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jueves, 7 de noviembre de 2013

UNA ACTIVIDAD SOCIAL QUE INCITA A LA VIOLENCIA


Mis queridos amigos y hermanos,

     “Como ave con alas que no conoce fronteras; bocado suave para el que cuenta. Toxina que se fragua con la ociosidad; trampa que se teje en la osadía. Hijo de la ligereza y del invento; y pariente plebeyo del secreto”. ¿Puedes imaginar a que me refiero?- Tienes razón, me refiero al “acto vejatorio y soez del chismorreo” y la persona que sirve de portavoz para el mismo, “el chismoso/a”.
     Desde el punto de vista teórico clínico, la psicopatología en el comportamiento de las personas chismosas, tiene índole psicosomático; ya que las personas que recurren a esta actividad se sienten reivindicados por lo que a su juicio, consideran necesaria la diseminación intencional de una noticia, secreto o rumor con fines o propósitos informativos y de entretenimiento. Actividad que se recicla viciosamente y se automatiza en forma de descarga psico-fisiológica, liberando energía mediante los procesos mentales y el órgano de la lengua. Y como es de esperarse, ¡Este proceso se convierte en un mal hábito!
     Este personaje pintoresco de los medios sociales, el chismoso/a, con su estilo peculiar, tiene múltiples fuentes de información.
¨ La primera fuente de información puede ser: “Subjetiva. En otras palabras, el chismoso o la chismosa, percibe lo que escucha indirectamente o ve; y lo asimila de acuerdo a su propio contexto y criterio. Criterio que en la mayoría de las veces, pone de manifiesto su limitada e ignorante capacidad racional basada en especulaciones subjetivas; por lo que al asumir, da lugar a ser usado como artificio para cumplir las intenciones del Maligno.

¨ La segunda fuente, es la información directa. Por consiguiente, esto conlleva a la deshonra un secreto. Por lo que al revelar esa “información confidencial” en forma de chismorreo, nos convertimos en ¡protagonistas detractores y grandes directores del guión de la intriga! Y  en este plano, nos transformamos en traficantes de información que puede ser manipulada para causar diversos efectos. Efectos, que en la mayoría de las ocasiones tienen repercusiones muy negativas. “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” (Proverbios 16:28).

     Los chismosos siempre han tenido parte en la comunicación social. En efecto, su papel ha sido tácito en el desarrollo humano desde los orígenes del hombre sobre la faz de la Tierra. Lamentablemente, ese desarrollo al que hago mención no es precisamente útil sino más bien nefasto. Aunque este criterio no es bien recibido y compartido por algunos psicólogos que practican la psicología evolutiva, los cuales consideran que el “chisme” es una actividad necesaria para la supervivencia e innata dentro de la especie humana.
     Esa opinión de estos expertos del comportamiento humano hace presuponer que esa actividad, la de “chismear”, es inevitable, positiva y necesaria; porque según ellos, “el chisme y el rumor cumplen con funciones importantes tanto desde el ámbito social, como psicológico para que las personas establezcan enlaces sociales que los mantengan juntos mediante la creación de fuerzas que comuniquen los códigos morales. En otras palabras, el acto de chismear, evita que seamos: Primero- Indiferentes los unos con los otros. Segundo- Sirve para controlar la moralidad y los asuntos dentro de grupos pequeños y por Último, ayuda a organizar los grupos en cuanto al posicionamiento social de los miembros de acuerdo al grado de información que tengan y la ejecución de chismorrear. ¿Qué les parece este análisis científico?...
     Como todos sabemos, la comunicación social tiene sus complicaciones y deficiencias; entre los fenómenos negativos de ésta, se encuentra precisamente la distorsión del mensaje por el interlocutor. Ya sea por: interpretación cognitiva parcializada, por indiferencia de captación o ambas. Lo cierto es que, el que cuenta o narra un hecho, no necesariamente es fiel a lo que escuchó o vio; por lo tanto, en el proceso de narración, cambiará palabras, gestos y quizás, añadirá su propio juicio o conjetura. Como resultado de este proceso degenerativo de la comunicación social que va de boca en boca; salen a la luz los famosos rumores de expresión popular o del vulgo: “Dicen por ahí” y “alguien me contó” desatándose una oleada de especulaciones y crisis de señalamientos prejuiciosos y perniciosos en contra de la persona que es víctima de las insinuaciones.
     Todos tenemos conocimiento de los efectos negativos que produce el chismoso/a, porque éste/ésta, es causante de conflictos, divisiones y disensiones en todo el entramado social, incluyendo a los Centros de Adoración. ¡Sí, me refiero a las Iglesias y su feligresía!- El chisme, como mencioné al principio: “No conoce fronteras ni discrimina”. Ya el gran sabio Salomón había advertido al respecto: “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, cesa la contienda” (Proverbios 26:20).
     Pero, ¿Cuándo el chismorreo se convierte en una abominación para Dios?- Como expliqué en el párrafo que precede al anterior, el proceso de comunicación tiende a deteriorarse, y en el preciso instante que añadimos al mensaje algo incierto o falso, quebrantamos uno de los mandamientos divinos. “No levantarás contra tu prójimo falso testimonio, ni mentirás” (Éxodo 20:16). Indiscutiblemente, al violar o quebrantar este mandamiento, nos convertimos en desobedientes y transgresores de la Ley Divina.
     Antes de abrir nuestra boca para murmurar o chismorrear, debemos reflexionar sobre este tipo de acto. Porque: “Es mejor callar que tener que arrepentirnos de lo que decimos, ya que la conciencia no se puede silenciar” y como dicen las Sagradas Escrituras: “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” (Proverbios 18:7, 21:23). Por lo tanto, refrenemos nuestras lenguas y abandonemos el acto pecaminoso del “chisme”.
 
 
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 
Frank Zorrilla