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martes, 12 de noviembre de 2013

"SIGUIENDO LAS HUELLAS DE UN LÍDER"


Mis queridos amigos y hermanos,

     ¿Alguna vez han escuchado la expresión: “Los líderes no nacen, se hacen”? - Haciendo una paráfrasis de esta aseveración, sabemos que nadie nace con conocimientos; ni tampoco con una predeterminación; aunque algunos piensen, que puede existir cierto potencial inherente en el código genético que puede aportar al carácter; si no existiese el conjunto de influencias externas adquiridas mediante el conocimiento, y las interacción que generan experiencias, nadie fuera un líder.

     Como he enfatizado en otros artículos, aprendemos sobre la marcha, con una plataforma basada en nuestras experiencias; las cuales están ligadas a nuestro entorno social. Los psicólogos llaman a estas experiencias: “Paradigmas”, ese conjunto de conceptos que conforman nuestra estructura mental, y que nos permiten percibir nuestro entorno para adaptarlo a la realidad de un proceso evolutivo de cambios; nos re-inventamos cognitivamente para asimilar y adaptarnos a esos procesos para poder subsistir.

     Todos los líderes tienen algo en común: Ellos surgen por circunstancias concretas dentro de la sociedad o grupo. Ya sea a nivel de un ambiente micro-social, que perjudique a un pequeño grupo o macro-social, que envuelva a una institución, país, nación y/o a toda la humanidad. Esas circunstancias o necesidades del conglomerado social, trazan pautas que generan ciertas condiciones inaceptables, las cuales se convierten en catalizadores por excelencia u oportunidades propicias para actuar y tomar decisión. Ante esta situación, alguna figura dentro del grupo tiene que tomar la iniciativa para producir o dar por iniciado ese anhelado proceso de cambio; alguien que motive y que conste del carisma y el dinamismo para influir en los demás. Ese alguien, lejos a como muchos piensan, no necesariamente tiene que ser el más fuerte o el más valiente, sino más bien, aquel que se viste de coraje y pone de manifiesto ciertas características definidas.

     Y he aquí las preguntas: ¿Es acaso el liderazgo una cuestión de personalidad? O ¿Posee esa figura que resalta como líder, características innatas y difíciles de precisar? Algunos piensan que en efecto, sólo pueden ser líderes quienes hayan nacido para serlo. Pero existen otros factores: “El situacional y educacional”, es decir, tiene que existir: el ambiente oportuno o situación propicia; además de la formación y el aprendizaje. Por lo que las características innatas no son suficientes. Los líderes se forjan mediante un proceso evolutivo, donde la inteligencia, el aprendizaje y la oportunidad se fusionan para formar un personaje idóneo que resuelva una situación concreta.

     “Quien dice ser un líder y nadie lo sigue se engaña así mismo”. El verdadero liderazgo no se hereda; ni tampoco se transfiere, se gana con la ética de trabajo; con la empatía; con la voluntad de cambio, la visión y la firmeza. Los líderes impuestos, aquellos que provienen de una posición jerárquica producto de una estructura organizativa, sólo influencian a sus colaboradores a través de su autoridad funcional que les confiere su cargo, pero no los califica como líderes auténticos. Más los que cuentan con el carisma o la empatía; ganan adeptos por la confianza que inspiran en aquellos seguidores que ven en ellos reflejada la esperanza en nuevos cambios que satisfagan sus necesidades. Estos se distinguen por la osadía de pensar diferente, por sus acciones a favor de una causa justa y equilibrada.

 
Aunque lastimosamente, existirán líderes que con sus versos retóricos y demagogia, engañarán y confundirán a muchos seguidores ingenuos: precisamente a aquellos, quienes ignoran sus malsanas, macabras y lóbregas intenciones xenofóbicas tapizadas con un lienzo de buena voluntad.
 
      La historia es fiel testigo de esos falsos y nefastos líderes, que surgieron como el ejemplo a seguir, y terminaron siendo manchas indelebles para la raza humana. Fenómenos humanos que fabricaron filosofías e ideales con apariencias magnánimas  y/o benévolas; más sin embargo, con el tiempo, revelaron sus intenciones  malsanas y sus macabras agendas.
   
 ¡El mundo tiene una inmensa necesidad de hombres y mujeres, capaces! No con altos niveles académicos o de intelectualidad, sino más bien, con un alto grado de “conciencia; para de esta forma, desarrollar verdaderos y auténticos líderes en todo el entramado social. Por lo tanto, es meritorio que fijemos la mirada y aprendamos el ejemplo de Cristo. Seguir sus huellas y aprender de su carácter. Cristo es el ejemplo de un buen liderazgo. Un liderazgo con un propósito genuino de altruismo, benignidad, inclusión y unidad.
 
     Una vez nos hallamos forjado como líderes, debemos ser juiciosos, y no dejarnos ensalzar por el orgullo de ser lo que somos, más guiar a nuestros seguidores por el rumbo de la justicia que Dios quiere para todos.
 
¡Dios les bendiga rica y abundantemente!

  
 Frank Zorrilla