Páginas

miércoles, 29 de enero de 2014

PIEDRAS EN EL CAMINO HACIA EL ÉXITO.


Mis queridos amigos y hermanos,
 

      “Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar nuestra condición. Debemos pensar, que muchas veces, las piedras en el camino han sido puestas para hacernos tomar impulso”.
     Dejamos la niñez y súbitamente, se debelaba el umbral de la vida como seres conscientes. Nuestra juventud inspiraba confianza al sentirnos llenos de energía y dinamismo. Y cómo caballo impetuoso para echarse al galope, nuestros pies reclamaban ansiosa e impacientemente recorrer los caminos y veredas inexplorables con gran entusiasmo; caminos que anticipamos, tendrán jornadas llenas de posibilidades, aventuras y éxitos.
      Más, desafortunadamente, y en la mayoría de los casos, ese entusiasmo o estado anímico empieza a desvanecer al encontrar obstáculos y trabas. Piedras en el camino que tratan de obstaculizar nuestra marcha. Algunas de esas piedras tienen cantos afilados que tratan de herir nuestra carne; otras son tan enormes que parecen imposibles pasar sobre ellas o rodearlas. Y no faltan las que nos ofrecen una sombra efímera cuya apariencia grata y placentera, nos invita a reposar inertemente mientras pasa la hora de acción.
     Sin lugar a dudas, una piedra que encontramos muy frecuentemente es la pobreza, la falta de recursos. Pero debemos entender, que muchas veces, la riqueza es motivo de soberbia y orgullo. La riqueza en muchos casos, nos puede asfixiar en un mundo ficticio, que sólo servirá de estorbo para entender a cabalidad el verdadero plan de Dios en nuestras vidas. Por cierto, muchos de los grandes personajes que hoy recuerda la humanidad tuvieron que debatirse en medio de la pobreza, más la condición de ser pobre no amilanó sus esfuerzos para luchar y conquistar grandes triunfos a favor de la humanidad.
     Existe una piedra que encontraremos muy a menudo en el entramado social, se trata de la “crítica negativa o destructiva”. Desafortunadamente, y al ser seres imperfectos, estaremos expuestos a ser tentados por nuestro orgullo y a pasar de víctimas, sintiendo el escarnio y escozor de la crítica en nuestra carne, a victimarios, utilizando la crítica para resaltar nuestras virtudes en contra de los demás; revelando así, nuestra escasa nobleza e inteligencia y mezquindad de espíritu. Más debemos entender que, cuando hacemos uso de la crítica destructiva en contra de nuestros semejantes, nos convertimos en verdugos moralistas exhibiendo una estatura moral que es sólo quimérica; es como si le arrancáramos la piel a los demás y la amontonáramos en el suelo para erguirnos sobre ella, y de esa forma, vernos ¡más elevados. Más superiores! Pero al hacerlo, tratamos infructuosamente encubrir nuestras propias faltas con una suspicaz sutileza.
     Ineludiblemente, en nuestra travesía por este mundo, nos veremos asaltados por personas, cuyo infortunio las marcó como piedras de tropiezo para otras personas. Seres humanos que les faltó el valor, la determinación y la audacia para enfrentar con integridad, dignidad y coraje las piedras que tuvieron a su paso; por lo que la envidia, la amargura y la poca integridad los convirtió en estorbo, y como energía fractal esparcen un veneno que sólo sirve de escoria para los que quieren alcanzar un nivel más elevado, tanto en el ámbito espiritual como profesional. En el campo espiritual Jesús advierte: ¡Ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” (Mateo 18:7). Y señala enérgicamente: Pero el que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” (Mateo 18:6).
 
     En su famoso sermón del monte, Jesús ya nos había aconsejado: “No Juzgues, para que no seas juzgado. Porque con el mismo juicio y medida que utilices, también a ti se te juzgará y medirá. No seas ¡hipócrita!, no digas a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, sin sacar primero la viga que tienes en el tuyo. Porque si sacas la viga de tu propio ojo, tendrás claridad para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:1-5). En palabras simples, ¡no critiques, para que no te conviertas en víctima de crítica!¡No seas piedra de tropiezo!
     El apóstol Pablo, también se hizo eco de este mal social, diciendo: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” (Romanos 2:1).
     Pero, además de esas piedras que forman parte de la vida de un ser humano, no podemos eludir o pasar por alto que, en efecto, algunas de ellas, son aportadas por nosotros mismos. Aquellas que literalmente están representadas por: nuestra inmadurez, nuestra indolencia e insensatez y  por decirlo así, nuestra terquedad, por lo que es indispensable cambiar nuestra actitud en la medida de nuestras experiencias y lecciones.
     Aunque nos resulte inverosímil, en algún momento de nuestra vida, seremos: instrumento de inspiración, de ejemplo, o quizás de piedra de tropiezo para alguien que al igual que tú y yo, desea lograr sus metas y sueños. Y todo depende de lo que queramos ser en la vida de ese ser humano que atraviese nuestro camino. ¿Qué quieres ser, “piedra de tropiezo” para tronchar sueños y aspiraciones o en cambio, servir como instrumento para pavimentar una estructura fuerte en la vida de otro ser humano?-
     Al final, es nuestra elección lo que cuenta, y la repercusión que obtendremos en el mañana. Ya sea por los buenos frutos que podamos visualizar como producto de ser fundamento esencial en la vida de otro ser humano o de lo contrario, lidiar con nuestra conciencia por haber sido piedra de tropiezo”.
     Aprendamos del ejemplo de Cristo, él es la “Piedra angular por excelencia”, el que nos da la pauta y la inspiración para formar un cimiento estable tanto moral, como espiritualmente.
Ahora te pregunto: ¿Cómo quieres ser recordado en esta vida?
     La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 
Frank Zorrilla