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viernes, 6 de septiembre de 2013

CLONES DEL PRIMER HOMBRE CONCUPISCENTE


Mis queridos amigos y hermanos,


     Si analizamos los orígenes de la humanidad en el planeta, encontraremos que con la aparición de la primera familia, comenzaron también, los procesos de separación, exclusión y segregación entre los seres humanos. Según los estudiosos, esos procesos eran necesarios, incluso prioritarios para la estabilidad, integridad y desarrollo del hombre en convivencia. Así se da por iniciado la formación de los diversos grupos en distintas regiones del globo terráqueo.

     Como es de esperarse, cada grupo comienza a desarrollarse en conglomerados y costumbres distintas. Y cada ambiente, aporta, provee y exige ciertas condiciones de vida. Desde luego que para poder subsistir, el hombre no tiene otra alternativa más que, someterse al difícil proceso de adaptación. Empiezan las creencias, los mitos y costumbres, formándose las culturas. Los rasgos físicos no son la excepción, el cuerpo del hombre entra en procesos de cambios para adaptarse a su hábitat. Esos procesos de cambios, implica la pigmentación o concentración de melanina en el órgano exterior llamado: "piel", fisonomía, estructura ósea, etc. Es decir, un sin número de procesos bioquímicos toman lugar, como medio de la conservación de la vida. Se creó así, una simbiosis entre el hombre y su ambiente. El primero, sometido al segundo para evitar su extinción, desaparición o cese de la vida en la nave espacial llamado: "Tierra".  


      Con la aparición de las distintas lenguas, la amalgama o mezcla entre los diversos grupos existentes se hizo mucho más difícil y exigente, por lo que la interracialidad quedó rezagada durante un largo periodo de tiempo, predominando el crecimiento reproductivo sólo entre los grupos que tenían la facultad de comunicarse o hablar la misma lengua. Luego, con la antropología, aparece el concepto de "razas" definiendo características físicas, casta y caracteres diferenciales entre uno y otro grupo, y por consiguiente, la enmarcación como seres distintos. ¡Una mentira falaz que hemos oído a través de los años! 

     Factores claves que influyen e inciden en un mayor desarrollo económico, como por ejemplo: un territorio geográfico útil (clima favorable, tierras fértiles y diversas fuentes de suministro alimentarios), planificación adecuada para establecer un sistema eficiente, etc. promueven la desigualdad, y el antagonismo entre los diversos grupos. Es decir, que debido a condiciones geo-económicas, ciertos grupos, no tienen otra alternativa que convertirse en nómadas, emigrando a otros territorios que favorezcan su estancia. Ya sea por haber explotado indiscriminadamente la biodiversidad de su región, por la demanda poblacional o por la avaricia desmedida que le impulsa al afán de conquista para expandir o ensanchar sus dominios. Desde luego que a mayor concentración de personas, mayor fuerza para establecer su hegemonía sobre las comunidades o grupos pequeños, de aquí la usurpación de territorios y/o regiones pertenecientes a esos grupos pequeños.


      No obstante, si bien es cierto que las estructuras sociales han sido parte intrínseca del desarrollo del hombre desde su creación, y ellas sirven como modelo o guía  para estampar ciertas costumbres, mitos y creencias; debemos recordar que esa aglomeración de personas que constituyó el grupo, se formó partiendo de la base de la individualidad.


      Como bien es sabido, el hombre, a medida que va adquiriendo conocimientos cognitivos, como ente social y como ser racional, manifiesta diversas tendencias emocionales; y por consiguiente, adopta una actitud defensiva y reactiva ante estímulos y fenómenos externos que lo afectan. Esta respuesta automática es innata, como medio de sobrevivencia. Y dicho sea de paso, son características propias que como fractales, continuaremos manifestando de generación a generación. En palabras simples, continuamos con la misma naturaleza emotiva, y por inferencia, arrastramos el segregacionismo y belicosidad de nuestros primeros ancestros; en palabras simples, somos una "clonación del primer hombre".

     Podemos decir, que nuestra civilización, al ser una clonación o copia idéntica del primer hombre, en nosotros ha prevalecido congénitamente, y con mínimas mutaciones, todos los procesos bioquímicos degenerativos que inciden en el hombre para manifestar su desprecio y egocentrismo hacia su o sus semejantes. No somos mejores ni peores que nuestros antepasados, seguimos los mismos ciclos de comportamiento. Es tanto así, que si nos comparamos con las atrocidades, los repugnantes y horrendos actos de lesa humanidad cometidas por nuestros antepasados, encontraremos que existe un contraste entre los logros que hemos alcanzado en nuestra civilización y las aberraciones que todavía cometemos en el presente. Donde los actos de barbarie, genocidios, holocausto y limpieza étnica no son la excepción. Sólo hemos cambiado los medios. ¡Ahora somos más sofisticados!

