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viernes, 22 de noviembre de 2013

LA CONCEPTUALIZACIÓN HIPOTÉTICA DEL PODER DEL PUEBLO‏


Mis queridos amigos y hermanos,

     Desde que hacemos uso de la razón hemos oído de una palabra muy popular en el ambiente político. Esa palabra es: “Democracia”, sistema de gobierno, que se caracteriza en que la soberanía del poder reside y está sustentada en el pueblo para elegir directa o indirectamente a las autoridades que regirán el destino del país por un período o marco de tiempo establecido por los estatutos de una constitución, es decir, teóricamente hablando, el pueblo tiene el poder para cambiar o ratificar a esas mismas autoridades en un período posterior. Debido a esta maravillosa doctrina política, los griegos hablaban de democracia, como el gobierno del pueblo. Un sistema donde el pueblo es sujeto activo de la política y su futuro; y en donde se pone la función del poder público a su disposición y servicio. De hecho, éste es su significado etimológico, aunque el sistema sólo implica la democracia representativa, ya que la democracia directa no existe técnicamente en los tiempos actuales.
     Todos, o la gran mayoría de las personas, tienen conocimiento de que globalizamos la palabra: democracia” a su máxima expresión y la confundimos erróneamente con derechos y libertades. El derecho a ser libres para expresar nuestras inquietudes, dar riendas sueltas a nuestra imaginación y pensamientos, emitir nuestro juicio sin temor a ser encarcelados o castigados, etc. Todo esto, es un paquete que nos brindan para confundirnos; ¡ya que estos son derechos inalienables que heredamos al nacer!
     Es importante señalar, que aún en las grandes naciones donde existe la democracia representativa como forma de gobierno, se encarcelan las ideas haciendo uso de una herramienta clave para controlar los medios, “la censura”. Herramienta que todos los sistemas que han existido la han usado en su momento para delinear y proteger su filosofía; ya sea monarquía, oligarquía, democracia y/o república. Pero no nos confundamos, también se usa la censura a nivel particular para delimitar o suprimir cuando una opinión no está acorde con ciertos principios que obedecen a intereses creados. ¡Esa es la norma de la sociedad en que vivimos!
     ¿Existe una verdadera democracia en algún país del mundo? En verdad… ¡No! No existe como tal. “El pueblo no manda, se gobierna” . Expresión Maquiavélica que agrieta los fundamentos de la llamada: “Democracia representativa” que ostentamos con tanto orgullo.
     Si analizamos profundamente, “el sostenimiento de las naciones democráticas del mundo, están basados en falacias y burbujas de colores vendidas a precio de fruslería.” Porque en ningún país, inclusive los que se llaman: “Ostentadores de la autentica opinión del pueblo”, existe una democracia fidedigna y genuina. Es un camuflaje de otro sistema llamado: “Oligarquía”, en donde el pueblo se somete a una agenda organizada por un grupo élite (aristocracia) que elige a un representante para dar la cara, pero las decisiones gubernamentales obedecen a los intereses de ese grupo... Pero, algunos dirán: ¡Qué en el contexto democrático, el representante fue elegido por el pueblo a través de las urnas! Este es precisamente el efecto mágico de la democracia; la ilusión óptica de que el pueblo tiene dominio y decisión sobre la elección de un candidato. Cuando en realidad, la elección es contaminada y el pueblo es burdamente engañado por el poder económico de un grupo influyente que usa sus recursos financieros para manipular al electorado a través de campañas políticas conscienciales (apelando a la emotividad y la necesidades del pueblo) empleando la publicidad cómo medio propagandístico hasta llegar al poder. Esto sin mencionar los fraudes y medidas de coerción (debido a éste factor, las campañas políticas son tan costosas).
 
