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lunes, 30 de diciembre de 2013

“UNA NUEVA RESOLUCIÓN PARA NUESTRAS VIDAS”


Mis queridos amigos y hermanos,

     A principio de cada año que comienza, la mayoría de la gente suele trazarse metas. Nuevas resoluciones son enmarcadas en sus agendas anuales con la finalidad de lograr diversos propósitos en sus vidas, o al menos para intentarlo; ya sea: bajar de peso, emprender un negocio, una nueva carrera, etc. Es como iniciar un nuevo ciclo en sus vidas tomando como línea de partida el nuevo periodo de meses repetitivos del almanaque, pero con un año distinto.
     Muchas personas, ya sea por capricho, superstición o por pura dejadez, dejan pasar los últimos meses y días del año que termina y esperan hasta el nuevo año para iniciar los cambios que consideran esenciales para lograr los propósitos ya mencionados.
      Si nos detuviéramos a reflexionar por un momento e hiciéramos un análisis profundo, nos daríamos cuenta que en nuestra percepción de la realidad sólo cuenta la parte externa objetiva. Nos enfocamos sólo en lo que concierne a la relación “ente-sociedad”. Es decir, al estado de conciencia objetiva medida en una escala de valores proporcional al nivel de aceptación personal influenciada por las personas que forman nuestro entorno.
     Inevitablemente, ya sea que esperemos un nuevo año o no, nos veremos en la necesidad de producir cambios en nuestras vidas para poder afrontar situaciones de diversas índoles. Muchas veces, esos cambios son mandatorios para la subsistencia; ya que en condiciones extremas, significaría la elección entre la estadía y la extinción.
      Ahora bien, ¿Cómo podemos cambiar para bien propio y de los demás?-  Como es de conocimiento general, somos parte de la gran creación de Dios, y pertenecemos al gran conjunto universal” que representa la humanidad del planeta; aunque desligados uno de otro como: “elementos o conjuntos unitarios”, produciéndose interrelación entre elementos, sólo en ciertas intersecciones. Puntos en común que se hacen más y más pequeños a medida que aumenta nuestro egocentrismo y falta de tolerancia.
     Desafortunadamente, todos los seres humanos estamos expuestos a ser arrastrados por estados de ánimo que menguan la unificación entre conjuntos unitarios; y como resultado, la destrucción de la gran red energética que nos une. Nos dispersamos por la influencia que genera la individualidad propagada como fractal en el medio ambiente social. Olvidamos que para realizarnos como personas individuales racionales, necesitamos interactuar con el mundo racional que conforma nuestro entorno. La óptica individualista sólo sirve de estorbo para esos propósitos. Porque, ¡sin la existencia de los demás, la capacidad racional no tiene sentido!
     El apóstol Pablo en su carta a los moradores de Corintios con tono enfático exhortó: “El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Más ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gocen con él.” (1Corintios 12:14-18-19-22-23-26). Luego, el apóstol hace un análisis semántico para dejar clara su exposición: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” (1Corintios 12:27).
     Del análisis que hace el apóstol sobre la individualidad del cuerpo, podemos inferir que el mensaje es claro y contundente en lo que respecta al “conjunto universal” que representa la humanidad. Y nos sugiere la adopción de un camino de excelencia espiritual a través de la inclusión de cada elemento unitario representado por cada ser humano usando como artificio el inmensurable amor de Cristo.
      Si en verdad queremos producir cambios que beneficien a todos por igual, debemos olvidar las agendas particulares y adoptar una nueva iniciativa. ¡Una resolución de constante inclusión perfeccionando nuestro carácter al modelo divino de Cristo!
     Esta renovación a la perfección del amor de Dios no requiere esperar un momento específico de inercia. Requiere decisión, entrega y buena voluntad. Se logra haciendo cambios significativos diariamente en nuestro “Yo” interior, y mirando al estandarte que representa la figura que deseamos ser.
     ¿Cómo se puede lograr esa excelencia que habla el apóstol? - Adoptando el carácter perfecto de Cristo. ¿y cuál es ese carácter?- “La Mansedumbre” y la “Humildad”. Dos términos cualitativos que aglomeran intrínsecamente todos los componentes de la fórmula por excelencia para convivir armoniosamente con los demás y al mismo tiempo, pertenecen a la ecuación de perfección espiritual que es la imagen de Dios.
He aquí las variables y sus sinónimos:
· Manso (Tranquilo, quieto, sosegado, reposado, apacible, benigno, manejable)
·  Humilde (Modesto, obediente, sumiso, dócil)
He aquí la formula por excelencia.
¨ Manso + Humilde= Imagen de Cristo
     En resumen, sea nuestra resolución diaria renovarnos a la imagen de Cristo, siguiendo el consejo del apóstol: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.” (Colosenses 3:12-14).
¡Feliz año 2014!
     La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
Frank Zorrilla