Páginas

viernes, 11 de septiembre de 2015

UNA DISCAPACIDAD MENTAL QUE NOS APOCA Y NOS CONDUCE AL FRACASO


Mis queridos amigos y hermanos,

En una ocasión, un peregrino oriental le preguntó al cólera morbo: 

            -¿Adónde vas?

            -¡A Bagdad, a matar cinco mil personas!- contestó la epidemia. 

             Pocos días después el mismo peregrino halló al cólera que salía de la ciudad.

            - Me dijiste que ibas a Bagdad a matar cinco mil personas, pero en realidad has matado cincuenta mil- observó el peregrino.

            - No- contestó la epidemia.- Maté cinco mil como te dije. Los demás han muerto de miedo.  

     La leyenda que acabamos de leer, aunque parezca inverosímil, puede servirnos de moraleja para evitar caer en la trampa de una emoción, que si bien es cierto, nos sirve cómo medio de defensa o protección para salvaguardar nuestras vidas en momentos de peligro, no menos es cierto, que en la gran mayoría de las veces, esa sensación de angustia se hace parte integrante de nuestro ser, convirtiéndonos en paralíticos mentales ante todo lo que consideramos, escapa de nuestra realidad física. Me estoy refiriendo al "Miedo neurótico".   

     Científicamente hablando, "la emoción del miedo" se inserta en la memoria celular a través de la sinapsis o asociación entre las células nerviosas del cerebro (neuronas), produciendo una reacción de neuropéptido (neurotransmisores de las emociones). Acción que se repite cada vez que se produce el mismo estímulo. Es decir, cada vez que atravesamos por una mala experiencia, el cerebro reacciona cómo si siguiera el formato o la secuencia lógica de un programa de computadoras. De ahí que la "fobia" o "miedo" sea algo recurrente ante el mismo estímulo que le dio origen.   

    ¿Cuándo se inicia o se inserta el miedo en la memoria celular?- Según la teoría psicológica del conductismo, el miedo es aprendido en nuestros primeros años; cuando somos niños, con la sobreprotección de los padres, principalmente las madres, quienes con su instinto protector, fomentan, sin así desearlo, inseguridad. También inciden negativamente, los castigos corporales y psicológicos porque crean en el subconsciente, una huella duradera o trauma emocional asociado con el "dolor".

     Sentir "miedo" no es malo, es una reacción normal del ser humano para evitar daños físicos, e inclusive evitar la muerte. Es decir, es un mecanismo de supervivencia y de defensa. Ahora bien, nosotros somos los que hemos pervertido esa reacción biológica en una herramienta para la protección del ego. La gran mayoría de los temores o miedo que sentimos cuando somos adultos no tienen correlación alguna con sentirnos amenazados físicamente. Hemos interpretado ese impulso inequívocamente por "protección" y lo hemos corrompido a nivel de nuestro ego para sentirnos emocionalmente satisfechos o complacidos. ¡El miedo neurótico es una de las causas más notables del fracaso de muchos hombres!
 
     En lo más enfático de la palabra, hemos pirateado lo que debe ser una reacción corta ante un peligro inminente, en un artefacto de utilidad a largo plazo con el fin de evitar circunstancias difíciles, y así saciar el vehemente deseo de aprobación. Es decir, "el miedo" es la muleta o el soporte que utilizamos para que nos ayude a sobrellevar nuestras debilidades emocionales. Pero como todo soporte, caeremos esclavos de su uso a menos que no demostremos nuestra fortaleza.

      Aunque parezca inadmisible, la mayoría de la gente prefiere el estado de inadmisión. No les gusta hablar de la "emoción del miedo" porque al hacerlo exponen inevitablemente una horrible verdad, "huyen de un peligro ilusorio que sólo radica o existe en sus mentes". En honor a la verdad, no nos percatamos de que casi la gran mayoría de los "temores o miedo" que forjamos en nuestro pensamiento o en nuestra conducta, se debe al drama social que creamos inconscientemente al estar sometidos a impulsos mentales o acondicionamientos de la sociedad donde nuestro ego juega un papel estelar. En efecto, si analizamos la razón o razones por la que sentimos "miedo" en casi todo lo que hacemos, no es porque alguien nos valla a devorar vivos o porque nuestra integridad física se vea amenazada. En realidad, sentimos miedo a ser rechazados, abandonados o despreciados. Por lo tanto, ese tipo de miedo social donde la consciencia está envuelta, puede ser superado con la práctica deliberada.  Cuando alguien dice, "Tengo miedo de hablar en público", no quiere decir que siente preocupación de que alguien de la audiencia lo vaya a agredir físicamente. Solo quiere expresar, que tiene miedo de fracasar o de no ser aceptado por la audiencia. En otras palabras, el temor no es por asunto de seguridad o vulnerabilidad, sino más bien bienestar emocional. Tenemos miedo a equivocarnos, a ser el ridículo, a que alguien nos señale. ¡El ego está envuelto! No nuestra seguridad física.

     El miedo que sentimos al fracaso, a hacer el ridículo, a aventurarnos a lo desconocido; nos paraliza y nos hace renunciar a ser hombres y mujeres libres. No permite que seamos: "directores" de nuestro guión o "directores de nuestra historia". Al invocar el recurso del "miedo" y utilizarlo constantemente como escudo protector de nuestro ego, minimizamos y devoramos sin piedad ni compasión, nuestra autoestima. Promovemos a la vez, y de manera proporcional e inconsciente, nuestra inseguridad; creando "monstruos dantescos" en nuestra mente; tejiendo telarañas de "fobia" que se asociarán creando patrones repetitivos cada vez que nos enfrentemos a la misma situación.

     Afortunadamente, y para el bien de todos los que viven bajo el escudo protector del miedo; ¡existe un camino a la liberación! Se ha demostrado científicamente, que el cerebro es muy maleable, y que podemos desaprender o re-programar nuestra mente positivamente, alterando el patrón estímulo-respuesta cambiándolo por una nueva programación; erradicando así, cualquier "miedo" o "fobia" como recurso de autoprotección. Haciendo esto, devolverá la confianza y la seguridad que tanto necesitamos para gozar de libertad social y espiritual.

     Si escudriñamos Las Sagradas Escrituras, encontraremos que el rey David, fue uno de los autores que más enfatizó la emoción del miedo. Aunque ocupó entre los hombres un puesto de relevancia y de mucho poder; vivió circunstancias muy difíciles y agobiantes durante su vida. Más él decidió depositar su confianza, no en su ejército, sino más bien en Jehová su Dios. Así lo demuestran sus escritos. "Cuando tengo miedo, pongo en ti mi confianza" (Salmos 56:3). "El Señor está conmigo, y no tengo miedo;¿qué me puede hacer un simple mortal?" (Salmos 118:6). "El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme?" (Salmos 27:1).

     En resumen, no permitamos que la vil emoción del miedo, nos amedrente y nos robe nuestras ambiciones, proyectos y sueños. Depositemos nuestra confianza en aquel que todo lo puede; aquel que nos dará la valentía y el coraje para vivir con determinación, con seguridad y sobre todo, con entereza. He aquí sus palabras: "No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí". (Juan 14:1).
 

La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!

 
Frank Zorrilla