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viernes, 29 de noviembre de 2013

LA LASCIVIA, EL MODELO DE UNA SOCIEDAD PLURALISTA.


Mis queridos amigos y hermanos,


     Para nadie es un secreto, que vivimos en un mundo cambiante, con una dinámica modernista, donde es normal, inclusive ver como deseable, el advenimiento de la «sociedad pluralista». Una nueva sociedad que según los activistas y expertos en sociología, es una concepción más moderna de la dinámica cultural, la cual es sinónimo de: «emancipación» sobre las normas morales, dictadas o constituidas bajo los valores espirituales que la antigua y ahora «anticuada sociedad» imponía y demandaba en el pasado.

     En esta nueva sociedad pluralista y secular, se demanda y se reclama abiertamente y sin tapujos, la concepción y la aplicación a nivel generalizado, de ciertos derechos que se consideraban legítimos, sólo para cierto grupo dentro de la sociedad constituida. Me refiero al derecho del matrimonio: “La unión legal entre parejas heterosexuales”. Como se conocía anteriormente. En esta nueva sociedad pluralista, donde coexisten varias tendencias y modalidades, la nueva definición del matrimonio es: “La unión legal entre dos personas que se profesan amor”. Es decir, esta nueva definición está abierta explícitamente para abarcar la unión entre: “hombres con hombres” y “mujer con mujer”.

     Intuimos por el párrafo anterior, que «reciclamos la lascivia del pasado»; volvimos a los tiempos de “Sodoma y Gomorra” y somos testigos presenciales de la imposición del hombre ante los mandatos divinos.

     Respondiendo a las capciosas preguntas de los Fariseos, el divino Maestro, respondió tajantemente sobre el rol del hombre y de la mujer en la sociedad.  Y respondió Jesús:¿No habéis leído que el que los hizo al principio, “varón y hembra” los hizo? (Mateo 19:4). Y continuó diciendo: «Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y ambos serán una sola carne» (Mateo 19:5).

     No existe una cita bíblica más explícita donde se relacione a los seres creados y la relación íntima que debe existir entre ellos; y al tergiversar esa unión entre estos dos seres, rompemos la fórmula por excelencia que obedece el mandato divino: “Henchid la Tierra” (Génesis 1:28). Mandato que tiene como objetivo esencial, el don de la procreación, como único medio de conservar la especie humana.

     Después de ciclos de abandono a las prácticas abiertas en contra de las sanas doctrinas, el surgimiento de esta nueva «sociedad pluralista», le permite a estos grupos laicos, un realce dinámico donde pueden pregonar y vociferar su «orgullo homosexual» como una reivindicación de placeres que estaban encadenados a un laberinto de pasiones carnales, y donde la nueva sociedad pregona como: “La libertad de expresar su orientación sexual libremente” sin temor a represalias. Llamo: “reivindicación”, debido a que estos grupos, tenían una agenda definida, manteniendo un cabildeo incesante a favor de propuestas legislativas que garantizaran la imposición de sus demandas a través de las leyes establecidas. Un plan ingeniosamente ideado teniendo como escudo: ¡El respaldo que le confiere la legalidad judicial!

     No obstante, ese logro a través de los sistemas establecidos, no sólo les permite exigir, demandar y defenderse tildando como posiciones homofóbicas, y de mentalidad retrógrada, a cualquier otro grupo que disienta de sus preceptos, sino también, les concede el poder para demandar por difamación a quienes se oponen a su activismo.

     Lamentablemente, y como es de esperarse, la puesta en marcha del “pluralismo” en la sociedad trae como consecuencia, la implementación de modelos estándares a seguir. La primera, es: el  «método espejo», o en palabras simples: la imitación o copia, usando como estratagema, a personajes influyentes de los diversos aspectos sociales. ¿Saben a qué figuras me refiero?- Me refiero a personajes con arraigo público (deportistas, presentadores, cantantes. Es decir, artistas de todos los géneros) como plataforma para incentivar a los jóvenes, a que vean la degeneración sexual que ellos practican, como algo normal, y por ende, su imitación.

     La segunda modalidad, y esta, mucho más preocupante, es el «cambio de sexo». Práctica que se ha convertido en algo muy popular en Los Estados Unidos de América, y donde un limitado, pero creciente número de niños y preadolescentes que creen estar atrapados en el cuerpo equivocado, están recibiendo tratamiento como parte de un programa para cambiar de sexo. Esto según un reciente informe de la Academia Estadounidense de Pediatría (APP). Dicho sea de paso, esta misma organización declaró que: “La población de personas con «desorden de identidad sexual» (DIS) se ha cuadruplicado, preocupando aún a los expertos en trastornos de la sexualidad.

     Lamentablemente, nosotros los cristianos, no utilizamos eficientemente las herramientas democráticas disponibles, para hacer valer nuestros derechos. Fallamos al no participar activamente para derogar propuestas aberrantes que sean contrarias a los preceptos divinos, y sólo protestamos una vez, esas propuestas se han convertido en ley. «Al callar, otorgamos» y es precisamente, la razón por la que estos grupos, están conquistando sus propósitos pasivamente e imponiendo sus intenciones lascivias y lujuriosas.

     La Biblia nos narra, que en los tiempos de Pablo, de Santiago, de Pedro y de  muchos otros líderes cristianos, también existía el homosexualismo y las bajas pasiones. Sin embargo, ellos no tuvieron miedo para manifestar, denunciar y exhortar a los que practicaban tales abominaciones, a abandonarlas, por considerarlas antinaturales y contraproducentes a los designios de Dios. Pero hoy, el temor del cristiano moderno en esta creciente sociedad pluralista, corroe los huesos, al punto de llegar a intimidarse por el pujante auge que ha tomado nuestra perdida generación.

     Ante toda esta lascivia que nos arropa y nos ahoga, es el tiempo propicio para defender lo que hemos creído. Es el tiempo propicio para echar mano al escudo y al pavés y levantarnos como seguidores de la sana doctrina. Es tiempo para proclamar la verdad del evangelio aunque al hacer esto, nos convirtamos en enemigos del mundo. Pero recuerda, que no estamos solos en esta encomienda; el mismo Jesús que ordenó a predicar el evangelio, prometió estar a nuestro lado hasta el fin del mundo.

 

 
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!


Frank Zorrilla