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viernes, 4 de octubre de 2013

"EL FLAGELO QUE CORROE EL ALMA"- LIBREMOSNO DE ESTE MAL.


Mis queridos amigos y hermanos,

   “Perezca el día en que yo nací, y la noche en que se dijo: Varón es concebido” (Job 3:25). “Está mi alma hastiada de mi vida; daré libre curso a mi queja, hablaré con amargura de mi alma. Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo.” (Job 10:1-2).
     “Me he consumido a fuerza de gemir” (Salmos 6:6), “Lloro de sufrimiento” (Salmos 119:28).

     Estas exclamaciones que acabas de leer, provienen de dos hombres. Las dos primeras, de un hombre que según nos relata la Biblia era un hombre justo. Un hombre que se describe como perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Además de ser muy rico, gozar de buena reputación y respeto. Pero todo lo que poseyó: riquezas materiales, familia, respeto y salud; en un infortunado día, lo perdió y se redujo a cenizas. Las dos últimas, del gran Rey David, hombre justo, valiente, poderoso, apasionado y temeroso de Dios. Ambos personajes, abren su corazón y declaran a viva voz su pesar y su sentir, poniendo de manifiesto uno de los trastornos psiquiátricos más antiguos de lo que se tiene constancia a lo largo de la historia del hombre. Sí, tienes razón, me estoy refiriendo al estado emotivo de: “La DEPRESIÓN”.
     La DEPRESIÓN, cuyo significado es sinónimo de opresión, encogimiento o abatimiento, es un trastorno del estado de ánimo y su síntoma es un estado de infelicidad que puede ser tanto transitorio, como permanente. Condición sicológica con una patología que se caracteriza con un decaimiento, irritabilidad o trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo, estimulando a perder el interés en el disfrute de actividades lúdicas habituales, así como tener una vivencia poco motivadora y más lenta del transcurso del tiempo. Como es bien conocido en el campo médico, ese estado de ánimo puede ser producto del estrés y fenómenos multifactoriales o acontecimientos funestos, tales como un sentimiento de culpa, trastorno por ciertas condiciones económicas y/o sentimentales; al igual que experiencias que ocasionaron dolor y han dejado huellas en nuestros subconscientes y desde luego, no podemos descartar el abuso a sustancias nocivas al organismo (alcohol, drogas toxicas, etc.). Aunque algunos científicos no descartan la posibilidad de que esta enfermedad (como la considera la biopsiquiatría) tenga también orígenes que desciendan de factores de predisposición, como la genética o un condicionamiento educativo.
     ¿Has experimentado ese estado de conducta alguna vez en tu vida?- Me imagino que ¡Sí! Desafortunadamente, en algún momento u ocasión hemos caído en ese incomodo estado de ánimo debido a cualquiera de las causas que mencioné anteriormente. Es una enfermedad que no discrimina, ya que no importa si eres rey, reina, príncipe, princesa, vasallo o sirviente, rico, pobre, letrado o analfabeto puedes sufrir de ese estado emocional, porque todo ser humano está expuesto a pasar por momentos difíciles y por situaciones adversas, ya sea en el plano económico, como en la salud y sobre todo en lo social.
     Muchas personas agobiadas por esta condición emocional, recurren al auxilio de la farmacología haciendo uso de medicamentos llamados: “antidepresivos” como medio de lidiar con esa situación que muchas veces, pone en riesgo la integridad de la existencia misma; ya que puede afectar negativamente el curso y el resultado de afecciones crónicas comunes, como la artritis, el asma, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y la obesidad. Pero en el peor de los casos, sucumbir antes la secuela de eventos caóticos, e intentar llevar a cabo uno de los crímenes capitales “El suicidio”.
     Lamentablemente, las estadísticas, no son muy halagadoras; ya que según datos recopilados en un estudio entre el (2008 y 2009), 1 de cada 10 estadounidenses adultos de distintos niveles fueron afectados por esta enfermedad. Según ese mismo análisis estadístico recopilado, personas entre 45 y 64 años, mujeres, sin educación secundaria, que han estado casadas anteriormente, que no pueden trabajar o están desempleadas, que no tienen cobertura de salud, son los que reúnen los criterios para padecer de “depresión mayor”. ¡Ya podemos imaginar el impacto potencial que tiene esta enfermedad en estos días con la crisis económica global, el desempleo, el nivel adquisitivo y la famosa crisis inmobiliaria!
     ¿Puede un verdadero cristiano ser afectado por la depresión? A primera instancia, la respuesta sería obvia por tratarse de un ser humano, pero la Biblia nos enseña a través del mensaje de Cristo, que en efecto, no debemos preocuparnos por ningún tipo de situación adversa; y por lo tanto, ese sentimiento emotivo como es la DEPRESIÓN, no debe afectarnos en lo absoluto cuando confiamos en sus promesas. Él nos dice: “No os afanéis por vuestra vida, porque vuestro padre celestial sabe que tenéis necesidades de cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las cosas que tenéis necesidad serán añadidas.” (Mateo 6:25-33). Y al mismo tiempo nos da una bella esperanza y un agradable consuelo: “NO se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os hubiera dicho; voy, pues, a preparar un lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:1-3). Es una promesa que Dios nos brinda, y que Job y David, siendo hombres justos no tuvieron la oportunidad de escuchar. Por lo tanto, cuando sufrimos por estados emotivos, DESCONFIAMOS de la palabra de Dios.
     Debemos imitar y hacer eco de la convicción del apóstol Pablo, quien a pesar de sufrir humillaciones y vejámenes, confió plenamente en la palabra de Cristo al sentir que todo en esta Tierra era pasajero y superfluo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia” (Filipenses 3:7-9).
     “Hermanos, yo mismo no pretendo haber alcanzado la perfección, pero una cosa hago: olvido lo que ha quedado atrás y extiendo hacia lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. (Filipenses 3:13-14).
     Por consiguiente, debemos actuar como dice el apóstol Pablo, quien nos interroga deliberadamente: ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?- Y nos brinda la respuesta: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo que estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
     Mantengamos una actitud altiva como el apóstol Pablo, y confiemos plenamente en la palabra del divino Maestro.
        
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 
Frank Zorrilla