de la excelencia. En perspectiva, este análisis nos intuye a delinear nuestra actitud tomando como referencia marcadores sociales que pueden servir de estimulo para distinguirnos de los demás. Por lo que debemos adoptar la fórmula de la excepción: “Si quieres llevar una vida extraordinaria, averigua lo que hace la gente común y no lo hagas”.
     El mediocre vive una vida a medias y no encuentra satisfacción en lo que hace. No vive conforme a un ideal, sino más bien a una necesidad transitoria. Necesidad que sólo lo mantendrá en el pantano de la ignominia. Se jacta de lo infructuoso de sus encomiendas y no en el éxito de sus planes, porque carece de entusiasmo y motivación para realizar obras dignas capaces de embellecer su vida.
 
     Más sin embargo, el hombre emprendedor, disfruta fervientemente de sus planes y enfrenta con entusiasmo y dinamismo todos los proyectos que ejecuta; no importándole lo ínfimo, humilde o irrisorio que éste sea, ya que en cada uno de ellos entrega el esfuerzo tenaz y decidido en busca de la excelencia. La palabra inspirada nos dice: “Mira que te mando a que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas. (Josué 1:9). Son palabras que nos inspiran y nos animan a dar lo mejor de nosotros como personas. Nos inspiran a dejar la mediocridad y empuñar el escudo de la perseverancia e integridad en todas nuestras obras.
      Pero, ¿es posible que la mediocridad nos tiente cuando no veamos los resultados deseados? - Existe una frase que dice: “Detrás de cada situación aparentemente terrible, se esconde la semilla del éxito”. Es de humanos flaquear antes situaciones adversas que pueden imposibilitar o afectar, tanto nuestras facultades físicas, como el buen desarrollo de nuestros planes en la búsqueda del éxito; por lo que es probable que cuando atravesemos por esos momentos de angustia e incertidumbres nos asalte el desánimo, la duda y el quebrantamiento de espíritu.
     Si logramos mantenernos a flote ante ese mar de circunstancias temporales que nos pueden atormentar y agobiar en esos momentos de prueba, si controlamos las emociones negativas que constantemente tratarán de dominar nuestros pensamientos, si nos mantenemos con entereza en busca de la excelencia y confiamos en Dios. Él nos dará nuevas perspectivas para entender y descubrir un rumbo que nos conducirá a un nuevo horizonte lleno de nuevas conquistas; dejando atrás la dejadez y la falta de ambición que sólo son obstáculos para una vida de éxito. Porque por encima de toda tempestad, se encuentra un universo infinito de grandes estrellas que radian luz de esperanza, y sus destellos de energía servirán para alumbrar nuestros caminos hacia un futuro provechoso y deseable; siempre y cuando mantengamos el interés en nuestra carrera y dejemos a un lado la pereza.
     De momento podríamos fabricar excusas y considerar como válida, la razón de nuestra apatía en el oficio que realizamos debido a que éste no es de nuestro agrado, pero ese tipo de conducta sólo refleja nuestra debilidad de carácter y nuestra mezquindad. La Biblia nos afirma que cuando actuamos con "mediocridad" en lo poco, también lo seremos en lo mucho. "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto." (Lucas 16:10).
 
     Abraham Lincoln, nos enseña un vivo ejemplo del versículo mencionado anteriormente, cuando en una ocasión, y según su biografía, un hombre se encontró con él cuando ya era presidente de Los Estados Unidos de América. Éste ufano individuo, con gallardía se atrevió a decirle al presidente:- “¿Se acuerda que en el ejército usted lustraba mis botas?” - Lincoln le respondió: “Sí, y se acuerda que el lustre de sus botas estaba bien brillante!”. Parece una anécdota graciosa, pero nos ilustra claramente que puede existir satisfacción y orgullo aún en los trabajos más irrisorios, por lo tanto, cuando nos toque ejecutar nuestras obras y nuestras acciones, seamos diligentes, planificadores, disciplinados, consistentes, e íntegros. Y por último, echemos manos a la promesa de Dios cuando nos dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
    
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 
Frank Zorrilla