Páginas

viernes, 18 de octubre de 2013

“VIVIENDO EN LA POSTRIMERÍAS DE LOS TIEMPOS Y EL OCASO DE LA CIENCIA"


Mis queridos amigos y hermanos,

 

     “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.” (Daniel 12:4).

     Este escrito que aparece en la Biblia, es una de las profecías de Daniel (personaje bíblico que vivió según historiadores, en el siglo VI antes del nacimiento de Jesucristo), profecía que dicho sea de paso, ha causado convulsión a medida que ha incrementado el desarrollo de la ciencia.

     Si bien es cierto que la primera revolución industrial produjo una transformación económica-sociocultural en la historia de la humanidad con la mecanización de la industria manufacturera, no fue hasta el conocimiento de la electricidad y su primera aplicación práctica con la invención del telégrafo eléctrico (dispositivo que usaba señales eléctricas para transmitir mensajes de texto codificados), la subsecuente invención de la bombilla eléctrica, y la iluminación en los hogares y calles a finales del siglo XIX (Siglo 19) cuando verdaderamente se produjo un verdadero avance tecnológico que revolucionó al mundo. Sin duda alguna, la creciente sucesión de aplicaciones, hizo de la electricidad la principal fuerza motriz de la segunda revolución industrial (revolución electro-mecánica-química). Se había encendido la mecha que revolucionaría la sociedad moderna tomando como aliada a la ciencia y el discernimiento de fenómenos físicos manifestados a través de hipótesis y postulados con su eventual comprobación por medio de experimentos de laboratorios haciendo uso de cálculos matemáticos y analíticos. Este desarrollo, despertó en el hombre, el vehemente deseo de la investigación y exploración industrial mercantilista para satisfacer ciertas necesidades.

     El impulso dinámico de la tecnología en esos primeros años de la revolución industrial activó la economía como nunca antes; y como producto, se formula el modelo económico básico postulado para la formación de precios de mercado de los bienes, la llamada: “Ley de la oferta y demanda”. Desde luego que para establecer un equilibrio equitativo y balancear las ganancias en una sociedad de alto consumo, era necesario un movimiento transformador con iniciativas definidas y novedosas que sirviera de plataforma para una reforma industrial a gran escala. Ésta dinámica propulsó el estudio y desarrollo en las diferentes ramas de la ciencia y como resultado, el surgimiento de grandes y novedosos inventos para robustecer la economía.

     El estudio minucioso del comportamiento de ciertos fenómenos eléctricos y el aporte de la  Química durante esa época de transición, ayudó a la creación de elementos eléctricos pasivos (condensares, resistores, inductores); y cuando se usaron esos componentes al ya conocido circuito eléctrico (conjunto de elementos correctamente interrelacionados para permitir el paso de una corriente eléctrica y su eventual transformación en energía utilizable) se creó la base para plasmar el ingenio y la innovación. De ahí en adelante, el invento de los tubos en vacío (componente electrónico activo utilizado para amplificar o modificar una señal eléctrica) y su uso para el diseño de complejos circuitos electrónicos. Poniendo así de manifiesto, que la profecía de Daniel, seguía el curso vaticinado.
 
       Es muy probable que los feligreses que vivieron en la era de la segunda revolución industrial, al estudiar y revisar la profecía del libro de Daniel, y ver ante sus ojos el avance tecnológico, la convulsión y la agitación que sacudía el estado de cosas; se alarmaron y pensaron que vivían en los tiempos finales. Como es de esperarse, movimientos escatológicos comenzaron a anunciar el inminente retorno de Cristo en busca de su pueblo y a predecir el fin de la civilización. Más sin embargo, las predicciones fallaron. El mundo continuaba su marcha, y la avanzada de la ciencia no detenía su imparable desarrollo. ¿Porqué falló la profecía de Daniel?, ¿Acaso el profeta se equivocó?-
 
     Debemos entender que los vaticinios de Daniel, no fallaron en lo absoluto. Él contempló una visión futurística mucho antes del nacimiento de Jesús (alrededor de 530 AC), y aunque en el siglo XIX la ciencia se aumentó considerablemente, no existían los parámetros ideales para que se cumpliese esa predicción en ese siglo. Era necesario un desarrollo a nivel global que abarcara a toda región, nación, tribu, lengua y pueblo.

 
     Jesús dijo: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateos 24:14). Si observamos el avance tecnológico en lo que respecta la comunicación global”, nos daremos cuenta de que ésta (La capacidad para comunicarnos en todos los confines del globo terráqueo), no existía en la Segunda Revolución Industrial”, por lo tanto, faltaba otra Era: ¡La Era Digital o Cibernética!, que empieza con la Tercera Revolución Industrial.
 
     La Tercera Revolución Industrial o revolución tecnológica empezó a finales de los años 1970s, con la aplicación creciente de la ciencia y la tecnología en los procesos productivos. Esta revolución, transformó la economía, a nivel mundial con el uso de la tecnología de colección y distribución de datos. La faceta híbrida (computadoras analógicas) se abrió paso para culminar con *La lógica digital (procesamiento de datos electrónicos) haciendo uso de los materiales semiconductores (cristales naturales que se comportan en dos estados, conductores o aislantes de electricidad dependiendo de diversos factores externos). Estos materiales, dieron paso a la tecnología de la información microelectrónica ( dispositivos en miniatura), Informática (a través de ordenadores) y Telecomunicación a Nivel Global; al igual que abrió las puertas para la Tecnología Satelital (uso de repetidores espaciales de señales a nivel de la exosfera) y la Tecnología Espacial ( lanzamientos de transbordadores al espacio).

     Como podemos observar, en este siglo XXI, el empuje y avance de la ciencia en todos los ámbitos del saber humano ha sobrepasado todos los pronósticos. La Nanotecnología (alianza de la biología, física y química) ha hecho cambiar la misma esencia de la vida con las alteraciones en la genética en dos vertientes. La primera: Manipulación de Cromosomas en embriones humanos para cambiar características morfológicas (eligiendo el sexo, color de pelo, color de la piel y color de ojos de una nueva criatura) y la segunda, la cual no se está realizando todavía, y como es de esperarse, es motivo de continuos debates entre la comunidad científica y sociopolítica: La generación de clones humanos (creación de seres homogéneos partiendo de la misma estirpe celular). En palabras simples: ¡La ciencia le ha dado el poder al hombre para creerse dios!

     La Tierra se ha convertido en una aldea global donde la ciencia ha permitido la comunicación instantánea usando diversos medios tecnológicos. Característica que es compatible o hace conexión, tanto con lo que dijo Jesús, como con la visión de Juan: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado.” (Apocalipsis 14-6).
 
     De lo expuesto en los párrafos anteriores podemos preguntarnos: ¿Acaso vivimos en los tiempos finales?... Si analizamos juiciosamente nuestra realidad actual nos daremos cuenta de que, en efecto, la profecía de Daniel , la visión de Juan y del Señor Jesucristo, tienen cierta sincronía y se asemejan a nuestro tiempo. Sólo faltan ciertos elementos de causa que marcarán el fin y el retorno grandioso de nuestro Salvador en gloria.

 
 
     Y el consejo en estos tiempos proféticos es: Velad, pues no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Porque el día y la hora nadie lo sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo el Padre. (Mateo 24:36,42).
 
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!

Frank Zorrilla