Páginas

miércoles, 26 de noviembre de 2014

LA GRATITUD, EL ARTE DE VIVIR


Mis queridos amigos y hermanos,

      “El agradecimiento es la memoria del corazón.” (Lao Tsé)

     Como seres sociables que interactuamos y vivimos en comunidad, tenemos la necesidad ética y moral de expresar o dar muestra de “gratitud” o agradecimiento por los beneficios o favores recibidos de nuestros semejantes. El propósito detrás de ese agradecimiento es por lo general, fomentar en otros seres homogéneos, el deseo de buena voluntad e incentivar una afabilidad entre las relaciones interpersonales, contribuyendo así al sostenimiento de hermandad entre los seres creados. Aunque claro está, no todos comparten este punto de vista, ya que según algunos, la acción de "gratitud", no es más que: "la acción egoísta o estrategia sutil utilizada por muchas personas con la sola finalidad de seguir recibiendo favores". 

     En el contexto social, el agradecimiento, como otros ideales, permiten que la sociedad funcione; evitando de ese modo, un creciente malestar psicológico que pueda resquebrajar a una sociedad de interacción donde existe el ego a nivel individual. Por ello, los ideales en una sociedad, tienen un carácter de principio, de ley, de compromiso, de obligación y de deber que son absorbidos por cada uno de los egos a edad temprana. Viéndolo desde esta perspectiva, es posible que esta sea la razón por la que expresamos gratitud por los beneficios que recibimos de otras personas dentro de nuestra sociedad.

     Ahora bien,
“la gratitud” no debe solo basarse a la interacción social, también existe el contexto existencial. Es decir, nuestro ser. Por lo que partiendo desde el marco teórico individualista, y viéndonos, como un ente que forma parte del universo, debemos sentir agradecimiento por todo lo que nuestro consciente finito permite percibir en nuestro hábitat. El Universo nos reconoce a cada uno de nosotros como únicos e irreemplazables y en participación con él en la concreción. ¡Pertenecemos al mismo átomo que dio origen al universo! Y como decía Publio Virgilio Marón: “Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo hayan estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido.”

     Es penoso decir, que la agitada agenda de nuestra vida en sociedad nos mantiene en un sueño inconsciente de permanente ingratitud hacia el dador de la vida misma; cuando en realidad, y como bien señala Doménico Cieri Estrada: “Dar gracias a Dios por lo que se tiene, es cuando comienza el arte de vivir.” En efecto, nuestro sentimiento de agradecimiento hacia Dios, no debe estar sujeto a una fecha o a una situación especial; y como enfatizó el apóstol Pablo, nuestro agradecimiento hacia el Creador debe ser en todo momento mientras tengamos aliento de vida.  “Dando gracias siempre de todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (Efesios 5:20).

     Los Estados Unidos de América, continúa con su tradición anual de celebrar, el último jueves de cada mes de noviembre, el “día de acción de gracias” cómo acto simbólico de recordación a la fiesta que llevaron a cabo los colonos ingleses “Peregrinos”  agradeciendo a Dios, el haber sobrevivido un crudo e inclemente invierno a los pocos días de su arribo a las costas de Plymouth (Massachusetts) y posteriormente, haber obtenido una buena cosecha con la ayuda de los indios “Wampanoag” en noviembre de 1621. Desde entonces, y desde que fue oficial en 1789, esta celebración se abre paso antes de dar inicio la temporada navideña, para imitar a los primeros colonos y dar gracias a Dios por las cosas recibidas, o simplemente,  reunirse en familia a disfrutar de un suculento “Pavo” y consumir gran cantidad de bebidas alcohólicas.
 
     ¿Pero por qué esperar hasta un día especifico  para mostrarle a Dios nuestra gratitud? Para el creyente que tiene a Dios como su fuente, dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho debe ser una práctica cotidiana. Esta práctica debe empezar desde que nos levantamos, dándole gracias por :
· El nuevo día que nos brinda y por la oportunidades que nos ofrecerá en nuestro crecimiento espiritual, social y profesional.
· Por otro día de vida en la que podemos ser una luz para el mundo y dar fruto por ser una bendición para otros.
· Por las cosas materiales que tenemos (nacimos desnudos) y por todas las cosas que él ofrece para sostener la vida: comida, ropa, trabajo, etc.
· Por nuestra familia inmediata (padres, hijos, hermanos, esposas, esposos), nuestra familia a través del sacramento del matrimonio (suegros, cuñados, etc.) y nuestra familia social (nuestros amigos).
     Nuestro agradecimiento a nuestro Creador, debe llevar el énfasis y la devoción de David, haciendo eco de sus cánticos y alabanzas para realzar y agradecer su grandeza y majestad.
“BENDICE, alma mía a Jehová; y bendigan TODAS mis entrañas su Santo Nombre.
Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien perdona TODAS tus iniquidades, el que sana TODAS tus dolencias;
el que rescata del hoyo tu Vida, el que te corona de favores y misericordias;
el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el Águila”.
(Salmo 103:1-5)
     La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
Frank Zorrilla