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jueves, 20 de febrero de 2014

NUESTRO APORTE COMO SERES HOMOGENEOS


Mis queridos amigos y hermanos,

     No es como vivimos, más lo que hacemos mientras estamos vivos lo que hace la diferencia. Porque la esencia de la vida consiste en hacer de ella una obra de arte.”

     Imagínate contestando la siguiente pregunta: ¿Si tuvieses el poder para cambiar o hacer algo para el beneficio de todos los habitantes del planeta, qué cambiarías o que harías? - Aunque  te parezca inverosímil, no muchas personas tienen una respuesta sensata a esta pregunta.

     Nos encerramos en nuestros propios asuntos y quehaceres, y olvidamos que existe afinidad en todo lo creado. Que no solamente nuestras familias y el entorno de nuestras amistades lo que limita nuestras vidas. Es tanto así, que vivimos caprichosamente sumergidos en nuestros afanes rutinarios sin percatarnos que en nuestro caminar por la vida, desapercibimos la mayor parte de ella; y si dejamos un legado como memoria de nuestro pasar por este mundo, éste queda reducido en un limitado círculo social inadvertido por la mayoría.

     Sin lugar a dudas, la problemática en la creación de una sociedad más equitativa o ecuánime, siempre va a ser el punto discordante en el desarrollo del hombre, por consiguiente, pensar en erradicar la desigualdad social entre los seres humanos sería utópico e ingenuo, pero esta problemática no impide que nos hagamos una autocrítica constructiva seguida de una dinámica de acción. ¿Qué me impide actuar en beneficio de todos o alguna comunidad en particular?, ¿Cómo quiero ser recordado?, ¿Cómo mostrar mi agradecimiento por el sólo hecho de existir?
 
     Recordemos que durante miles de años, millones de personas han luchado y sufrido para crear las ventajas que nosotros disfrutamos hoy. Dicho sea de paso, cuando recorramos los nombres de los grandes benefactores de la humanidad, cuando meditemos en los nombres de los astrónomos, de los físicos, de los químicos, de los médicos, que con altruismo y desinterés dedicaron toda su vida a luchar contra el arcano científico para desentrañarlo, o contra la dolencia que atormenta los cuerpos; ¡recordemos que estamos en deuda con ellos! Cuando recorramos las páginas de las grandes obras literarias de la humanidad, cuando en ellas recojamos la experiencia de quienes las escribieron, y el secreto de la belleza que llama a nuestros corazones para ennoblecerlos, recordemos nuestra deuda para con sus autores. ¡Trabajaron para nosotros!

     Cuando gocemos de cada una de las ventajas materiales, que por ser tan comunes, suelen pasarse por alto con tanta indiferencia, recordemos a los incontables héroes anónimos que trabajaron para que gozáramos de ellas. En cierto modo, ¡estamos en deuda con la humanidad y debemos pagarle!

     Son tantas las necesidades sociales y las labores que se pueden realizar en beneficio de otros seres humanos con carencia; no sólo de cosas materiales, pero también espirituales. Más sin embargo, adoptamos un carácter arrogante con pinceladas de altanería, y una actitud de menosprecio al dolor ajeno. Bien se ha dicho: “Que el hombre verdaderamente grande, se distingue por su esfuerzo y su actividad, por la necesidad que siente de ensanchar en todo sentido su existencia, su nobleza y el radio de acción de sus buenas obras”...

     Me viene a la memoria una historia, o fábula que mi difunto padre me contaba cuando yo era apenas un joven que se iniciaba en la vida: -Se trataba de un rey persa que según él, siempre acompañado de su tesorero recorría las calles de su Estado para compensar las obras virtuosas que veía a su paso. De repente, se detiene a ver a un anciano que estaba plantando un árbol. Intrigado, el rey le pregunta: -¿Qué haces, buen anciano?- El anciano contestó: Siembro nogales, ¡oh rey! - El rey un poco atónito le pregunta: ¿Y para qué plantáis nogales cuyo fruto no alcanzaréis a comer?- El anciano contestó: Para pagar mi deuda con los que plantaron aquellos árboles cuyos frutos gusté en mi juventud. Con este tipo de respuesta, el rey no tuvo más que otorgarle el premio.
 
     Moraleja de la historia: ¡La edad y las buenas intenciones no son límites, ni obstáculo para hacer algo productivo para otras personas. Porque como lo diría José Ingenieros: La juventud se mide por el inquieto afán de renovarse, por el deseo de emprender obras dignas, por la incesante floración de ensueños capaces de embellecer la vida. Joven es quien siente dentro de sí la floración de su propio destino!
 
     Existen personas desafortunadas cuya capacidad mental y física ha sido limitada debido a diversos factores, ya sean externos, como: la limitación de una educación o un oficio técnico; internos, como son: los problemas emocionales y psicológicos debido a traumatismos diversos durante sus etapas de crecimiento y desarrollo; como también, las fisiológicas debido a condiciones especiales de salud. Son personas que necesitan ayuda, guía y en muchos casos, orientación para poder alcanzar su potencial y ser útiles a la sociedad. Son personas que necesitan de nuestra ayuda y soporte para ver la vida de un matiz diferente.
 
     Debe existir en nosotros esa reciprocidad, ¡porque dando, es como recibimos, y si deseamos que nuestras condiciones de vida mejore, lo mejor que podemos hacer es ayudar a mejorar la vida de alguien! Debemos pensar ,que todos fuimos creados usando el mismo material de la tierra y el soplo de vida provino de Dios. Y por inferencia, somos homogéneos porque pertenecemos al mismo átomo que dio origen al universo.
 
     Según la Biblia, esa condición de homogeneidad, nos condena si vivimos de una forma egoísta. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino que ha sido preparado para vosotros. Porque tuve hambre, y me diste de comer, tuve sed, y me distes de beber, fui forastero, y me recibiste, desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.” Entonces los justos responderán, ¿Señor, cuándo te vimos en esas condiciones?- y el Rey responderá: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicisteis.” Más a los que no hicieron conforme a los justos, a ellos el Rey les dirá: “De cierto os digo, que en cuanto no lo
hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco lo hicisteis a mí. Apartamos de mí, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” (Mateo 25:34-42).

     Y podemos preguntar: ¿Por qué es tan importante el ayudar a los demás? - Porque al no hacerlo, rompemos el balance de lo creado y desobedecemos, uno de los dos grandes mandamientos dado por Dios al inicio de la creación: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22:39).

     En mi libro: “CONOCIENDO A DIOS A TRAVÉS DE LA CIENCIA”, en el tema titulado: “La Física Cuántica le da la razón a Dios” expongo: “no somos seres individuales, sino más bien parte de un conjunto universal, de una inteligencia divina, porque pertenecemos al mismo átomo que dio origen al universo; y como pertenecemos a ese átomo, entonces existe una unión espiritual entre todas las cosas que componen el universo. Aquí el criterio de raza, etnia, religión o de ideales, queda obsoleto.
 
     Ya Jesús en su magistral sermón del monte nos exhortó: “Amad a vuestros enemigos de modo que seáis llamado hijo de vuestro Padre que está en los cielos, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre es perfecto.” (Mateo 5:43-45).

     Adoptemos como lema la frase que inmortalizó Mijail Bakunin: ¡Mi patria es el mundo; mi familia la humanidad!

    
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!

 

Frank Zorrilla