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domingo, 20 de abril de 2014

LA PRUEBA CONTUNDENTE- "EL SEPULCRO VACÍO"

Mis queridos amigos y hermanos,

     Había trascurrido lentamente la noche del primer día de la semana. Había llegado la hora más sombría, precisamente antes del amanecer. Cristo estaba todavía preso en su estrecha tumba. La colosal piedra estaba en su lugar; el sello del imponente imperio romano no había sido roto; los guardias romanos seguían velando, pero además de ellos, habían vigilantes invisibles; huestes de malos ángeles se cernían sobre el lugar. Si hubiese sido posible, el príncipe de las tinieblas, con su ejército apostata, habría mantenido para siempre sellada, la tumba que guardaba al Hijo de Dios. Pero Jesús no estaba abandonado a su suerte, un ejército celestial rodeaba el sepulcro. Ángeles excelsos en fortaleza guardaban la tumba, y esperaban para dar la bienvenida al "Príncipe de la vida".

     “Y he aquí que fue hecho un gran terremoto; porque un ángel del Señor descendió del cielo.” (Mateo 28:2). Revestido con el poder de Dios, este ángel dejó los atrios celestiales para una misión que culminaría el proyecto de salvación ideado por Dios desde la desobediencia, la redención eterna del hombre para volver a su Creador. Los resplandecientes rayos de la gloria de Dios le precedieron e iluminaron su senda. “Ese Ángel con aspecto como relámpago, y con vestido blanco como la nieve, hizo que los guardas romanos sintieran tanto miedo y asombro ante su presencia, que cayeron como muertos." (Mateo 28:2-4). Tenemos que asumir que ante una encomienda de esta magnitud, como era la culminación del plan de redención, Dios delegó a uno de los ángeles más poderosos de los atrios celestiales.

     La tierra tiembla al acercarse este ángel enviado por Dios, huyen las huestes de las tinieblas con gran pavor, y la gloria de Dios se revela con inusitado estruendo. Los soldados atónitos le ven quitar la  enorme piedra que cubría el sepulcro, y así como le dijo Jesús a Lázaro, me imagino que le oyen clamar: "¡HIJO DE DIOS, SAL FUERA; TU PADRE TE LLAMA!". Los soldados en estado de pánico, ven a Jesús salir de la tumba, y lo oyen proclamar sobre el sepulcro abierto: “¡Yo soy la resurrección y la vida!”. Mientras Jesús sale con majestad y gloria, la tropa de ángeles que custodiaban su tumba, se postran en adoración delante del Redentor y le dan la bienvenida con cantos de alabanza.

     Si ponemos atención al relato de la muerte y resurrección de Jesús, podremos percatarnos de que un terremoto señaló la hora en que Cristo depuso su vida, y otro terremoto indicó el momento en que triunfante la volvió a tomarla, pero según las Sagradas Escrituras, terremotos similares ocurrirán cuando Cristo venga en busca de su pueblo.

     El que había vencido la muerte y el sepulcro salió de la tumba con el paso de un vencedor, entre el bamboleo de la tierra, el fulgor del relámpago y el rugido del trueno. La tumba vacía significa la derrota del príncipe de las tinieblas, el final de su reino y la destrucción del mismo. ¡Significa el poder de Dios sobre la muerte!

     Cuando la voz del poderoso ángel fue oída junto a la tumba de Cristo, diciendo: “¡Tu Padre te llama!", el Salvador salió de la tumba por la vida que había en él. Quedó probada la verdad de sus palabras: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar” (San Juan 10:17). Jesús tenía el poder para poner su vida y tomarla de nuevo. En otras palabras, Cristo poseía el poder de quebrar las ligaduras de la muerte. “Destruid el templo, y en tres días lo levantaré.” (San Juan 2:19); palabras que representaban la connotación de su cuerpo como templo.
 
     La Tumba vacía es símbolo y garantía de la resurrección de todos los justos muertos. Porque se nos ha dado una promesa “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús.” (1Tesalonisences 4:14). Y la prueba contundente de esta declaración es que, al resucitar Cristo, sacó de la tumba una multitud de cautivos. Y los sepulcros se abrieron; y hasta muchas personas santas, que habían muerto, volvieron a la vida” (Mateo 27:52). El terremoto ocurrido durante su muerte había abierto sus tumbas, y cuando Cristo resucitó salieron con él. Eran aquellos que habían sido colaboradores con Dios y que, a costa de sus vidas, habían dado testimonio de la verdad. Ahora iban a ser testigos de aquel que los había resucitado. Esos fueron resucitados para vida eterna. Ascendieron con él como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro.

 
     Los que resucitaron con Cristo, "ya no eran cautivos de Satanás; Cristo los había redimido. Los había traído de sus tumbas como primicias de su poder, para que estén donde él esté y no vean nunca más la muerte ni experimenten dolor". Fueron tantas las profecías que se habían declarado anticipando este momento tan sublime y todas, sin excepción de ninguna, fueron cumplidas con la resurrección de éstos que yacían en el sepulcro. "Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo ! porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos" (Isaías 26: 19).  
 
     Después de su resurrección, Cristo no se mostró a nadie sino a sus seguidores, pero no faltó testimonio en cuanto a su resurrección. Los que fueron resucitados con él, "aparecieron a muchos" (Mateo 27: 53), declarando: “Cristo ha resucitado de los muertos, y hemos resucitado con él”. Dieron testimonio en la ciudad del cumplimiento de la profecía de Isaías. Esos santos redimidos, contradijeron la mentira que propagaba los guardias romanos, quienes habían sido sobornados para decir: que los discípulos habían ido de noche y se habían llevado a Cristo.
 
     Para nosotros los creyentes, la tumba vacía representa: “una esperanza; representa la victoria y vida eterna. Es decir, la vida que se había perdido por el pecado es restaurada; porque Jesús tiene vida en sí mismo para vivificar a quienes él quiera. Está investido con el derecho de dar la inmortalidad. En otras palabras, la vida que él depuso en la humanidad, la vuelve a tomar y la da a la humanidad. Esto según sus palabras cuando dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10).

 
     La tumba vacía refleja una promesa divina: “El que guarde mi palabra, no verá muerte para siempre” (San Juan 8:51). La tumba vacía representa que la muerte es sólo un sueño; un momento de silencio y de tinieblas. Por lo que no debemos preocuparnos de ella si morimos en Cristo; porque al igual que él, sólo dormiremos por un espacio de tiempo corto, ¡luego viviremos eternamente!
 
     La voz que clamó desde la cruz: ¡Consumado es!”, fue oída entre los muertos, atravesó las paredes de los sepulcros y ordenó a los que dormían que se levantasen. Así sucederá cuando la voz de Cristo sea oída desde el cielo. Esa voz penetrará en las tumbas y abrirá los sepulcros y los muertos en Cristo resucitarán para vida eterna. Vida donde no existirá más muerte, ni clamor ni el dolor, porque esas calamidades del ser humano serán cosas del pasado.
 
¿Entiendes el significado del sepulcro vacío y del sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario?
 
¡La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 
Frank Zorrilla