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sábado, 2 de julio de 2016

EL VALOR HUMANO QUE HEMOS OLVIDADO

Mis queridos amigos y hermanos,

     Dentro de los valores humanos que podemos percibir, y que es digno de admirar existe uno en particular que su práctica nos ayudará a convivir armoniosamente con otros seres que aunque quizás hablen el mismo idioma y pertenezcan a la misma región, cultura o país, tienen una visión y una lógica de razonamiento distinta. Me refiero a “LA TOLERANCIA”, respeto hacia las opiniones y prácticas de los demás y ser libre de prejuicios. También se puede decir, que es el grado de variación permisible de un estándar.  La tolerancia  para con las ideas, los sentimientos, las aficiones y las flaquezas ajenas; constituye una de las más grandes pruebas de superioridad espiritual, de bondad y de cultura. Como bien dijo Constancio Vigil: “Como quien cultiva flores, por deleite, por delicado buen gusto, hay que cultivar la tolerancia”. 

     ¿Quién no se sintió conmovido con la reciente tragedia que enlutó a muchas familiares de las víctimas que cayeron abatidas en el Club de Orlando, Florida el pasado mes de Junio? Las gráficas imágenes transmitidas en los medios de difusión de masas, daban señas de dolor, angustia y desconsuelo. Tétricas imágenes usufructo de una “intolerancia desmedida y grotesca.

   Si observamos cuidadosamente el comportamiento de ciertas personas, descubriremos que en efecto, cuanto más egoísta, petulante y tosca de alma es una persona, mayor es su intolerancia para con los demás; mayor es su incomprensión y falta de respeto hacia las ideas e inclinaciones ajenas. ¡Es tanto así, que si trazáramos un círculo de tolerancia para incluir sólo a las personas que piensan de acuerdo a nuestro criterio, nos quedaríamos solos!

     Podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que la mayoría de los conflictos sociales que registra la historia de la humanidad han sido debido al flagelo de la intolerancia.” Por encarcelar las ideas; por menospreciar e irrespetar la individualidad y la igualdad de derechos; por obligar a otras personas a aceptar como norma ciertas ideologías y filosofías impuestas dictatorialmente por un grupo o sistema.

     Ahora bien, ¿Cómo se puede medir el nivel de aceptación o de tolerancia? ¿Qué se puede admitir como tolerable o válido en una sociedad civilizada?, ¿Quién o quienes marcan las normas o las pautas de lo aceptable o intolerable? A nivel global, las respuestas a esas preguntas, no son tan simples. En efecto, para encontrar respuestas que favorezcan por igual a todos los grupos sociales que existen en el planeta, tendríamos que armonizar con un pluralismo democrático donde pueda existir un cooperativismo colectivo; dejando atrás, la visión negativa del liberalismo y dando lugar a una sociedad de intereses organizados para un bien común y tomando como marco los derechos fundamentales individuales.

     Encontrar el balance en este punto neurálgico, es un verdadero rompe cabezas, ya que debemos recordar, que la justicia del hombre es una justicia ineficiente y corrupta. Una justicia carente de igualdad y sólo aplicable a ciertos extractos de un sistema de valores preconcebido por lo que se estima correcto. Por lo tanto, la equidad para limitar o delinear la tolerancia, no es blanco y negro; sino más bien, una zona gris donde la imparcialidad tiene incógnitas sustantivas dentro del marco de lo teórico. De ahí estriban las filosofías idealistas y las concepciones dialécticas.

     A pesar de esas zonas grises, y como nadie es perfecto, la importancia de dar cabida a la tolerancia como herramienta o mecanismo regulador social, nos beneficia grandemente por la apertura que ésta nos brinda para convivir con otros seres humanos; con personas de diferentes culturas o con diferentes creencias en un mismo espacio territorial. Nos da la oportunidad de poner en práctica la iniciativa de vivir en armonía en un mismo país y aceptar la diversidad que existe entre personas que profesan diferentes religiones, que apoyan otras tendencias políticas, que poseen una condición sexual diferente, etc. por lo tanto, podemos aplicar esa condición de aceptación, no solo con aquellas personas con la que simpatizamos, ni limitarnos a un país o territorio en particular, sino más bien a escala general sin exclusión, porque con este tipo de iniciativa, promulgamos la “homogeneidad” que debe existir como seres creados por el Creador del universo.

     Por lo que podemos observar, la tolerancia, es sinónimo de “respeto”Respeto que nos da la capacidad de aceptar diferentes opiniones en torno a un mismo tema. Reconociendo y considerando las diferencias etnias, estratos sociales,  grupos culturales y religiosos, entre otras cosas. Teniendo siempre en cuenta, de que eso que respetamos no atente contra la integridad y los derechos de las personas, animales y medio ambiente. 

     Pero no debemos confundirnos, ser tolerantes, no significa rebajar los altos estándares morales para que los demás se sientan a gusto, o permitir ciertas modalidades que vallan en detrimento de nuestros principios, simple y llanamente para evitar conflictos. Más bien, consiste en mantener los altos estándares morales, espirituales y éticos, y así motivar a los demás a desarrollar un carácter aceptable sin rechazarlos cuando estos fallen. Entendiendo que el fracaso es parte del desarrollo de las personas y es inevitable en el crecimiento del individuo como tal.

     Todos soñamos con un mundo mejor. Un mundo donde exista una fraternidad auténtica; pero debemos recordar, que nuestro mundo, llámese: “genero humano” o “sociedad humana”, y no necesariamente en sentido literal: “el conjunto de todas las cosas creadas por Dios”, ese ambiente donde nos desarrollamos de manera individual, está plagado de errores, consecuencia de nuestras decisiones como seres imperfectos. Nadie recorre las mismas sendas de la vida. Por lo tanto, los puntos de vistas, prácticas y creencias serán también diferentes, ya no de cultura a cultura, o de país a país, sino de persona a persona. Entonces, “Tolerancia a nivel individual”, es la cualidad que posee un individuo a pesar de las faltas de su carácter, a aceptar las fallas en los demás.  

     ¿Te molestan las ideas de los demás?, ¿Te estorban las peculiaridades y características de los demás? ¡Ten cuidado! El gran Maestro de Galilea, Jesús de Nazaret dijo:
 “No juzgues para que no seas Juzgado; más con la vara que midas te medirán”. Y cuando sintamos que estamos siendo intolerantes, debemos recordar que tendemos a ser muy tolerantes con nuestros errores y muy críticos con los de los demás. Y Jesús nos advierte: ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

 Sigamos el vivo ejemplo de Cristo, y pongamos en práctica lo dicho por el apóstol Pablo: “No reine pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus apetitos; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. (Romanos 6:12-13).

     En resumen, tolerancia es permitir puntos de vista, aceptando al individuo, no sus fallas, entendiendo que existen diferentes grados de madurez y diferentes rutas para lograrla. Y como dijo Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

¡Dios los bendiga rica y abundantemente!


Frank Zorrilla