lunes, 9 de julio de 2018

LA CRIANZA DE NUESTROS HIJOS SOBRE UNA BALANZA

Mis queridos hermanos y amigos,

Como dijese Pitágoras en una de sus citas: “Educad al niño y no será necesario castigar al hombre.” Cuántos percances y situaciones embarazosas nos evitaríamos, si nosotros como padres siguiéramos ese sabio consejo; pero desafortunadamente, dejamos la educación de nuestros vástagos a un moderno sistema social o sociedad pluralista corrupta, plagada de ineptitudes e inmoralidades; dejamos en manos de extraños, lo más preciado que posee un ser humano, la formación básica del intelecto mientras se forma bajo las diversas etapas de su desarrollo psíquico y su desarrollo físico.  
   
Tengamos presente que, el fundamento de los deberes que la moral impone está en el conocimiento de las relaciones que ligan al hombre con la naturaleza en general o con algunos de los aspectos particulares de la naturaleza. Y como la sociedad es un aspecto particular de la naturaleza, el conocimiento de los deberes sociales se funda en el conocimiento de las relaciones del individuo con: esa reunión espontánea y natural de individuos, con el objeto de satisfacer todas las necesidades de su vida física, moral e intelectual, a la que llamamos “sociedad organizada”.

     Siendo la familia la primera sociedad constituida por sus congéneres. Siendo ésta, la primera evolución del individuo en el aspecto conductual y procesamiento ideológico hacia los fines de su vida, es necesario e imprescindible que, la primera formación de valores morales y espirituales, ocurran en el seno familiar formado por los padres y/o tutores a edad temprana, como bien señala el sabio Salomón: “Instruye al niño en su carrera y cuando sea grande no se apartará de ella” (Proverbios 22:6).

  Nuestros niños están educándose y creciendo en un sistema que les permite libertinaje, en lugar de libertad ideológica; de compensación estimulo-respuesta, en lugar de deberes y derechos; de igualdad social, en lugar de respeto; de méritos individuales, en lugar de cooperación mutua; de divisionismos, en lugar de inclusión. Todo esto, gracias a la nueva y emancipada psicología conductual que realza la compensación, y se sustituye la antigua interrelación entre padres e hijos de: “guía –mentor Vs respeto-obediencia”, con una interrelación más abierta y apegada a los tiempos modernos. Es decir: “una relación entre amigos”. Donde el castigo corporal o físico es prohibido debido a los efectos colaterales o traumas que se producen en la psiquis del niño. Donde es preferible complacer los caprichos del niño antes que corregirlos para evitar conflictos. Donde la función paterna se concentra en proveer lo que el niño quiere, no sólo lo que necesita. Donde prefieren dejar que el niño haga todo tipo de travesura, porque al amonestarlo estropearía su niñez . Donde no se le puede poner limitaciones ni normas, porque genera en el niño inseguridad y dificultad para desarrollar su autocontrol interno.
  
     Acaso Salomón con su gran sabiduría estaba errado cuando dijo: “La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el niño consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15). Solo tenemos que echar una ojeada a las estadísticas actuales, y quedaremos estupefactos por la cantidad de niños en la edad de la adolescencia con: trastornos de la sexualidad, trastornos de personalidad, trastornos emocionales de depresión y ansiedad. Adolescentes insensibles a la dignidad humana, soberbios  y manipuladores; jóvenes irrespetuosos a la moral y a las  buenas costumbres; jóvenes intolerantes y con escasa formación espiritual. Todo esto gracias a la formación que recibieron durante sus primeros años de desarrollo: fase fálica (edad comprendida entre los 2 y 5 años de edad), fase de latencia(edad comprendida entre los 6 y 12 años). "La necedad está ligada al corazón del niño; la vara de la disciplina lo alejará de él"(Proverbios 22:15).

     ¿Es el castigo corporal necesario durante la
formación del niño? En nuestra nueva sociedad pluralista, el castigo físico o corporal para corregir la conducta inadecuada de un niño ha venido a ser un tópico dicotómico que genera discusiones muy acaloradas entre los que defienden la antigua norma de que, un correazo en las piernas o una nalgada terapéutica en el momento adecuado servirá para guiarlos correctamente. Otros argumentan que usar castigo físico o corporal dejará afectaciones psicológicas a los niños al crecer convirtiéndolos en adultos violentos y abusadores potenciales.    
La Biblia dice: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige (Proverbios 13:24). Recordemos que, la crianza en sí consiste en un proceso a través del cual el niño recibe información del ambiente que lo rodea y dependiendo de esa formación, establecerá una identidad funcional o disfuncional cuando sea adulto. En palabras simples: “Los padres son responsables de lanzar a la sociedad escorias o ciudadanos consciente de sus deberes para con su ambiente social; para con su nación; para con la humanidad. "A los niños hay que corregirlos. Unos buenos golpes no lo matarán, pero sí lo librarán de la muerte" (Proverbios 23:13-14).

Existe una delgada línea entre la disciplina y la violencia contra un niño a la hora de intentar detener una conducta inapropiada, y este es el factor importante que todo padre debe tener en cuenta. El apóstol Pablo nos sugiere: “Y ustedes padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor”. (Efesios 6:4). Corregir un comportamiento a través de la violencia o motivado por emociones fuertes como la ira o enojo, da paso a una agresión física donde se pierde el valor de la disciplina u orden que está encaminado a un objetivo de manera sistemática. Lo importante aquí es que, cuando se proceda a corregir al niño, no debe existir en el adulto, una carga emocional (ira, enfado, cólera), sino más bien, utilizar “la nalgada terapéutica” o “un correazo en las piernas”, como una herramienta de apoyo para conseguir un objetivo especifico una vez se ha agotado el dialogo. Así lo describe el sabio Salomón: “Castiga a tu hijo mientras hay esperanza; más no se apresure tu alma para destruirlo. El de grande ira llevará la pena; y si usas violencia añadirás nuevos males” (Proverbios 19:18-19).

    
Recordemos que Dios es el creador de la familia, y en las Sagradas Escrituras encontraremos muchos consejos para la crianza de nuestros hijos. Él nos aconseja a través del profeta Isaías: “Esto es lo que ha dicho Jehová, tu Redentor, el Santo de Israel: <Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene, que te guía por el camino en que debes andar>”. (Isaías 48:17). Guiémonos por el Experto Absoluto, por la guía infalible de las Sagradas Escrituras, y educaremos hombres de bien, y ciudadanos del mundo.


¡Dios los bendiga rica y abundantemente!

Frank Zorrilla
Publicar un comentario