     Por consiguiente, nosotros como individuos, arrastramos con las mismas emociones y nos comportamos exactamente igual que el primer hombre que pisó el planeta. Somos hijos de la carne y nuestros orígenes se conservan en nuestra genética. En otras palabras, existe una relación entre el genoma humano y su habilidad de comprender el mundo que lo rodea con la misma perspectiva del primer hombre creado. Relación que puede encontrarse en el componente subjetivo de las emociones, con la bioquímica de las conexiones sinápticas de las neuronas y las manifestaciones físicas que estas emociones producen en el mundo exterior, con nuestras acciones.


     En perspectiva, el concepto de razas (Caucasiana, Mongólica, Malaya, Etiópica, y Americana) es ambiguo, porque todos los seres que habitamos este planeta somos homogéneos, y somos del mismo género, ya que nuestro ADN se diferencia uno de otro en 0.5%. Por lo que nuestra manera de ser y de actuar radica en nuestra psiquis. Somos seres emotivos y eso nos hace distintos. Es la forma como pensamos y la reacción física producto de nuestros pensamientos.

Quizás nos preguntemos, ¿Por qué en lugar de tratarnos como semejantes, nos tratamos como si fuésemos extraños, cuando todos provenimos del mismo molde?, La pregunta es compleja, y por consiguiente, no existe una respuesta simple. Podemos conjeturar en muchos factores, pero pensemos por un momento, en las campañas mediáticas y filosofías culturales a la que somos sometidos a diario para que exista diferencia entre los seres humanos. Esto queda de manifiesto con la actitud que adoptamos cuando pertenecemos a cierta etnia, y/o alcanzamos cierta jerarquía en los estratos de la sociedad; ya sea a nivel académico, económico o político. Esta distinción de rasgos físicos y/o la jerarquía, produce en muchos, una exaltación o enaltecimiento a niveles tan exorbitantes, que hace que el "Yo" y la "desigualdad" tomen posesión como algo lógico natural. No nos percatamos que todo esto es subjetivo; que biológicamente somos iguales, y  que sólo estamos siendo influenciados por los aspectos físicos-visuales, es decir, los rasgos físicos, como es la concentración de melanina en el órgano de la piel y la fisonomía; y en el estatus social, la capacitación intelectual y el poder económico. 

Lamentablemente, estas condiciones que mencioné en el párrafo anterior, promueven la distinción entre los seres humanos de una forma tan transcendental, que para algunos, tanto creyentes, como escépticos; obedecer el mandato divino por excelencia para vivir armoniosamente en sociedad: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”(Mateo 22:39),sería algo utópico, ilusorio, ingenuo o quizás absurdo. En honor a la verdad, nosotros los habitantes del planeta Tierra, nos comportamos como si fuesemos: "alienígenas de rasgos humanoides", donde sólo cuenta la parte exterior de lo que vemos, es decir, nuestro color de piel y nuestra posición económica-social.  

     Por lo tanto, no es un exabrupto decir que dada las condiciones que he citado, las únicas dos formas de aceptarnos unos a otros como hermanos y como seres humanos, es primero: Siendo: "físicamente idénticos", donde no exista ningún tipo de rasgo que pueda marcar o pueda distinguir entre uno y otro ser humano. Y segundo: "Nacer de nuevo en espíritu". La primera condición es y será imposible, por lo que debemos adoptar la segunda condición mediante una transformación en Cristo. Así daremos por terminado los problemas de índole étnico, los movimientos xenofóbicos entre regiones y razas, la falta de tolerancia y la individualidad por nuestra posición social.


     Entonces, ¿Acaso nuestros logros académicos, nuestro glamour, lozanía y posición social nos hace distintos?- Sí, sólo para nuestro ego, pero debemos recordar que ante Dios, todos somos iguales. «Entonces, Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Génesis 2:7). Nos incluye sin excepción de persona, en la misma categoría. «Por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios»(Romanos 3:23) Y nuestra jactancia, sólo viene a ser insignificante. «¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, que lo visites?» (Salmo 8:4).

     Razonemos que nuestra estancia en esta tierra es sólo transitoria y que ninguno de nuestros méritos nos servirán para conquistar el mayor galardón que es la vida eterna. Jesús nos dice: «Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?» (Marcos 8:36). Por lo que debemos ponernos en las manos de Dios, para que él pueda ayudarnos en el proceso de transformación, porque como dijo Jesús: «Es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:7). Y ¿Cómo podremos hacer esto?-  «Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3:5).

Dios los bendiga rica y abundantemente!
Frank Zorrilla