     Y aquí la pregunta, ¿Por qué gastar tanto dinero en una campaña electoral, si la finalidad es servir al pueblo? Porque obedece a diversos intereses particulares, y no necesariamente lo que beneficia a la gran mayoría representado por el pueblo. Como decía Marx: “La historia se repite a sí misma; primero como tragedia y luego como farsa”. Recordemos que, “el poder corrompe; a mayor poder, mayor corrupción”.
     ¡Cuidado con teorías vacías de hombres! Hoy por hoy, se procura insertar el concepto democrático como una doctrina que no está precisamente limitada a una forma de gobierno; sino más bien, a un conjunto de reglas de conducta para la convivencia social y política donde el respeto a la dignidad humana y los derechos individuales y colectivos se mezclan. De aquí, la formación de grupos que usan el cabildeo como norma, para imponer agendas particulares al resto de la población en forma pacífica y haciendo uso del sistema. De ahí, la prohibición de orar en las escuelas públicas, la imposición del matrimonio entre parejas del mismo sexo, la aprobación del uso de drogas alucinógenas, y otras medidas que vendrán en el futuro para derogar las leyes y estatutos divinos. ¡Todo bajo el marco legal y a través de la democracia representativa!
     De lo expuesto en el párrafo anterior, el panorama no luce muy prometedor que digamos; y no tenemos mucho de donde escoger, por lo que es preciso e incluso meritorio, que formemos parte de movimientos activos dentro del sistema establecido para ejercer presión a los políticos de turno como grupo creyente de preceptos cristianos. Somos parte del pueblo y por ende, también somos afectados, aunque no participemos.
 
¡Que Dios los bendiga rica y abundantemente!
 
 
 Frank Zorrilla
 
 






martes, 19 de noviembre de 2013

EL GRAN DILEMA DE: “SER” O SÓLO “PARECER”


