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jueves, 30 de marzo de 2017

JESUCRISTO, EL GRAN FIASCO


Mis queridos amigos y hermanos,

     En Marzo del 1966, cuando el famoso grupo británico “Los Beatles” se encontraba en la cima del éxito, John Lennon, líder de la agrupación, dijo lo siguiente durante una entrevista que le realizara un reportero del periodio London Evening Standard: “El Cristianismo se Ira. Se desvanecerá y reducirá. No necesito discutir eso, estoy en lo cierto y se demostrará. Somos más populares que Jesús ahora. No sé que desaparecerá primero: el rock 'n' roll o el cristianismo. Jesús estaba bien, pero sus discípulos eran torpes y ordinarios. Eso es lo que distorsiona y arruinará al cristianismo.”

     Tristemente, el grupo musical se separó en 1970 (apenas 4 años después de tal declaración) y diez años más tarde, John Lennon, es asesinado en la ciudad de New York. Ya para el 2010, los expertos en este género musical consideraban que la era del rock and roll como estilo dominante ya formaba parte de la historia de la música, así como terminó la era del Jazz. En cambio, ¿qué sucede con el cristianismo? - Este sigue su crecimiento de manera exponencial y vertiginosa. ¡John Lennon se equivocó en sus pronunciamientos y sus vaticinios sufrieron el efecto de la gravedad!

     Además de Lennon, muchos pensadores e idealistas a través de los tiempos han querido negar la existencia de un Jesucristo histórico; más bien, lo consideran una leyenda o fábula inventada por la ingenuidad de unos pocos seguidores arrastrados por una enseñanza extraña. Así lo consideró uno de los padres de la independencia Americana, Tomás Jefferson, cuando señaló: “Día vendrá en que el engendramiento de Jesús por el Supremo Hacedor como su padre, en el vientre de una virgen, será clasificado junto a la fábula de la generación de Minerva en el cerebro de Júpiter.”

   Como bien dijo Isaac Newton: “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”.  Lastimosamente para los incrédulos, existe un Jesucristo histórico que no se puede pasar por desapercibido, ni tampoco borrarlo de los anales de la humanidad. Esto debido a la gran cantidad de evidencias encontradas en los registros de famosos historiadores antiguos, quienes han provisto pruebas irrefutables. Entre ellos, Lucas, cuyo trabajo Investigativo es parte de uno de los libros del Nuevo Testamento, y quien ha sido objeto de innumerables escrutinios por parte de escépticos historiadores, quienes han tratado infructuosamente de declarar sus escritos, como: “No históricos”, pero las reseñas, marcos de referencias, nombres, títulos, etc. que ofrece Lucas en sus escritos han sido corroboradas por escritores, legisladores e historiadores romanos, como: Cornelio Tácito, Plinio el Joven, Luciano de Samasota, Suetonio y Flabio Josefo ( general judío que perteneció a la aristocracia sacerdotal 37 DC - 100 DC) quien redactó lo siguiente: “En este tiempo había un hombre sabio llamado Jesús. Y su conducta era buena, y era tenido como virtuoso. Y mucha gente entre los judíos y otras naciones se hicieron sus discípulos. Pilatos lo condenó a ser crucificado y a morir. Y aquellos que habían sido sus discípulos no abandonaron su discipulado. Informaron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y de que estaba vivo; consecuentemente, él fue, tal vez, el Mesías de quien los profetas habían relatado maravillas”.

     En la actualidad, la mayoría de los historiadores modernos coinciden en que Jesús de Nazaret realmente existió y fue crucificado por el prefecto Poncio Pilatos, quien temía que el 'rey de los judíos' promoviera un levantamiento violento.


 No es fábula o leyenda que en efecto, existió una acusación formal de los líderes religiosos contra un predicador vagabundo llamado: “Jesús de Galilea”, quien con su doctrina extendía la inquietud entre el pueblo, reuniendo en torno suyo a un número creciente de seguidores, y cuyas enseñanzas significaban una afrenta a la posición que estos aristócratas sacerdotes gozaban ante el pueblo. También es posible que bajo la influencia y denuncia de esos líderes religiosos, Poncio Pilatos, se preocupó por una posible sublevación judía, ordenando una estrecha vigilancia tanto para Jesús, como presunto cabecilla de un movimiento revolucionario en contra del Imperialismo Romano, como para sus íntimos seguidores y simpatizantes.



     El Sanedrín trató en vano de acallar la voz de aquel hombre que perturbaba la paz y escudriñaba sus corazones dejando al descubierto la desnudez de sus inmoralidades. Por tanto, exigieron su muerte en cruz; y una vez muerto, el ejército más poderoso de ese tiempo bajo la jurisdicción del prefecto de turno, intentó contener su cuerpo en la oscuridad de una tumba. Pero, ni la gran piedra, ni el sello romano, ni los guardias que custodiaban la tumba donde yacían los restos de este presunto “Mesías” para impedir su profanamiento y hurto por parte de sus seguidores, pudieron impedirlo.
     El sello fue hecho añicos, la gran piedra fue removida, los impávidos guardias salieron despavoridos, los ufanos líderes religiosos quedaron chasqueados y un atónito jefe militar romano queda preocupado ante la confirmación de una “tumba vacía” sinónimo de “fiasco” ante lo inexplicable. Surgiendo desde las entrañas del agnosticismo las desconcertantes incógnitas: ¿Donde está el cuerpo del difunto Jesús?, ¿cómo pudieron remover la enorme piedra?, ¿cómo unos cuantos discípulos pudieron desactivar la hermética vigilancia de los soldados?, ¿cómo estos guardianes pudieron permitir la desaparición de un cadáver que representaba un movimiento revolucionario peligroso contra el imperio, sin tener un rasguño o indicio de enfrentamiento? 

    Solo pensemos por unos instantes, la incesante búsqueda de aquel cuerpo que representaba una posible sublevación. Los arrestos, persecuciones e interrogatorios llevados a cabo por los soldados romanos buscando una explicación lógica de lo inexplicable. Han transcurrido más de 2000 años, y todavía algunos hombres de ciencia no cesan ni cesarán en la búsqueda de los huesos de aquel que resucitó y está a la diestra del Padre ¡Qué gran fiasco para los escépticos y para los detractores del evangelio de vida!  

     El carácter de Cristo, la majestuosidad de sus enseñanzas, y su divinidad han sido plasmadas con tinta indeleble en la historia del hombre sobre la faz de la Tierra, y aunque surjan movimientos para tratar de entorpecer, detener y estropear su imagen y su evangelio, estos perdurarán por tiempos eternos hasta su segunda venida en gloria. Por tanto, si alguna vez tuviste duda de la existencia de un Jesucristo histórico, que caminó, predicó y enseñó en el Medio Oriente sobre: El único puente o camino para llegar al Padre, y obtener la salvación del alma, sobre la hermandad entre los hombres y predijo su muerte y resurrección al tercer día. Considerarás que sus palabras: “El cielo y la Tierra pasarán más mis palabras permanecerán para siempre”. (Mateo 24:35) se han mantenido intactas aún a pesar de presagios que no se sostienen  por carecer de fiabilidad.

    Terminaré este artículo con una cita que pone en contexto la veracidad y legitimidad de un libro histórico, ratificado por la paleontología, arqueología y todas las neurociencias modernas. “Encuentro más indicios de autenticidad en la Biblia que en cualquier historia profana”. Isaac Newton.
          
¡La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
Frank Zorrilla