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lunes, 30 de septiembre de 2013

"ENFRENTANDO EL MONSTRUO DEL CLOSET"


Mis queridos amigos y hermanos,

     Alguna vez te han preguntado, ¿Cuál o cuáles son tus puntos más débiles? Me refiero a esa parte de nuestro carácter que nos impide obrar a plena capacidad para obtener mejores resultados. Esta pregunta era y continúa siendo muy utilizada por los empleadores en entrevistas de trabajo como medio psicológico para discernir la vulnerabilidad mental o física en la realización de un trabajo especifico. Y aunque las actitudes, habilidades, conocimiento y vitalidad son rasgos identificadores importantes para conquistar un puesto en el campo laboral o mercantil; también es muy cierto, que esos puntos débiles o negativos de nuestra personalidad opacan y frustran nuestros planes manteniéndonos en un estado de aletargamiento vicioso que termina alejándonos paulatinamente de nuestros objetivos y propósitos e impidiéndonos actuar en absoluta capacidad de nuestras facultades.

     ¿Te conoces a ti mismo?...¿Te manipulan fácilmente por tener una baja estima?, ¿Acaso eres impuntual, desorganizado, inseguro, careces de disciplina y tenacidad?. Lamentablemente, muchas veces fracasamos en hacer un autoanálisis concienzudo de nuestros “puntos fuertes y débiles”, y de esta forma robustecer y enfatizar los primeros y abandonar o minimizar los segundos con el fin de obtener la capacidad potencial que existe en nosotros como seres creados a imagen de la perfección. Somos consientes de que transitamos por escenarios de sumo estrés y competencia, pero vivimos en un mundo de proporciones medibles; y por consiguiente, podemos evaluar los resultados de nuestro esfuerzo en una escala de valores para eliminar nuestras falencias haciendo comparación con beneficios sostenibles en el tiempo. Es decir, que aunque resulte paradójico, cualquier persona con una interacción eficaz y un desempeño genuino, puede reinventarse, mejorarse y perfeccionarse en cualquier momento eliminando ciertos comportamientos que suelen repetirse al punto de convertirse en vicios, los cuales con el tiempo se transforman en hábitos aceptados.
     En tal sentido, y con la finalidad de trabajar la identificación y mejora de los puntos débiles de funcionamiento, existen especialistas que utilizan metodologías específicas para tratar de generar cambios profundos y permanentes que se conviertan en tendencias positivas de comportamiento. Pero si reflexionamos en esto, la complejidad de razonamiento que existe entre los diversos seres humanos, limitan las posibilidades para obtener un éxito rotundo. Por lo tanto, se necesitaría un diagnóstico, un diseño y una implantación específica en cada escenario particular además de la participación voluntaria de cada persona en reconocer esos puntos débiles y el deseo de cambiarlos. He aquí donde estriba el “Conductismo” tomando como base, los aspectos cuantitativos y cualitativos de la respuesta del *cerebro alineándolo con la forma de pensar de cada individuo, en oposición directa con el “psicoanálisis” en donde la realización del autodiagnóstico o autoanálisis que hice mención anteriormente, se hace sumamente necesario para permitir conocer el estado en que nos encontramos y de esa forma trazar una estrategia la cual indicará un curso de acción hacia el estado deseado.
     (*En mi libro: “CONOCIENDO A DIOS A TRAVÉS DE LA CIENCIA”  hago referencia sobre las Neurociencias, el funcionamiento del cerebro y los hábitos).

 
     Es precisamente el encubrimiento, esa debilidad de carácter que poseemos, lo que nos imposibilita a enfrentarnos abiertamente a esas vulnerabilidades o puntos débiles lo que agrava el problema en una forma exponencial. Al nosotros permitir o pasar por alto ciertas debilidades, comenzamos a alimentar y a criar un “monstruo dentro de un closet”. Closet cuyo espacio queda reducido con el tiempo. Ya que esas debilidades al principio desapercibidas en tamaño, crecerán y tomarán proporciones dantescas insostenibles. Convirtiéndose así, en piedras gigantes que entorpecerán nuestro rumbo en el difícil camino de una conquista deseada.
     ¿Piensa usted que el reconocer nuestras flaquezas y destrezas es sólo aplicable en el mundo profesional? Pues, ¡NO! Esto se aplica a todos los ámbitos donde interactúa el ser humano. La Biblia nos enseña que Dios conoce nuestras debilidades y faltas, y está dispuesto y presto a corregirlas si pedimos su ayuda y dirección. ¿Crees que esas debilidades son ajenas a ciertas personas? Todos tenemos debilidades, pero sólo unos cuantos logran imponerse a ellas a través de decisión y voluntad. El rey David, fue un hombre con muchas debilidades y flaquezas, más confió en Jehová plenamente en la beneficencia de su justicia, suplicando: “En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído; sé tu mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme”.
     Recuerda que nunca es tarde para reiniciarnos, enmendar y corregirnos, por lo tanto, cuando postergamos la iniciativa, empeoramos el problema. ¿Ya sabes cuales son tus puntos débiles pero no sabes como combatirlos? Jesús vino a enseñarnos que podemos confiar en él y aprender de su carácter para vencer nuestras debilidades y faltas. Por lo tanto, en lugar de deleitarnos en nuestras debilidades, permitamos que el espíritu de Dios nos revele el paso positivo que debemos dar para convertir esas debilidades en fuentes de fortaleza diciendo: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” y “Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder” (Filipenses 4:13). Aquel mismo que el apóstol Pablo describe: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Hechos 4:15-16).
La gracia y las bendiciones de Dios sean contigo!
 
Frank Zorrilla