Mis queridos amigos y hermanos,

     ¿Cuántas veces nos ha asaltado el terrible dilema que inmortalizó William Shakespeare: “Ser o no ser”? Como seres humanos, nos sentiremos atrapados en la incertidumbre de nuestras propias facultades cognitivas y no sabremos con exactitud, que somos en realidad. ¿Somos lo que aparentamos ser, o por el contrario, sólo nos limitamos en parecer?¿Acaso somos genuinos, y nuestras acciones en sí reflejan nuestro verdadero carácter? ¿Es nuestra personalidad, una personalidad atrayente basada en las cualidades de nuestro espíritu, en el acerbo de nuestra cultura, en virtudes puramente cristianas; aquellas virtudes que se elevan al cielo con cada uno de nuestros actos y nuestras palabras?
     Es muy usual dejarnos persuadir por las apariencias, y dejar de ser  nosotros mismos para ir en pos de imitar a otras personas que consideramos, poseen cualidades y virtudes dignas de emular. ¿Por qué no?...Son personas exitosas y de mucho arraigo; al menos es lo que podemos ver desde el punto de vista exterior, pero como dice un refrán popular: “Caras vemos, más corazones no sabemos”. En la mayoría de los casos, y para nuestra decepción, estas figuras sólo son una ficción de un personaje que no existe en la realidad. Representan una imagen transitoria fundamentada en una exitosa apariencia de lo que se destaca a simple vista. Son sólo actores y actrices personificando una escena ficticia de una vida en cortometraje. Más, en el interior de sus almas, encontramos un vacío espiritual inmenso apabullado por la circunstancias de una nebulosa material fatalista.
     Otras veces, nos dejamos guiar por las circunstancias y como energía fractal, respondemos bajo la influencia de lo que es común dentro de la sociedad. Es decir, actuamos guiados por lo que al parecer, es el  “modus vivendi” que nos dicta el ambiente donde vivimos. Al hacer esto, nos olvidamos de la humildad, y la opulencia toma dominio. La ingratitud y la hipocresía se hacen las virtudes prácticas como medio de sociabilidad. Una sociabilidad de un “mundo al revés” en donde impera la deshonestidad, la traición y todos los bajos sentimientos.
     Desafortunadamente y en muchas ocasiones, confiamos a ciegas y nos dejamos influenciar y arrastrar ciegamente por corrientes filosóficas y líderes que han logrado un sitial preferencial dentro de la sociedad. Líderes que se elevan como aves, y cuyo ego les hace pensar que son “infalibles”. En nuestra ingenuidad, olvidamos, que como nosotros, son seres imperfectos que carecen de absolutismo y por consiguiente, están expuestos a errar o equivocarse, por lo que viviremos bajo un conocimiento falaz donde sólo lo superará nuestra propia ignorancia.  El sabio ya lo había advertido: “Antes del quebrantamiento es la soberbia; y antes de la caída la altivez de espíritu”. (Proverbios 16:18).
     Un ejemplo del párrafo anterior es el caso del filósofo y naturalista Aristóteles, quien vivió 384 años antes de Cristo. Este filósofo griego consideró y definió “la araña” como: “un pequeño insecto de seis patas”. Por dos mil años, la Entomología (ciencia que es parte de la Zoología que estudia los insectos), consideraba este “arácnido” como un insecto de seis patas, hasta que el naturalista Jean Lamarck en 1809 descubrió y publicó en su libro: “Filosofía Zoológica” que el gran Aristóteles se había equivocado dos veces. No sólo la araña poseía 8 patas en vez de 6, sino que además, no era “insecto” sino más bien, “arácnido”.
     Como podemos notar, la sabiduría humana es útil, pero es falible e incompleta, sobre todo cuando descartamos a Dios. ¿Qué lección podemos aprender al imitar a otros, al hacer lo que es común que otros hagan, y al dejarnos arrastrar por líderes y corrientes filosóficas?
¨ Primero: No debemos dejarnos persuadir por las apariencias emulando a personas sólo porque estas gocen de gran reputación. Como dijo el apóstol: “Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto a Dios”. (3Juan 1:11)
¨ Segundo: No importa el tiempo que hallamos estado sumidos en la mentira. El tiempo no cambia el error de la verdad, porque la verdad siempre saldrá a la luz. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).
¨ Tercero: No necesariamente porque la mayoría crea en algo, significa que ellos conocen y poseen la verdad. Porque la mayoría puede estar equivocada. En este caso de Aristóteles, la mayoría de la gente creía ciegamente en lo que él había enunciado. “Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?” (Lucas 6:39).
¨ Cuarto: Debemos estar seguros de lo que creemos. Se ha comprobado que no necesariamente tenemos que seguir una tradición porque nuestros ancestros nos hayan transmitido esos conocimientos. Porque ellos pudieron estar equivocados. “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosense 2:8).
     Bien lo dice el viejo adagio: “La piedra falsa puede no diferenciarse mucho en su apariencia de la verdadera, pero para el ojo experto, no habrá confusión posible. En todo caso, y en el momento de prueba, la falsa será falsa y la verdadera saldrá a relucir.” Existen señales en nuestro comportamiento y en nuestro carácter que son inalterablemente sólidas e irrefutables. Señales que servirán de marco para reconocer, tanto en otros, como en nosotros mismos, el ilusionismo de una verdad falaz atesorada como gema preciosa, o por el contrario, el genuino y sincero carácter a imagen de la personalidad divina representada en Cristo, cuando dice: “Yo soy”. Expresión que abarca la infinita, todopoderosa y eterna personalidad de Dios a través de nuestros actos y obras.
     Siguiendo el ejemplo de Jesús y de sus mandatos, es como podemos “ser”, en lugar de sólo “parecer”. Para esto, debemos procurar la sabiduría divina. Sabiduría que nos ayudará a ser útiles, tanto para: respetar a Dios, y cumplir sus ordenanzas; para con nuestros semejantes, y vivir una vida armoniosa en unidad; como para con nosotros mismos, y satisfacción personal.
 
     Como está escrito: “Yo Jehová escudriño la mente y pruebo los corazones, para recompensar a cada uno según su camino y según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:10). Por lo tanto, como enfatizara el gran Maestro: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; porque por el fruto se conoce el árbol.” (Lucas 6:45). Reconozcamos el verdadero valor; no de acuerdo o conforme con las apariencias, sino más bien lo que Dios espera de nosotros, lo que nosotros queremos ser y lo que los demás tienen derecho a esperar que seamos.
 
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
Frank Zorrilla